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Vestidos de talento
AMADO DEL PINO
Buena organización, mucho público y
diversidad en cuanto a la calidad y la naturaleza
de las propuestas caracterizan al Festival de Teatro
de La Habana, cuando se adentra en su segunda semana
de intensa actividad.
Coyote, del portugués Teatro Lendias d'Encantar
propició el desconcierto entre los asistentes
al Museo Nacional de Bellas Artes. El comienzo del
espectáculo, dirigido por Carlos Curto, resulta
agradable e interesante. La escenografía, resuelta
a través de ropas dispersas, sugería
un rico juego teatral. Pero el montaje se apoya en
la palabra, expresada casi todo el tiempo de frente
al público por el actor Antonio Revez. Los
que no sabemos portugués nos sentimos bastante
ausentes de una propuesta en que los elementos de
comunicación visual son bien pocos. Creo que
ante casos como este deberá facilitarse al
público una copia con la esencia del argumento.
Más allá de la barrera del idioma, el
montaje se convierte en una suerte de confesión
hablada o narración oral. Todo parece indicar
que hay belleza poética en la desgarrada historia
del protagonista y el actor Revez demuestra algo de
fluidez y sinceridad expresiva, pero la linealidad
de la puesta lo limita en su posible lucimiento.
Dentro de la muestra cubana se comenta sobre el encanto
y el virtuosismo interpretativo de La edad de la ciruela,
a cargo de Teatro D' Dos. Acerca de este montaje de
Julio César Ramírez opiné por
los días de su estreno y llamé la atención
sobre lo sólido de la dramaturgia, a partir
del consagrado texto de Arístides Vargas. Los
participantes en el Festival Nacional de Camagüey,
hace ahora un año, asistimos a la atmósfera
de fascinación que concluyó con los
dos premios de actuación femenina para Deisy
Sánchez y Yaquelin Yera.
Con ropa de domingo, del también cubano grupo
Pálpito, es uno de esos espectáculos
que ratifican la confianza en las posibilidades y
las funciones de lo teatral. Tiene mucha razón
el dramaturgo Freddy Artiles al hablar en las Notas
al Programa de que "la ternura y el humor se
entremezclan en esta pieza del muy joven Maikel Chávez".
Además, la sobriedad es palabra de orden en
un divertimento lleno de poesía, dirigido por
Ariel Bouza, y que le rinde culto al juego escénico.
Los actores entran y salen de los personajes, pasan
del gesto cotidiano a la manipulación efectiva
de títeres. El argumento se teje a partir del
muy representado y delicioso cuento de Onelio Jorge
Cardoso, El cangrejo volador. Xiomara Palacio y Maikel
Chávez vertebran la narración y suman
las contradicciones de los personajes de la madre
candorosa y el hijo que quiere ser titiritero a la
metáfora de la voluntad que procede del texto
de Onelio. A ritmo de estilizada música campesina,
esta sencilla y a la vez rica ropa de domingo se convierte
en un soplo de aire legítimo dentro del Festival.
Octubre
- 2003
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