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ÁBREGO Y LA GUERRA
DE LOS SEXOS
Emeris Sarduy | La Habana
La puesta en escena estructura un relato a medio
camino entre el reality show, la crónica periodística
y el programa radial, desde una visión contemporánea
que pretende hacer disquisiciones al alcance de cualquier
público.
Este espectáculo
persigue plasmar apenas,
una reseña sobre todas esas mujeres que no
vivieron para contar su historia. Es un homenaje a
tantas vidas truncadas por la violencia, resultado
de
una relación que pudo ser respetuosamente amorosa.
Isabel Allende
Ábrego Producciones se encuentra
nuevamente en Cuba, para presentar la pieza Mujeres
Fraguando sueños, en la Sala Covarrubias del
Teatro Nacional de Cuba, los días 26 y 27 a
las 8 30 p.m., bajo la autoría y dirección
de Patti Domenech.
La puesta en escena estructura un relato a medio
camino entre el reality show, la crónica periodística
y el programa radial, desde una visión contemporánea
que pretende hacer disquisiciones al alcance de cualquier
público.
Hace ya algún tiempo, los cubanos pudimos
disfrutar de la obra Mirando al tendido, perfilando
a la compañía como un conjunto dinámico,
que echa mano a los más disímiles materiales,
a la hora de constituir un montaje y que se caracteriza
por tratar temáticas de la realidad social
y cultural sin pizca de amargura, y sí mucho
de crítica y análisis.
En esta ocasión, con materiales diversos,
las dos actrices, María Vidal y Esther Machón,
aportan puntos de vista particulares acerca de la
violencia contra la mujer, partiendo de historias
descarnadas y en todos los casos desgarradoras. Asistiremos
al triste espectáculo de la emigrante asesinada
por su esposo, de la mujer condenada por preceptos
religiosos a esconder rostro y cuerpo, de la niña
que la cultura mutila, amputándole el placer,
de las víctimas de las violaciones, en fin
de las manifestaciones variadas y crueles de violencia
doméstica, cultural, social, si es que se pueden
divorciar los términos.
El objetivo principal de la puesta es la reflexión
de quien la recibe, como una bofetada, o como un llamado
de alerta o, siquiera, como un despertar a esa realidad
ajena para muchos. Y ofrece una oportunidad de enfrentar
los miedos y prejuicios que los actos violentos provocan,
mostrando una nueva manera de asumirlos desde la sensibilidad
—no sensiblería— y el análisis.
El baile flamenco, la interpretación actoral
equilibrada y precisa, y la música —celta,
clásica, jazz— confluyen en este espectáculo
teatral que se confiesa mestizo y provocador, transgresor
de la realidad mediante la inclusión del público
en el desarrollo de la trama.
Tomado de: Perro Huevero
Octubre
- 2003
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