Para Batida y su Obertura no
son un gran riesgo y si un juego bien pensado
para andar recorriendo la mayor multiplicidad
de espacios posibles entablando un diálogo
sobre los más diversos niveles de comunicación
y conquistando así los disímiles
públicos.
A Teatro Batida de Dinamarca desde su misma
primera Obertura en las calles habaneras le
calló un aguacero tropical arriba y nunca
más dejaron de tener a la lluvia como
fanática acompañante de todas
sus presentaciones en el XI Festival Internacional
de Teatro de La Habana. Como tampoco dejaron
de tener público, y risas, y aplausos,
y buenas críticas entre los espectadores
y hasta en los periódicos.
Realmente una compañía teatral
afortunada esta que formaron en 1985 un grupo
de actores y músicos cercanos al compositor
organista y profesor Bernhard Chístense
y que desarrolla un arte escénico a partir
de la movilidad fusionada entre los ritmos y
sonidos con la gestualidad y el simple texto
que va narrando la historia de una peculiar
orquesta.
Afortunados porque consiguen lo mucho con
lo poco, o mejor digamos la economía
de lo elemental. Alcanzan la espectacularidad
con el uso preciso de los códigos esenciales
del humor y la danza, y una parafernalia musical
y de vestuario también archiconocida,
demostrando que la experimentación es
también rehusar lo teatral y no solo
reinventar el teatro (algo también requeteválido,
si se logra hacer bien).
Pero Batida y su Obertura no son un gran riesgo
y si un juego bien pensado para andar recorriendo
la mayor multiplicidad de espacios posibles
(supermercados, plazas, patios, portales, calles,
bosques, etcétera) entablando un diálogo
sobre los más diversos niveles de comunicación
y conquistando así los disímiles
públicos.
No es este un espectáculo de deslumbramientos
ni de codicias futuristas, es un acto de la
más clásica intención del
teatro, la de entretener sin abandonar la capacidad
respetable del pensamiento humano. No es tampoco
un suceso para los libros de récord,
pero pudiera probar a establecer una marca internacional
de aceptación porque su funcionalidad
dramática es capaz de atraer y provocar
la imaginería universal.
No creo que los integrantes de Batida esperen
ni merezcan los mayores elogios del mundo, pero
deben estar acostumbrados a que su Obertura
les abra, sin grandes contratiempos, las puertas
de las ciudades hasta donde llega su itinerante
y complaciente propuesta teatral de casi veinte
años de experiencia. Como también
deben estar acostumbrados al afecto y al agradecimiento
de quienes los despiden antes de marcharse a
Dinamarca con su poética y sencilla fantasía
de reír y llorar en sus historias.
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