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Voz en Martí
Andrés D. Abreu| La Habana
Fotos: Ricardo Rodríguez
Siete fábricas productoras de los iconográficos
y mundialmente conocidos habanos visitó este
montaje que establece una simbiosis entre la lectura
escenificada y la tradicional y muy cubana lectura
de tabaquerías. Un suceso teatral surgido de
la ambición de Teatro Estudio de crear un espectáculo
homenaje al aniversario 150 del natalicio de José
Martí, y que por razones de tiempo y recursos
no pudo ser.
| Mucho se ha hablado del teatro callejero
en este XI Festival Internacional de Teatro de
La Habana como una forma de enfrentar la variabilidad
del espacio y como una actitud itinerante de acercar
el teatro a los diversos públicos, sin
embargo, no ha sido ninguno de los grupos callejeros
presentes en este evento el que más espacios
y kilómetros ha recorrido dentro de la
geografía habanera porque indiscutiblemente
a Teatro Estudio y su propuesta Voz en Martí
le caben mejor que a ningún otro esos derechos
y méritos. |
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Siete fábricas productoras de los iconográficos
y mundialmente conocidos habanos visitó este
montaje que establece una simbiosis entre la lectura
escenificada y la tradicional y muy cubana lectura
de tabaquerías. Un suceso teatral surgido de
la ambición de Teatro Estudio de crear un espectáculo
homenaje al aniversario 150 del natalicio de José
Martí, una pieza que profundizara en su biografía
y obra, y que por razones de tiempo y recursos no
pudo ser.
Entonces, ¿qué hacer con tanto Martí
acumulado en la memoria presente y actuante de un
grupo teatral?
Devolver esa interiorización de Martí,
el Apóstol, escrito por Jorge Mañach,
tantas veces releído como esencial texto biográfico
sobre el Héroe Nacional, encontró entonces
una nueva y fructífera idea. Leerlo y leerlo
una vez más, pero desde la teatralización
de lo expresado reviviendo en la voz el drama de su
vida y entrega. Leerlo y releerlo en las tabaquerías
por esa relación histórica que guardan
nuestros tabaqueros con la acción política
martiniana y por esa tradición de sus tabaquerías
de romper la monotonía de su oficio con el
instructivo y placentero hecho de leer.
Gracias a esta idea los torcedores de El laguito,
Romeo y Julieta,
H. Upman, Ariguanabo, Partagás y La Corona
tuvieron por dos horas en un día a cuatro lectores
sobre el tablado donde habitualmente solo una persona
recorre los textos noticiosos de la prensa o las páginas
más o menos densas de una novela.
Cuatro lectores, que estructuraron de forma dramática
los escritos de Mañach, le incorporaron algunos
poemas martianos y las páginas de ese Diario
de campaña que interrumpió la muerte
en Dos Ríos.
Con esa enjundiosa mezcla de prosa y verso y con
los artificios del teatro vivieron nuevamente los
tabaqueros una jornada especial cercana a la voz del
Apóstol, y un poco como aquella vez en que,
conducido por el lector Rivero, «Martí
penetró con sus acompañantes en la espaciosa
nave de elaboración acre de la fragancia de
la hoja cubana». Hubo un silencio, y en cada
tabaquería, mientras las manos proseguían
la labor diaria y las miradas subían apenas
por instantes, cuatro actores de Teatro Estudio lo
devolvían a la tribuna y provocaban con su
Voz en Martí el repique de las chavetas sobre
las mesas de torcer.
Octubre
- 2003
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