|
EL ENANO CONTRA LAS ARMAS
Norge Espinosa | La Habana
«Nunca había traído una obra
a La Habana y el festival es relevante en el continente,
porque Cuba sigue ocupando un lugar en nuestros corazones
y porque confrontarse con un público como este
siempre es provechoso. Estamos aprendiendo mucho y
esperamos que nuestro trabajo haya sido bien recibido.».
Entrevista con Juan Carlos Moyano, director de Teatro
Tierra, de Colombia.
Juan Carlos, acaba de concluir la primera presentación
en La Habana de El enano, la obra con que se presenta
en este festival el colectivo Teatro Tierra que tú
diriges y he notado que en el cartel promocional de
la puesta aparece indicado que esta obra forma parte
de una trilogía. Coméntanos entonces
cuáles son las dos obras restantes y cuáles
los elementos de contacto entre las tres piezas.
Las otras dos obras son: Los ritos del retorno o
Las trampas de la fe, sobre la vida, pasión
y herejía, de Sor Juana Inés de La Cruz
y la otra obra se llama La oruja o El sueño
de las tormentas. Las tres obras son como un tríptico,
escénicamente cada una manejó un elemento
distinto: El enano manejó un barril, la obra
sobre Sor Juana maneja una banca, La oruja una hamaca;
estéticamente están definidas a partir
de la imagen, las temáticas son complementarias.
Así, El enano es una exploración en
torno a la oscuridad, la obra sobre Sor Juana es una
exploración en torno a la luz y La oruja o
El sueño de las tormentas es una reflexión
poética. Las tres obras las hicimos buscando
llenar instantes de expectativas que nosotros teníamos
respecto a temas que nos unieron con Clarita, la actriz.
¿En los tres casos se trata de espectáculos
unipersonales?
Sí, esa trilogía la hicimos con ella
y para ella, para su actuación. Entonces el
factor común es estético, pero humanamente
también está definido porque es la misma
actriz la que interpreta los personajes y aunque las
tres obras son muy distintas tienen un punto común
que está tal vez dado por el lenguaje utilizado,
por la manera en que nosotros nos planteamos el problema
teatral.
En el caso concreto de El enano, la obra que hemos
tenido la oportunidad de ver, llama la atención
la estructura narrativa de la puesta. Se trata de
una adaptación de la novela homónima
de Par Lagerkvist, luego, ¿cómo fue
el trabajo de construcción dramatúrgica
de la obra?
Más que una adaptación es una versión,
una variación. Nosotros leímos la novela,
nos inspiramos en ella, pero nos permitimos absoluta
libertad a la hora de organizar la estructura dramática.
Por ejemplo, los textos que se dicen en la escena,
tras del telón, los escribí yo, independientemente
de la novela, pero siendo leales al personaje y a
la naturaleza del planteamiento narrativo. Cuando
yo hice esta obra estaba pensando en los comerciales
de televisión, en los buenos comerciales de
televisión que manejan un lenguaje condensado,
sintético, a partir de la imagen y dirigiendo
el discurso a los territorios del inconsciente. De
una u otra manera, nosotros queríamos adoptar
una estructura que siendo muy condensada nos permitiera
una lectura con ambigüedad poética; es
un montaje poemático, porque predominan la
metáfora, la alusión evocativa y el
juego de símbolos y signos.
Definitivamente, El enano dejará entre los
espectadores cubanos la certeza absoluta acerca de
la tremenda destreza y calidad histriónica
de Clara Inés Ariza, la actriz que asume el
rol del enano. El dominio sobre los elementos escenográficos
y del cuerpo mismo hace pensar en un largo y dedicado
proceso de creación escénica. Háblanos
un poco acerca de esto.
El trabajo de montaje fue paralelo al trabajo dramatúrgico,
inclusive hubo algunas fases en que el trabajo de
montaje se realizaba antes que el propio trabajo de
dramaturgia del espectáculo. Muchas de las
obras que hacemos son resueltas de esta manera.
En cuanto al elemento escenográfico, elegimos
el barril primero porque cuando empezamos el montaje
no teníamos dinero, o sea, que también
fue asumir una actitud imaginativa en un momento en
que el teatro colombiano desplegaba un derroche de
inversiones para resolver escenografías.
Nosotros no teníamos dinero, así es
que optamos por la imaginación. El barril nos
lo sugirió un poco su misma antiteatralidad
aparente, las guerras del petróleo, porque
la obra trata sobre ese tema, y era además
como una forma de darle correspondencia al mundo medieval
de los sonidos metálicos y las armaduras, con
el mundo contemporáneo donde prácticamente
el factor primordial de los conflictos bélicos
está originado por el asunto del petróleo.
El trabajo actoral se hizo a través de la
búsqueda, la experimentación; en nuestra
poética teatral es muy importante el manejo
de los objetos. Planteamos que los objetos tienen
vida y que tienen multiplicidad de relación
con distintos significados y alusiones diferentes.
Clarita es una gran actriz y ella volcó toda
su dedicación a buscar, a explorar, hasta conseguir
una relación complementaria con el barril,
una relación orgánica con el objeto.
Ese objeto en nuestro país como en cualquier
otro es insignificante y por eso mismo lo asumimos.
Porque era un reto y porque también era una
manera de plantear estéticamente que para hacer
teatro no era indispensable un gran presupuesto, pero
sí era necesario una disciplina bien definida
y una alta cuota de imaginación.
En El enano coexisten diversas maneras de ejecutar
el acto teatral. Si Juan Carlos Moyano tuviese que
declararse deudor de algún director, autor
o tendencia, ¿de cuál sería?
Es posible que esto no sea una novedad, como casi
siempre sucede, pero en realidad es un camino que
hemos encontrado por cuenta y riesgo propios. Acaso
de manera inconsciente se hayan asimilado otros caminos,
pero en realidad, hasta donde soy capaz de imaginarme
este fue un hallazgo que nos permitió encontrar
nuestra propia poética. Particularmente El
enano es muy expresivo de estos pasos, de la búsqueda
que llevamos a cabo y creo que los espectáculos
más recientes están considerablemente
marcados por los principios de esta obra.
Luego de estos días, ¿qué ha
significado para Juan Carlos Moyano y para Teatro
Tierra la presencia en el Festival de Teatro de La
Habana y la confrontación con el público
cubano?
Para mí, muy importante. Nunca había
traído una obra a La Habana y el festival es
relevante en el continente, porque Cuba sigue ocupando
un lugar en nuestros corazones y porque confrontarse
con un público como este siempre es provechoso.
Estamos aprendiendo mucho de este lugar, de este festival,
de la gente y esperamos que nuestro trabajo haya sido
bien recibido.
Octubre
- 2003
|