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Señales de la memoria
Olga Cosentino.
La actriz y directora argentina
radicada en Suiza participa en el encuentro con su
espectáculo Umbral.
| La ropa de fibras
naturales, el chaleco de telar indígena
y el estilo latinoamericano años 70 parecen
desmentir las casi tres décadas que Cristina
Castrillo lleva viviendo y creando en Suiza. Pero
sí, la actriz cordobesa que debió
abandonar su país tras el golpe del 76
fundó y dirige su compañía-laboratorio
Teatro delle Radicci en la pulcra y civilizadísima
ciudad suiza de Lugano. A partir del 83, empezó
a volver regularmente para reencontrarse con el
país y los afectos que dejó en plena
adolescencia. Desde entonces, la energía
que pone en mantener la memoria del origen se
traduce en señales múltiples. La
ropa es la menos sustancial. Otras son sus espectáculos.
Como Umbral, con el que esta semana participa
en el encuentro Magdalena latina, un espacio de
diálogo e integración de las mujeres
latinas a través de las artes escénicas,
que tiene lugar en la sala Ernesto Bianco del
Centro Cultural San Martín (Sarmiento 1551).
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FRONTERAS. CRISTINA CASTRILLO SIGUE ATRAVESANDOLAS
EN CADA UNO DE SUS ESPECTACULOS Y EN LA RELACION
CON SUS ACTORES. (Foto: Roberto Ruiz) |
La actriz y directora define Umbral como "Una
narración física y verbal (....) con
la cual rescatar esos dos o tres sobresaltos del alma
con los que hemos aprendido a dar forma y sentido
a nuestra historia". En este encuentro, también
ofrecerá un taller para actores titulado El
lenguaje de la memoria, un eje temático sobre
el que gira la vida de Castrillo en el mundo y el
escenario.
¿En qué va a consistir el intercambio
con los actores del taller?
Será una puesta en acto de mi manera de trabajar.
No sé si la puedo llamar método. Es
lo que construí después que me fui de
la Argentina, porque salvo mis maestros en el grupo
cordobés donde empecé, el Libre Teatro
Libre, no he tenido maestros más que mi propia
experiencia.
¿Cuáles son las líneas básicas
de su método?
Parto de una primera percepción del propio
cuerpo. Hay que entenderlo como un equivalente del
lápiz que se sostiene entre los dedos y con
el cual se puede llegar a escribir algo. Hay que usar
el cuerpo no necesariamente para repetir la vida cotidiana
sino para construir un lenguaje que la nombre. Cuanto
más uno se aleja de la repetición más
posibilidades hay de descubrir la memoria escondida.
Allí hay símbolos muy potentes de lo
que somos.
¿Podría describir algunos de los ejercicios
que propone a sus actores?
Uno es el de trabajar inicialmente con los ojos vendados.
Eso facilita la mirada interior, porque es hacia adentro
donde hay que buscar. Yo lo empecé a practicar
conmigo misma, sencillamente porque tengo miedo a
la oscuridad. Y los miedos encierran las respuestas
a muchos de nuestros enigmas. Por otra parte, cuando
los actores trabajan con los ojos vendados, si se
les pregunta cómo es el espacio o cómo
son los objetos, unos dirán que enormes y otros,
que pequeños. Así de variable es para
cada criatura la percepción de lo real. Entonces,
no sirve imitar sino construir un lenguaje para nombrarlo.
Creadora de espectáculos que aplaudieron públicos
de Alemania, Austria, Australia, Bélgica, Bolivia,
Bosnia-Erzegovina, Cuba, Dinamarca o Egipto, Cristina
Castrillo utiliza el texto en escena, pero asegura
no tener dificultades para sortear las dificultades
de comunicación propias de la diferencia idiomática.
"Cuando presenté mi espectáculo
Sobre el corazón de la tierra en Alemania,
el público no entendía el texto. Se
conectó con el sentido total de la obra a partir
de la por entonces reciente caída del Muro
de Berlín. Porque es una obra sobre la disgregación,
ligada a situaciones de separación o destierro.
Cada uno, frente a ella, construye sus propias imágenes."
En lo personal, ¿siente que el destierro es
un dolor que no se extingue?
El destierro siempre propicia otros destierros. Cuando
yo tenía 20 años creía identificar
con precisión al enemigo, al peligro. Ahora
todo es más confuso, más ambiguo. Cada
vez cuesta más entender este grado de violencia
y degradación. Para eso no tengo grandes frases
ni discursos, sólo las metáforas que,
a veces, logro construir sobre el escenario. Con las
que busco explicarme el enigma de cada día.
Antes era la lucha, el peligro del cuerpo a cuerpo;
ahora apenas se trata de comprender para qué
estamos.
Fuente:
Clarin.com
Octubre - 2003
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