|
Una profesora prototípica
María Ana Rago
La Suplente, unipersonal de Mariano
Moro interpretado por María Rosa Frega, es
una divertida obra.
| Ninguna maestra podrá dejar
de reconocerse en esa imagen inicial que propone
La suplente, el unipersonal de Mariano Moro interpretado
por María Rosa Frega. Por el pasillo de
la sala del Centro Cultural Borges, Azucena Marchitte,
profesora suplente de literatura, ingresa llevando
dos bolsas de plástico, muchos libros,
el paraguas y un bolso negro. Demasiada carga.
Entonces se le caen los libros y los recoge como
puede. Azucena lleva un pañuelo en el cuello,
el pelo recogido en una colita bien tirante, dirige
su mirada hacia todas partes y su cara denota
susto. Hasta ahí, sin necesidad de palabras,
el espectáculo presenta al personaje con
enorme elocuencia. |
 |
Es su primer día de clase frente a ese curso,
compuesto nada más ni nada menos que por los
espectadores. La profesora escribe su nombre en el
pizarrón, para que sus alumnos la conozcan
y sepan cómo llamarla. Y esgrime frases fácilmente
reconocibles por quienes hayan pasado por las aulas.
"Las palabras que no conozcan las buscan en el
diccionario", fue dicho una y mil veces por toda
profesora de literatura que se precie de tal.
El escenario reproduce con sencillez un salón
de escuela. Un pizarrón en el centro, una pequeña
biblioteca con algunos libros, una bandera descolorida
y un escritorio con un florero. Frega se revela como
una actriz de múltiples recursos, que sorprende
por la ductilidad en sus composiciones. Se disfraza
como algunos personajes o autores literarios y los
interpreta con gracia y habilidad. Por ejemplo, Don
Quijote de la Mancha.
La suplente es una obra en la que predomina el humor;
pero el texto no se priva de bajar un poco de línea.
Cuando se refiere a los que surgen a la fama a través
de los reality shows dice: "Son celebridades
por haber abierto su mundo vacío". Arremete
también contra los espectáculos comerciales
y los seudo intelectuales. Sin demasiada originalidad,
pero sin caer en excesivos lugares comunes, el discurso
crítico tiene lugar en la obra. Esta particular
profesora añora a Shakespeare y a Lope de Vega,
y los compara (para exaltarlos, por supuesto) con
los mediáticos que hoy concentran la atención
del público. Cita a Quevedo, Rubén Darío,
Calderón de la Barca. La literatura suple las
carencias de vida propia que tiene Azucena, quien
envidia terriblemente a la profesora titular, Josefina,
y responde al estereotipo: es soltera y resentida.
Cuando el tiempo de la clase se acaba (es decir, cuando
la función llega a su fin), "la suplente"
se acerca al público y descubre en los rostros
de la platea a distintos personajes literarios. Y
ése es uno de los mejores momentos de la pieza
"Una vida de pasión literaria",
dice, pero que la condujo a ser simplemente suplente.
"¿Qué ironía, no?".
La de Azucena es una vida plagada de ironías.
Y el espectáculo de María Rosa Frega,
una puesta breve, sencilla y entretenida, que involucra
al espectador en el universo de una docente construida
con procedimientos realistas y otros no tanto.
Fuente:
Clarin.com
Octubre - 2003
|