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Manuel Martínez Mediero
“A los autores se les renueva para matarlos”
Liz PERALES
La editorial Fundamentos
acaba de publicar el décimo volumen de
las Obras completas de Manuel Martínez
Mediero (Badajoz, 1939), autor crítico
con una obra marcada por la transición
política. Representado sobre todo en la
década de los 70, hoy sigue siendo un prolífico
dramaturgo descontento con el trato que se da
a los de su oficio.
Hay dos obras de Martínez Mediero que jalonan
dos épocas de su teatro: Jacinta se marchó
a la guerra (1965), su primera obra, una farsa
de tono expresionista que muestra su descontento
con el mundo; y Las hermanas de Búfalo
Bill (1975), que acusa el momento de la transición
política española y supuso su mayor
éxito, ya que estuvo un año en cartel.
A partir de los 80, su teatro es más simbolista
y se recrea en personajes literarios y mitológicos
o en conflictos más personales que políticos
(Juana del amor hermoso o Rosas para Carolina,
una de sus últimas obras con la que se
inaugurará el teatro Carolina Coronado
de Almendralejo). –¿Por qué
Obras completas a estos diez volúmenes
si sigue escribiendo? ¿Cuántas obras
incluye? |
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–Quería juntar todas mis
obras porque creo que tengo un largo recorrido desde
1968 y en total creo que son unas 55 piezas. De no
haberlas publicado ahora creo que nadie hubiera movido
un dedo por hacerlo. Es más, creo que hay gente
que estaría muy contenta de que yo desapareciera:
ha habido un soterrado exterminio de algunas generaciones
de autores de teatro. En el teatro se ha hecho lo
mismo que en Irak: desmocharlo, sustituirlo por una
industria floreciente como la de la novela.
–Usted sigue siendo muy prolífico,
no diría como Lope, pero...
–Entre Lope y yo la única diferencia
es que nació unos siglos antes.
–... lo que yo quería preguntar
es si no es antinatural que un dramaturgo siga escribiendo
aunque sus obras no se representen.
–Lo antinatural sería no escribir, lo
antinatural es que la gente lea novela y no teatro,
cuando éste es más interesante porque
concentra más temas que la novela. Lo más
importante de Shakespeare es que podemos leer sus
obras. Respecto a lo de estrenar, en España
no quieren que estrenemos casi nadie, bueno, el pobre
Marsillach en el Centro Dramático Nacional
(CDN), gran actor y director pero regularcillo autor.
Y luego jóvenes medianamente protegidillos.
Pero hay cantidad de grupos que estrenan mi teatro,
más en el extranjero que aquí. Ahora
se van a estrenar dos obras mías en Portugal:
Heroica del domingo y La loca carrera del árbitro.
Un milagro en el CDN
–¿Y para cuándo en el CDN?
–Eso es absolutamente imposible, tendría
que suceder un milagro.
–¿El teatro es un arte
para jóvenes?. Usted, por ejemplo, fue un autor
solicitado en la década de los 70.
–En general, lo que se busca es renovar la especie
pero para matarla. A mí, entonces, me sacaban,
me llevaban a televisión y luego me hicieron
desaparecer del mapa. No he vuelto a televisión
desde 1981.
–Hace cuatro años reestrenó
en Madrid Las hermanas de Búfalo Bill.
–Sí, y dígame que autor vivo ha
mantenido una obra en cartel más de un año.
–La reposición no tuvo
el éxito esperado. ¿Cómo lo explica?
–Pues porque la gente está para que le
doren la píldora y si no lo haces, pues nada
que hacer. Además, recordaba tiempos pasados
y los tiempos cambian.
–¿No habría sido
mejor retocar la obra?
–Hay obras que no se deben cambiar. Los directores
siempre hacen el intento de modificarlas y quizá
por ello no hacen textos de autores vivos, para no
enfrentarse con nosotros.
–Se le sitúa en la generación
posterior a la del realismo de Buero y Sastre, un
iniciador de la propuestas experimentales.
–Sí, pero creo que el teatro con estas
experiencias pierde contacto con el público
de forma alarmante.
–En muchas de sus obras hay referencias
a asuntos de la actualidad, ¿no es un elemento
de riesgo para la pervivencia de la obra?
–Pues no, porque cuando se representan lo único
que hay que hacer es cambiar los nombres. En general,
la Humanidad ha variado poquísimo, sólo
han cambiado las formas, no el contenido. No noto
muchas diferencias entre el franquismo y la democracia,
la única es que ahora la gente vota, pero en
el fondo todo es igual. Quizá, Franco no hubiera
ido a la guerra de Irak
–Da la impresión de que
está enfadado con el mundo.
–Estoy permanentemente enfadado, nací
enfadado y me da salud. Digo las cosas como pienso
y si publico es porque no tengo más remedio.
Fuente:
El Cultural
Octubre - 2003
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