|
Frankie Kein y Manuel Arte,
la magia de la imitación
EVELIO TAILLACQ
Especial/El Nuevo Herald
| Los espectadores que llegan al Teatro
de Bellas Artes (2173 SW 8 St., Miami) no se imaginan
que, desde muchas horas antes, las estrellas del
espectáculo Hollywood in Miami ya están
enfrascados en una ardua y meticulosa labor esencial
para la representación. Es tal el trabajo
de maquillaje --facial y corporal--, la cronometrada
organización de vestuario, accesorios y
pelucas que, los que hemos tenido la dicha de
presenciar alguna vez el otro show --el que se
desarrolla tras bambalinas-- podemos decir que
es tan impresionante como el que se presenta al
público. |
 |
Tanto Frankie Kein como Manuel Arte, considerados
con razón por muchos medios especializados
internacionales como los más grandes imitadores
de las estrellas de Hollywood, conocen a la perfección
las técnicas para alcanzar la ilusión,
para dominar la magia de transportarnos durante dos
horas a través del espacio y el tiempo para
hacernos disfrutar de la presencia de varios de los
íconos del celuloide. Y no se trata sólo
de sus actuaciones, extraordinarias de por sí,
sino de todo el concepto de producción y dirección
que también corre a su cargo.
A la hora prevista, con una obertura a tono con las
grandes producciones de la meca del cine, se abre
el telón y comienza la ilusión. Luego
del opening a cargo de los bailarines comandados por
Peter La Fox y la primera aparición de Frankie
Kein, que --a manera de aperitivo-- nos entrega un
acto del viejo teatro de revista (Let Me Entertain
You), con una prontitud que deja la boca abierta,
éste se transforma --cambia peluca, vestuario
y hasta rasgos del maquillaje-- en una rutilante Marilyn
Monroe para brindarnos un fragmento estelar de su
filmografía (Diamonds Are A Girl's Best Friend),
que arranca las primeras ovaciones.
Para permitir un cambio más radical se produce
la primera cortina y nadie mejor para ello que Jorge
Bauer, figura emblemática de la vida nocturna
de Miami, quien desde la primera canción (I've
Got You Under My Skin) nos deja saber que el tiempo
es sólo una convención que por él
no pasa. El cantante que amenizara durante décadas
las noches de Les Violines, después de hacer
una oportuna transición del rock de la década
de 1950 a la canción norteamericana y a la
música de grandes compositores latinos, sobre
todo cubanos, se muestra en toda su plenitud vocal
y física, con la misma expresividad, afinación,
fraseo y dominio escénico de siempre.
Y es el turno entonces de Manuel Arte en una impactante
incorporación de Marlene Dietrich (Honeysukle
Rose), a la que convierte, con cambio de indumentaria
en escena, en la Marlene de sus últimos recitales
(Falling In Love Again), cargada de sutilezas interpretativas.
Y es que estos artistas de la incorporación
--en su caso, el trabajo va más allá
de la imitación exterior-- saben apropiarse
de cada gesto, cada expresión de las estrellas
escogidas --no sólo por la admiración
o importancia que les den, sino por sus características
propicias para el concepto del show--, copiándolas
milimétricamente, para luego darles vida y
alma en escena. He ahí el gran valor de su
arte. Es una impecable Julie Andrews (The Sound Of
Music y Le Jazz Hot), a la manera de Kein, la que
termina el primer acto, tal vez no tan vibrante como
el segundo, donde la energía, la voz y el estilo
de Liza Minnelli, recreada por Kein en uno de sus
más perfectos trabajos, imprime un ritmo vertiginoso
y sorprendente al espectáculo. Una representación
que cuenta con cuidada iluminación y dirección
técnica de Katriel Leiras y la asistencia técnica
de Iliana Navarro, además de la labor de un
grupo de atentos vestidores.
Con gracia y a manera de postre para un público
mayormente hispano, Arte recrea la imagen de Sara
Montiel (La maja aristocrática y La chambelona),
junto a los bailarines Jessica Rodríguez, José
Nodal, Isabel Díaz, Walter López, Esther
Vázquez y La Fox, y Bauer canta canciones cubanas
y latinoamericanas, antes de que, como una carga energética,
aparezca la Liza de Kein (New York, New York), para
contagiarnos con una desbordante energía y
vitalidad que le permiten mostrar su talento como
bailarín además de su impresionante
apropiación del personaje que imita. En el
segundo tema de Liza (Arthur in the Afternon), el
bailarín José Nodal se destaca junto
a Kein por la precisión, simpatía y
sincronismo, logros que sólo se consiguen con
ensayos, disciplina y rigor. En una palabra, con profesionalismo,
que es la mejor arma con que cuentan Kein y Arte,
sin minimizar ese amor descomunal por el escenario
y el respeto incondicional por el público que
los ha llevado a actuar con la misma entrega en Las
Vegas, Buenos Aires, Barcelona o en Miami durante
décadas.
Sin bajar su intensidad y con cambios completos realizados
en segundos, Kein nos interpreta con la voz e imagen
de Liza varios de los temas más importantes
de sus películas. Completando el cuadro de
Cabaret, Arte realiza su también impecable
personificación de Joel Grey, hasta que --después
de cautivar a la concurrencia y arrancar entusiastas
aplausos--, rompiendo la ilusión, pero no la
magia, Kein se despoja de los elementos alegóricos
a sus admiradas estrellas para mostrarnos en toda
su autenticidad y crudeza su personalidad artística.
El elemento sorpresa no está dado en este
espectáculo por el programa ni por los acontecimientos
--en este caso son generalmente reproducciones de
escenas de filmes muy conocidos--, sino por la pericia
y el ingenio con que éstas se van hilvanando
cuadro a cuadro, secuencia a secuencia, y, sobre todo,
porque el valor de este hecho escénico está
en la maestría mimética y las destrezas
técnicas de estos actores bailarines al presentarnos
sus admirables personificaciones.
Sin dudas, es un privilegio contar en Miami con estos
dos artistas cubanos que, haciendo un alto en sus
constantes compromisos internacionales, se nos presentan
los viernes a las 9 p.m. y domingos a las 2 p.m. en
La Pequeña Habana por una corta temporada.
Una oportunidad de revivir momentos cinematográficos
en vivo y, sobre todo, apreciar una manifestación
escénica que alcanza la categoría de
arte gracias al talento, el profesionalismo y la dedicación
de estos intérpretes excepcionales.
Fuente:
El Nuevo Herald
Octubre
- 2003
|