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'El huevo': hay que usar
la tijera
NORMA NIURKA
Especial/El Nuevo Herald
Cualquiera que sea la razón
para reponer una pieza teatral como The Rooster
and the Egg, escapa a mi entendimiento. Tal
vez se haga por contagio ya que es la cuarta
reposición en la cartelera en español
de estos días.
La comedia del cubano neoyorquino Luis Santeiro
se estrenó hace nueve años en
inglés, en el Coconut Grove Playhouse,
con buena dirección y actuaciones, pero
ya entonces mostraba su fragilidad.
La compañía Sweet Monkey Productions
la repone como El huevo del gallo en el nuevo
Centro de Artes Roxy (que ofrece su local a
diversos grupos y diversas disciplinas), pero
sólo el buen elenco de profesionales
mitiga la pena de ver transcurrir el tiempo
en vano.
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Santeiro es eminentemente un libretista de televisión
que brilló como tal en las series Qué
pasa USA? y Sesame Street. Como dramaturgo se ha especializado
en el tema del exilio y los conflictos generacionales
y culturales afines a su propia experiencia de cubano
que llegó a Estados Unidos en la adolescencia.
Solo que sus obras (aun Praying with the Enemy, en
la que muestra un crecimiento como autor) colocan
con camisa de fuerza un libreto de televisión
en el cuerpo de una pieza teatral. Al fallar la estructura,
la obra no se sostiene ni con algunas situaciones
graciosas que logra Santeiro.
Con el objetivo de contraponer jocosamente la cultura
hispana a la anglosajona, El huevo del gallo presenta
tres generaciones de una familia cubana de Miami que
se ve afectada por la vida moderna y la cultura del
país adoptado.
Manolo Villaverde interpreta con aplomo y una dosis
perfecta de gracia al padre machista, intransigente,
que trata de desviar las preferencias que considera
femeninas en su hijo. Al verlo en escena, hay que
lamentar que esta sea su última actuación,
como informa en el programa de mano. Marta Picanes
despliega simpatía y energía en el papel
de la esposa que accede a convertirse en madre sustituta
en favor de su hija y su nuero norteamericano (recuérdese
que cuando esta obra se estrenó la fertilización
in vitro era novedosa).
Al exagerar sus facultades de comediante, Hugo García
crea un estereotipo del hijo amanerado; Tania Guzmán
capta muy bien el personaje de hija ansiosa por quedar
embarazada; y Manuel Martiness sale airoso de la difícil
encomienda de forzar el acento.
El papel de la abuela desfachatada y libidinosa (nada
más lejos de una abuela cubana), está
a cargo de Jorge Ovies, quien pone la nota cómica
con su acostumbrada interpretación de anciana.
La dirección de Manolo Villaverde enlaza los
numerosos cuadros con largos apagones y hace repetir
movimientos y acciones hasta el cansancio. Los actores
tratan de salvar la interminable noche con entusiasmo
encomiable, pero hacia el final se ven desganados
de tanto repetirse.
El huevo del gallo necesita un corte drástico,
una limpieza del texto que resuma la acción
y elimine lo innecesario. Sólo entonces merecería
reponerse para pasar el rato.
Fuente:
El Nuevo Herald
Octubre - 2003
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