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TEATRO: ENTREVISTA
CON EL DIRECTOR LORENZO SALVETI
"Aquí, los italianos nos sentimos
en casa"
Olga Cosentino
Vino a dirigir a Leonor Benedetto
y Martín Seefeld, en Absolutamente natural,
del italiano Goffredo Parise, que hoy se estrena en
el Multiteatro.
Tanto el director italiano Lorenzo
Salveti como Leonor Benedetto (quien junto a Martín
Seefeld estrena hoy Absolutamente natural), coinciden
en que el origen de este encuentro profesional fue
el deslumbramiento mutuo. Ella había visto
en Roma una puesta de Salveti —El café
del Dr. Proust— y, admirada, quiso conocerlo.
La rápida empatía los llevó a
pensar un trabajo juntos. "Yo le mandé
algunos textos entre los que estaba esta obra de Goffredo
Parise, un autor italiano muy prestigioso, que hacía
tiempo yo quería llevar a escena. Leonor me
telefoneó diciéndome que le había
encantado y cuando volvió a Roma empezamos
a leerla juntos y a pensar en la traducción
y adaptación. Sí, creo que entre Leonor
y yo se dio un inmediato enamoramiento artístico.
"
¿Por qué le interesaba
desde hacía tiempo llevar a escena esta obra?
Es la historia de un vínculo
amoroso en el que la mujer encarna la naturaleza.
El hombre es más estructurado, un arquetipo
del intelectual occidental. El encuentro de ambos
desata el debate entre dos modelos de pensar y existir.
Son dos criaturas antagónicas. Por eso se atraen.
Y por eso su unión está condenada a
la ruptura. Sin embargo, el hombre sale modificado
de esta relación. Queda la sensación
de que ese encuentro casual no fue un encuentro entre
dos personas particulares. La mujer aparece al final
como la síntesis de lo femenino. El dice que
ella es una imagen, una idea capaz de contener el
misterio del mundo. El hombre es inteligencia pero
la mujer es sabiduría.
Napolitano residente en Roma, Salveti
es director teatral, régisseur y docente en
la célebre Accademia D'Arte Drammatica Silvio
D'Amico. Pese a su larga carrera, dice que en su vida
el oficio teatral apareció por casualidad.
"De chico, me gustaba ver lo que ocurría
en una localidad vecina, muy bella, llamada Spoletto,
donde hay un importante festival. Eso me fue acercando
al mundo de la actuación casi como un juego.
A los 9 años canté en una puesta de
Franco Zefirelli, y a los 13 fui asistente de Giancarlo
Menotti. Pero cuando llegó la hora de ir a
la universidad, elegí estudiar literatura inglesa.
Estaba por doctorarme con una tesis sobre el teatro
isabelino, para lo cual tuve que entrevistar a Luca
Ronconi y Luchino Visconti. De aquel encuentro surgió
una nueva invitación para hacer asistencia
de dirección. Y el destino obró por
mí. No obstante, creo que para ser un buen
director o un buen actor es imprescindible ser antes
una buena persona. La técnica se aprende; la
vida hay que vivirla".
¿Su llegada a la Argentina
tiene que ver de algún modo con vivir otra
experiencia? ¿Qué clase de desafío
implica dirigir en otro idioma?
Trabajando en otro país, en
otra lengua, se aprende mucho. Atravesar la barrera
lingüística obliga a superar las dificultades
con más rigor. Se afina la exigencia. En cambio
cuando uno domina el instrumento, es más fácil
dejarse llevar por la rutina.
Usted dirige textos clásicos
y contemporáneos. ¿Qué criterio
estético aplica en cada caso?
Hice mucha tragedia griega, mucho
Shakespeare, y no creo en la actualización
forzada de los clásicos. Trato de que los actores
saquen afuera lo que está vivo de esos textos.
También me interesa llevar a escena grandes
autores de la literatura como Pasolini, Maupassant,
Dostoievski.
Como régisseur, ¿trata
de que el canto sea también interpretación
dramática?
Intento que los cantantes entiendan
que no sólo cantan notas sino también
palabras. Recuerdo haber visto trabajar a Visconti,
por ejemplo. El maestro hacía recitar primero
los textos, sin música. Hasta que no funcionaba
dramáticamente, no permitía que los
intérpretes cantaran.
Además de dirigir a Benedetto
y Seefeld, ¿tuvo alguna otra aproximación
al teatro argentino?
Había venido cuatro veces aquí
como turista y contraje una afición muy fuerte
por Buenos Aires. Aquí los italianos nos sentimos
en casa. En cuanto al teatro, estoy fascinado por
la cantidad de salas y la diversidad de propuestas.
Eso no se ve en Europa. Es bueno este vigor teatral
de la sociedad, más allá de que haya
espectáculos buenos y no tanto. Shakespeare
no habría existido si no le hubiese tocado
vivir un momento tan vital para las artes como fue
el período isabelino.
Fuente:
Clarin.com
Septiembre - 2003
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