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Un encuentro
teatral sin fronteras
Olga Cosentino
La muestra empieza
el miércoles 10, con teatro, danza y música
de Alemania, Francia, Brasil, Colombia, Suiza, España,
Túnez, Inglaterra y la Argentina.
Cuando el miércoles
10 suban a escena una versión francesa
de Oh, les beaux jours (Los días felices)
de Samuel Beckett, con Marilú Marini;
dos espectáculos de Alemania (D'avant
y My Dearest, My Fairest) y la puesta local
de El adolescente, de Federico León,
habrá un nuevo motivo (el cuarto) para
confiar en que el Festival Internacional de
Buenos Aires es ya una conquista cultural consolidada.
Derecho adquirido por una ciudad que —por
razones sociológicas a investi gar—
viene multiplicando el interés de sus
habitantes por la actividad escénica.
Con los límites que impone
un presupuesto oficial por ahora lejos de los
8 millones de dólares promedio que invierten
festivales internacionales como Aviñón
o Edimburgo, esta cuarta edición del
FIBA llega, sin embargo, con 15 espectáculos
extranjeros entre los que se cuentan La muerte
de Krishna (extracto del celebérrimo
Mahabharata, de Peter Brook), o Ni sombra de
lo que fuimos, del grupo español La Zaranda,
además de distintas propuestas de Alemania,
Francia, Canadá, Colombia, Suiza, Túnez,
Inglaterra y Brasil. Sumado esto a los cuarenta
espectáculos nacionales, workshops, muestras
fotográficas, seminarios, presentaciones
de libros y visitas guiadas, se puede vaticinar
una convocatoria exitosa (la mayoría
de las entradas se vendieron anticipadamente). |

MARILU MARINI. EN UNA ESCENA DE LA VERSION FRANCESA
DE LOS DIAS FELICES, DE SAMUEL BECKETT, QUE
LLEGA AL ENCUENTRO INTERNACIONAL. |
A contrapelo de las crisis económicas
y de representatividad política que en los
últimos tiempos deprimieron otras manifestaciones
vitales del cuerpo social, la gente parece haber elegido
hacer y ver teatro. Y un encuentro internacional favorece
el intercambio de problemas, poéticas y lenguajes.
Intercambio que vitaliza el encuentro corpóreo
entre escenario y espectador. Porque la actuación,
la danza y aún la música en vivo tienen
un plus no transferible a los formatos virtuales o
registros tecnológicos. A diferencia del cine,
no hay DVD que contenga la irrepetible tensión
estética y emocional que se establece entre
el público y el artista cuando éste,
arriesgándose al error, intenta que se produzca
el prodigio.
Fuente:
Clarin.com
Septiembre
- 2003
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