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Una
gozada
SANTIAGO FONDEVILA
Nos hace tanta falta reír
que hoy por hoy en cualquier pantalla –en la
de televisión, pero también en las de
los ordenadores vía e-mail– no paran
de contarnos cosas “graciosas”. Otro tanto
ocurre en las salas de teatro con vaginas dicharacheras,
penes contorsionistas o mujeres alineadas en el punto
com. De hecho, en el mundo funcional impera la gracieta
por encima de cualquier otro argumento y el monologuismo
rampante de la banalidad hecha mueca, del chiste estirado
como un chicle o la labia prosaica de la burla desenfrenada.
De ahí la sorpresa, la admiración y
el profundo goce que impone el espectáculo
que el dúo argentino que se hace llamar Los
Modernos presenta en el café teatro de Teatreneu,
donde aterrizó por sorpresa durante la fuerte
canícula de este verano.
En un mundo de calificativos y definiciones
encasilladoras, muchos hablan de humor inteligente
como un latiguillo que lo distingue del otro, del
vulgar, o sea, el común. Alguien debió
de decir que el humor es cosa seria y el de Los Modernos
lo es en la medida que su espectáculo se aleja
de los lugares y fórmulas convencionales no
tanto en los temas (Dios, las mujeres, los hombres,
la oración gramatical) como en la forma de
desarrollarlos. Un hallazgo.
“Breve desconcierto breve”
es al fin una partitura vocal a dos voces que inventa
una nueva sintaxis. La palabra (“la pa-la que
la-bra”, dicen) es el material que se transforma
constantemente en boca de dos soberbios actores. Pedro
Paiva y Alejandro Orlando urden una telaraña
sintáctica de retruécanos, de sentidos
y contrasentidos. Deconstruyen las palabras para descubrir
los misterios de los sintagmas. La esencia musical
del espectáculo impone una férrea disciplina,
una enorme precisión en la forma de complementarse
de los dos intérpretes. Claro está que
llegaron de Argentina, de Córdoba para ser
más exactos, con casi 250 funciones. Entre
el absurdo, juegos silogistas, trabalenguas, piruetas
y algunas canciones, la palabra exprime un poder de
cambio de una eficacia cómica rotunda y en
plena complicidad con el público. Una gozada.
Fuente
- La Vanguardia
Septiembre - 2003
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