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Fascinación
por Nijinski
El Ballet de Hamburgo que dirige John Neumeier
llega al Real
Liz PERALES
John Neumeier llega el 8 de septiembre
al Teatro Real de Madrid con el Ballet de Hamburgo,
que dirige desde 1973. Presenta un único programa,
Nijinski, obra en la que el coreógrafo ha vertido
sus investigaciones de toda una vida sobre “el
dios de la danza”
La fascinación por el bailarín Vaslav
Nijinski llevó hace dos años al director
y coreógrafo del Ballet de Hamburgo, John Neumeier,
a concebir la coreografía que ahora se presenta
en el Teatro Real y que ha paseado el año pasado
por Asia con gran éxito y acaba de presentar
en San Petersburgo. Cuenta Neumeier que la pasión
por Nijinski la ha mantenido durante toda su vida,
desde que cayó en sus manos a los diez años
el libro La tragedia de Nijinski, de Anatole Bourmann.
Con el tiempo, el coreógrafo se ha convertido
en el mayor coleccionista de objetos relacionados
con el bailarín –a punto estuvo de comprar
sus Diarios– y su fascinación ha culminado
en esta coreografía que pretende evocar los
pensamientos, recuerdos y alucinaciones del bailarín
ruso y en la que rastrea los cuatro ballets que ideó
y los personajes más importantes que interpretó
a lo largo de su vida.
Para Neumeier, Nijinski no sólo
fue una personalidad atractiva y compleja, con una
vida interesante y apasionada, sino que fue el “que
abrió el camino a la coreografía moderna.
Rompió con la idea de que la danza tiene que
obedecer a motivos narrativos, a una historia, o un
argumento. Sus ballets poseían una dramaturgia
visual cuya sustancia, en último término,
era la coreografía”. Así lo puso
de manifiesto en sus ballets más abstractos
como Jeux o La siesta del fauno. Sin embargo, dice
Neumeier, que lo que más le sorprende de él
es que “desarrolla una visión propia
de la coreografía, totalmente independiente
de su talento como bailarín. Sus coreografías
ni se basaban en la increíble brillantez técnica
que él mismo poseía ni tomaba como punto
de referencia aquellos papeles que le convirtieron
en leyenda cuando todavía bailaba”. O
sea que buscaba un nuevo lenguaje sin retomar elementos
ya conocidos.
Boda con Dios
Neumeier, considerado en el panorama de la danza alemana
como el coreógrafo de los amplios y grandes
ballets narrativos, arranca en esta creación
con la pieza que Nijinski bailó por última
vez y que él tituló Boda con Dios. La
aparición de su antiguo mentor y amante, Sergei
Diaghilev, recuerda su fulgurante carrera en los Ballets
Rusos. Algunos bailarines evocan famosos personajes
que él representó –Arlequín,
El esclavo de oro, El espectro de la rosa– mientras
también aparecen sus familiares más
cercanos: su hermana y coreógrafa Bronislava,
su hermano Stanislav, sus padres, y su mujer Romola.
En la segunda parte, Neumeier aborda la locura de
que fue víctima y que le sirve para evocar
sus años en Moscú antes de la Revolución
Rusa y la pesadilla de la Primera Guerra Mundial.
Para el ballet, el coreógrafo se ha servido
de músicas de Chopin, Schumann, Rimski Korsakov
y Shostakovich, que interpreta en directo la orquesta
del Teatro Real dirigida por Rainer Mühlbach.
Esta producción es una de las
que servirá a Neumeier para conmemorar el 30
aniversario de su llegada al Ballet de Hamburgo, unos
años en los que el coreógrafo de origen
norteamericano ha destacado por sus grandes ballets
dramáticos (Romeo y Julieta, Peer Gynt, La
dama de las Camelias) y otros inspirados en obras
musicales o sinfónicas (Tercera Sinfonía
de Mahler, Pasión según San Mateo de
Bach). También por su aportación en
la revisión de clásicos, como El lago
de los cisnes, de Petipa, dentro de una tradición
que en su opinión se debe respetar. Otra de
las contribuciones de Neumeier ha sido la fundación
de la Escuela del Ballet de Hamburgo, que acoge cada
año a una treintena de estudiantes.
Fuente:
El Cultural
Septiembre - 2003
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