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Tàrrega
une el sobrepeso y la inmigración en “Las
mujeres de verdad tienen curvas”
SANTIAGO FONDEVILA
Producciones Imperdibles
pone al público en hamacas bajo una tarima
transparente donde hay flamenco, danza y vals La divertida
comedia de la compañía vasca Ados Teatroa
destaca en el festival, junto con el magnífico
teatro visual de los títeres de El Espejo Negro
Tàrrega.
– “Las mujeres de verdad tienen
curvas”, asegura la compañía
vasca Ados Teatroa en su último espectáculo,
llamado al éxito comercial y firme candidato
al premio San Miguel de la Fira de Teatre al
Carrer de Tàrrega, a tenor de los aplausos
que recibió su propuesta en la flamante
Carpa Euskadi (lástima que no se resuelva
el problema del ruido de los extractores de
aire acondicionado). Y también lo serán
esas “Apariciones” de la compañía
malagueña El Espejo Negro, que en su
última función registró
un “overbooking” total. Y, siguiendo
en Andalucía, la propuesta de Producciones
Imperdibles de Sevilla “Mirando al cielo”
ha seducido. Una tripleta de espectáculos
que nos proporcionó un estimulante recorrido
por el teatro de otras comunidades autónomas.
“Las mujeres de verdad
tienen curvas” es una comedia que gira
alrededor de dos temas de actualidad como son
la inmigración y los kilos de más.
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Está protagonizada por cuatro
cubanas y una vasca, que interpretan a otras tantas
inmigrantes que trabajan en un taller textil clandestino
de cualquier ciudad española y que no son precisamente
el perfil de mujer que se publicita en los folletos
de las agencias de viaje: una madre que quiere confundir
la menopausia con un embarazo tardío y sus
dos hijas –Stella, la “patrona”
del taller, y la más joven, Ana, que sueña
con ser escritora e ir a la universidad–, todas
ellas gorditas, pero no tanto como Panchita, una de
esas gordas sabrosonas y tremendamente simpáticas.
Para rematar, una anoréxica que hace dieta.
Grandes intérpretes todas ellas, en una comedia
amable y con final feliz que no profundiza en ninguno
de los temas pero divierte y entretiene.
“Apariciones” supone un
nuevo y maravilloso acierto de Ángel Calvente,
que no cesa en su investigación del mundo del
títere y que rebasa ya cualquier frontera de
géneros. En sus “Apariciones” maneja
múltiples recursos de un teatro visual de gran
nivel e ingenio. El manipulador ya no es quien insufla
vida al muñeco, sino que se funde con él
a cara descubierta en unos números que son
a la vez coreografías corporales. Un espectáculo
con gran ritmo y enorme precisión de los tres
actores manipuladores, que juegan con el público,
con los “títeres” y consigo mismos
hasta el delirio.
Menos festivo y procaz, más
íntimo y poético, más clásico,
el “Trans” de las marionetas de la compañía
andaluza Etcétera. La mirada infantil y la
de un adulto sobre un vida contradictoria, muchas
veces teñida de tristeza. Humanos títeres
que nos hablan de nosotros.
Los sevillanos de Imperdibles sedujeron
el pasado año con su “bombonera”
para ver danza. Y repiten. Este año proponen
una tarima transparente. Los espectadores, sentados
en hamacas, pueden contemplar bajo ella ocho minutos
de coreografías de flamenco, de danza contemporánea
y hasta un vals. La perspectiva, desde luego, es tan
original como resultona. Lo decíamos el otro
día: además de lo que se mira, importa
el desde dónde se mira.
Y, tras cuatro perlas, un garbanzo,
seco. No sé si es correcto que el adjunto a
la dirección artística de la Fira estrene
en ella. Pero de lo que no me cabe la menor duda es
de que no debería haberlo hecho con un espectáculo
malo, malísímo. Insalvable con la mejor
de las voluntades. Jordi Duran ha escrito y dirigido
“La tragicomedia de Don Juan”, una aproximación,
dicen, al mito en clave de cabaret. Lo único
trágico es el espectáculo en sí
mismo y la certeza de que Duran no tiene ni idea de
lo que es el cabaret. Eso, al público, no se
le hace.
Fuente
- La Vanguardia
Septiembre
- 2003
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