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Pesadilla eléctrica
en Tàrrega
SANTIAGO FONDEVILA
Sèmola sorprende
con “Centvinticinc”, una mirada escéptica
sobre el ser humano
Teatre de Guerrilla estrena “Eeuuropa”,
un proyecto ambicioso y arriesgado
Sèmola
Teatre y Teatre de Guerrilla, dos compañías
que deben a la Fira de Teatre al Carrer si no
su nacimiento sí su lanzamiento, estrenaron
el jueves sus nuevos espectáculos con
resultado desigual. Se trata de dos formas de
hacer teatro muy diferentes aunque compartan
la voluntad de trascender lo meramente formal
y reflexionar sobre el mundo en el que vivimos.
Sèmola lo hace desde un teatro visual
plenamente contemporáneo y Teatre de
Guerrilla desde un humor que no es un fin en
sí mismo sino un medio.
“Centvinticinc”
nace de la memoria y se nutre de los recuerdos
de las impresiones, a veces, diría, inconscientes,
del creador y director de Sèmola Teatre,
Joan Grau. |
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Esa memoria se instala sobre una
realidad escénica deliberadamente confusa,
caótica, que refleja una mirada pesimista sobre
el ser humano y sobre sus relaciones. Ahora, enchufados
a los 220 voltios, seguimos perdidos en una realidad
difícil de descifrar y víctimas de una
pulsión sexual destructiva. La destartalada
mansión donde habitan los seres imaginados
por Grau es un espacio onírico que funciona
como una pesadilla y de ahí que las imágenes
se creen y desaparezcan sin ninguna razón aparente.
Imágenes que vienen de un pasado tenebroso,
la escuela católica, apostólica y romana,
y otras que surgen de esa triste mirada sobre las
relaciones personales.
“Centvinticinc” es una
creación abierta que exige al espectador la
renuncia a la lógica y la razón y la
búsqueda de una lectura personal en el marasmo
de esa casa sin presente y sin futuro. De ahí
que más de uno dijera a la salida: “No
he entendido nada”. Y es que tan importante
es lo que se mira como desde dónde se mira.
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Con este ambicioso,
arriesgado, hasta un punto temerario “salto”,
Teatre de Guerrilla abandona una fórmula
que le funcionaba muy bien y se saldó con
un cierto regusto amargo. Los “guerrilleros”
han ampliado plantilla y a Rafel Faixades y Carles
Xuriguera se han sumado tres intérpretes
extranjeros muy adecuados al tema de “Eeuuropa”.
No es fácil crear una ironía sobre
un concepto muy tratado ya por otras compañías,
y menos sin recurrir a los tópicos. El
título “Eeuuropa” tiene ya
algo de engañoso, ya que sugiere una relación
transatlántica que luego apenas aparece
en el espectáculo y que sí reflejaría
muy bien las circunstancias políticas actuales.
“Europa es un show”, dicen los actores.
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Pero ahí se quedan. Un show
en el que convergen representantes de Francia, Alemania,
Inglaterra, España y Catalunya. Hay ideas cómicas,
hay gags que funcionan y cinco intérpretes
muy bien escogidos, pero también reiteraciones,
dilaciones, obviedades que lastran un espectáculo
al que diríamos que le sobra media hora y le
falta una dramaturgia más exigente. Es una
lástima que los buenos momentos, que los hay,
se diluyan en un contexto cuyo objetivo, más
allá de la crítica generalista de la
UE, no se ve claro. “Eeuuropa” se sustenta
básicamente en el trabajo de Faixades, un resultón
estereotipo de español aznarista, y Xuriguera,
un “indolente” catalán al que Europa
no da bola.
Entre las obras presentadas el jueves,
destaca el feliz e insólito encuentro del grupo
de percusión Amores, del músico pakistaní
Sazed Ul Alam y de la compañía de danza
Patas Arriba, que ha dado a luz “Tinajas”,
un espectáculo estrenado en el último
festival Dansa a València y que se ve por primera
vez en Catalunya. Una fusión que surge de un
diálogo de igual a igual entre la música
y la danza.
Estructurado en paisajes que alternan
el protagonismo con momentos para el virtuosismo y
para el arrebato. La sensualidad de unas coreografías
con grandes aperturas, con predominio del juego de
manos y piernas y el fascinante universo sonoro del
sitar o del trío de cajones son etapas de un
viaje sensorial en una atmósfera próxima
al nirvana. Si llegan a Barcelona, no se lo pierdan.
Fuente
- La Vanguardia
Septiembre
- 2003
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