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Frente
a La Colmenita
Dra. Bertha Martínez
Actriz y Directora Teatral Premio Nacional de Teatro
2001
La acertada elección
de un espectáculo de Teatro Infantil para dejar
inaugurado este Festival, obliga al reconocimiento
de la voluntad existente en nuestro país de
contar, en un futuro próximo, con hacedores
y apreciadores del Arte Escénico más
humanamente cultos, sensibles y solidarios: artistas
y Espectadores orgullosos de su realidad, de su nación.
En esta rica historia del Teatro para
niños en Cuba, en la que tantas y tantos creadores
han aportado, y aportan, su caudal de talento y sacrificio,
la fructífera labor de La Colmenita, tal como
su nombre sugiere, representa una particular expresión
de un producto que endulza, nutre y vivifica la vida
del presente y, sobre todo, del futuro Teatro Cubano.
No sólo del Teatro que siempre se ha de crear,
muy especialmente para los niños, sino que
ha de incidir también, y para bien, en aquel
que necesitarán siempre los adultos.
Los que conocemos de cerca el trabajo
de formación creadora que se produce internamente
en La Colmenita y el resultado artístico consecuente
con esa formación, compartiremos seguramente
esta esperanza: un teatrista mejor es posible.
La Colmenita, bajo la guía
de, a veces Cremata, a veces Tín, y su equipo
de trabajo va creando su propia escuela de hacedores
y apreciadores del Teatro.
En su intensa y sostenida práctica,
se establece la imbricación orgánica
y necesaria entre el crecimiento físico del
niño (que ha de convertirse en adulto) y el
desarrollo de su creatividad, es decir, de su universo
estético: crecimiento físico y crecimiento
espiritual, que al conjuro de su maestro, va desbrozando
con su imaginación, con su esfuerzo, con el
ensanche de su sensibilidad, el espacio donde sus
alas, finalmente, pueden batir libremente: el espacio
donde ética y estética se volverán
ya entrañables.
No hay en Tín, o Cremata, la
necesidad de imponer reglas, gustos particulares,
modos de hacer al uso, ideas preconcebidamente innovadoras,
sino que su proceso creador, el cual va más
allá de la puesta en escena, está signado
por la capacidad del verdadero artista, en este caso
del artista educador, de despertar, de encender, de
enriquecer la fantasía más pura, más
sincera y espontánea que late potencialmente
en el ser humano, y con su talento “artealizarla”
hasta conseguir un hecho teatral que suele alcanzar
la dimensión de un espacio de confluencia poética
entre el Teatro y la Vida.
Cuando La Colmenita expone sus resultados
artísticos en otras latitudes, impacta, impresiona,
conmueve y establece los más altos niveles
de comunicación espiritual porque se aprecia
la nítida autenticidad de su lenguaje, porque
su trabajo está realizado por creadores cubanos
y para el público cubano desde la más
sincera y profunda cubanidad, desde los más
hermosos sentimientos de su tiempo.
La estructura dramatúrgica
del espectáculo, como propuesta estética
será en sí misma expresión de
los valores humanos más sustanciales de nuestra
sociedad: la masividad, la coincidencia de diferentes
edades en sus hacedores, la solidaridad artística
de los intérpretes en escena, el cuidado manifiesto
de las soluciones escénicas por parte de todos
los participantes, la versatilidad actoral, la capacidad
creativa con que se apropian, desde los más
pequeños hasta los más grandes, de los
recursos expresivos, y sobre todo la conciencia y
defensa del espectáculo como un todo y no sólo
como una posibilidad de lucimiento individual, entre
otros muchos aspectos a los que pudiéramos
aludir, permiten avizorar un comportamiento ético
y estético superior.
Si en los hacedores y apreciadores
del Teatro Cubano se conjugan los elementos y valores
fundamentales del hombre y la mujer que nuestra sociedad
promueve, entre ambos han de crear el arte y el disfrute,
el teatro más hermoso que podamos imaginar.
QUE ESTE FESTIVAL SEA UNA ARDIENTE
LUZ EN ESTE CAMINO DE ESPERANZAS
CNAE
Septiembre
- 2003
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