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“Generación
web” al ataque
JOAN-ANTON BENACH
Si acuden al Espai Brossa y a las
dos horas salen del local sin haber entendido casi
nada de “Norway.Today”, no se inquieten
demasiado. En este texto de Igor Bauersima (Praga,
1964) el discurso dramático (¡qué
horribles dos palabras!) importa mucho menos que el
repentino fulgor de una imagen, que la inquietud fugaz
de una secuencia aparentemente “comprensible”,
que la aparición subyugante, similar a la que
alguna vez habitó en sus sueños...
Julie (Vanessa Torres) y August (Àlex
Mañas), una pareja confabulada en suicidarse
al alimón, nos guía hasta un frío
acantilado noruego desde el que se lanzará
al fiordo que serpentea en el abismo. Sin embargo,
no todo es lo que parece. Julie y August no se conocían
antes de aliarse para morir juntos. Mientras la vida
agonizaba de tedio en una soleada playa otoñal,
ambos se habían comunicado chateando por Internet.
Y a través de este medio –que dicho sea
de paso, estaría engendrando muchedumbres de
excitados autistas acordaron su inmolación.
Pero la hora de la verdad es vacilante y el paisaje
encierra flagrantes incongruencias. ¿Qué
pinta un cactus en ese territorio nórdico?
¿Qué pintan unos enmascarados con la
cintura cargada de explosivos correteando a espaldas
de los jovenes suicidas?
Bauersima, arquitecto, músico
y autor teatral afincado en Suiza, representante de
un surrealismo alemán alucinante y rompedor,
nos lo pone difícil. Y, por su parte, la directora
germano-catalana Christina Schmutz acaba de complicar
el cuento. El Norte y el Sur se interfieren mutuamente
en “Norway.Today”. Julie y August pueden
ser, también, los misteriosos terroristas extraviados
en un tórrido desierto, ignorantes de la misión
que se les habrá de encomendar. Dos historias,
pues, se mezclan aquí en un juego disparatado
que en sus momentos de calma parece evocar a Beckett
y en los más convulsos, las rupturas y los
cataclismos escénicos del teatro Dadá.
Ni cuarta pared ni gaitas: la ficción
es destruida por la propia realidad. Así, August
tiene frío y le pide al público un jersey,
con insistencia, hasta que lo consigue. Y en la calle,
el dueño de un dromedario golpea las puertas
del teatro logrando al fin introducir el animal (cartón
“mâché”) hasta el escenario.
Lo dicho: puro surrealismo.
Al programar “Norway. Today”,
el Espai Brossa hace honor a su vocación. Ningún
lugar mejor podía albergar ese experimento
que nos acerca a un nuevo lenguaje centroeuropeo del
que aquí apenas nada se sabe. Lamentablemente,
ese interés no se corresponde con una adecuada
manufactura de la propuesta. Hay titubeos, instantes
vacíos y muchos movimientos toscos en la representación.
Los intérpretes, además, respiran una
inocencia, una “adolescencia” profesional
muy acusada –Àlex Mañas bastante
más que Vanessa Torres– y, en este sentido,
la autoridad de Christina Schmutz brilla por su ausencia.
“Norway. Today” es un
buen guión al que le falta mucho pulimento.
La directora, en cambio, nos da una clave certera:
“Todo aquí es virtual. Es la realidad
de Internet como paradigma de una paradoja geográfica
e histórica”. Es decir: es el uso irracional
de la red, el caos convertido en el líquido
amniótico que envuelve a la llamada “generación
web” a punto de nacer. Quizá haya nacido
ya.
Fuente
- La Vanguardia
Septiembre
- 2003
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