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Continúa el XI Festival Latinoamericano de Monólogo.

 DSC6054Por Max Barbosa para www.TeatroenMiami.com

Fotos: Miguel Pascual

 

El XI Festival Latinoamericano del Monólogo continuó el pasado domingo con la presentación de las siguientes actuaciones: el dominicano Junior A. Ventura en Después de los 40, con texto y dirección a su cargo; José Gregorio Parra, venezolano, interpretó La leyenda del horcón, escrita por Juan Pablo López, bajo la dirección de Osvaldo Strongoli; de Argentina, Alejandra Corujo narró Nostradamus, el estado del tiempo del escritor Jorge Carrigán, dirigida por  Vivian Morales; e Isaniel Rojas, también de Venezuela, actuó El perdedor del dramaturgo José Abreu Felippe con la dirección de Juan Roca.


Obvio referirme a las dos primeras por la total ausencia de elementos teatrales que pudieran considerar dichas apariciones como teatro en la mínima expresión del término.


Un acierto la introducción de los monólogos por personajes pertenecientes al repertorio de Havanafama. En este caso Christian Ocón incorporó a Pene Crudo de la obra homónima de Raúl de Cárdenas. Pícaro personaje que a través de su jocosidad hasta promueve los artículos que están a la venta en el vestíbulo para recaudar fondos para la compañía.


La puesta en escena de Nostradamus… evidenció las dificultades que entraña el monólogo cuando el montaje carece de imaginación escénica por parte del director. En este caso la actriz se limitó a contarle al público, frente a frente, exclusivamente, sus vicisitudes por ser reportera del tiempo en un canal de televisión. Quizás el texto no da para más porque lo que expone o de la forma que lo hace es intrascendente. ¿ Quién se sorprende en este país cuándo una mujer entra sola a un bar aunque sea una popular reportera? ¿Quién desconoce que ellas están en función de la imagen que provoque teleaudiencia como vestir faldas cortas o mostrar senos abultados aunque sean artificiales? Por tanto: del feminismo al antifeminismo.


Sin embargo, El perdedor mostró la teatralidad que hace de una puesta precisamente eso, teatro. A partir de una posición fetal, desnudo (justificado, por cierto), arriba de una plataforma, con una luz cenital sobre él, creando una atmósfera claro-oscura, Isaniel Rojas inicia su actuación para dar a conocer las dos violaciones que sufrió por parte de Clara y Rafael. “Fantasmas de la memoria”, dijo. Sólo un manto blanco lo cubrirá posteriormente, manto que tiene un hueco por donde introduce su cabeza, sugiriendo - entre las lecturas posibles-, la dependencia del personaje de esa tela que bien pudiera ser una institución social o la sociedad misma. A veces parecía un crucificado al levantar sus dos brazos paralelamente. Otras, al recordar las sensaciones que experimentó, un ser andrógino debido a  las acciones y caracterización físicas. Pero el instante que más me impresionó es cuando el personaje dice su edad, sesenta y cinco años; Isaniel tiene, creo, menos de cuarenta. Sin estar maquillado para aparentar dicha edad, ¿cómo no resultó increíble esa declaración? Por la incorporación de movimientos lentos y otra tonalidad vocal. Isaniel no acudió al cliché de vejez tan socorrido por muchos actores. A mi modo de ver, recomiendo una relectura del texto para enriquecer la actuación en cuanto a interpretación propiamente dicha.


El XI Festival Latinoamericano del Monólogo sigue hasta el 29 de febrero.

 


 

 

 

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