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max barbosaMax Barbosa (Palma Soriano, Santiago de Cuba)

Licenciado en Letras por la Universidad de Oriente. Integró los elencos de las agrupaciones Teatro Juvenil de La Habana y las Brigadas Artísticas Francisco Covarrubias. Laboró durante diez años en TeleRebelde - hoy TeleTurquino-, Santiago de Cuba, como actor, escritor y conductor del programa La Trova Santiaguera.
Incursionó en la actuación radial en la emisora provincial CMKC. Reside en Miami desde 1994. Aquí ha escrito para varias publicaciones locales, entre estas, La Voz Católica, El Nuevo Herald, Éxito, mundolatino.com (New York) y cubaencuentro.com (Madrid) y para TeatroenMiami.com desde siempre.

419715 538082406212503_1674197547_nPor Max Barbosa - www.TeatroenMiami.com

Fotos:  Alfredo Armas

 

Liliam Vega decidió llevar a escena Un tranvía llamado deseo mucho antes del 26 de febrero pasado, fecha en la que se cumplió treinta años del fallecimiento de Tennessee Williams (1911-1983). Es más, dicha efemérides no influyó en su interés por la obra mencionada porque lo que sólo le interesa es crear un tranvía diferente, original. Como es costumbre, Raquel Carrió asumió la reescritura a partir del original. Liliam dirige El Ingenio Teatro en Miami. Raquel es profesora  del Instituto Superior de Arte habanero; dramaturga, además; teorizante del teatro, también. El estreno es el próximo día 8 en el Teatro Trail a las 8 pm.

 

Con Liliam:

 ¿Incluyes algún nuevo integrante en el elenco?

Sí,  Diana Quijano. Ella interpreta a Blanche. Hace tiempo que admiro y respeto su trabajo. Enseguida pensé en ella para el personaje. Es una actriz increíblemente talentosa, trabajadora y disciplinada. Bella, profunda como Blanche. Con el resto de los actores he trabajado en otros montajes. Ellos son, Gabriel Porras, Rosalinda Rodríguez, Jorge Alvarez, Marta Velasco, Rocío Carmona, Luis Nalerio, Lucas Ackerman y Francisco Delgado.

 

563777 538075619546515_1080559560_n¿Por qué esta obra?

Amor a primera vista. Cuando estábamos montando Bodas de Sangre observé a los actores y pensé: el Tranvía es para ellos.

 

Sonya Smith interpreta a La mexicana, un personaje muy diferente a los que generalmente incorpora en televisión.

Le cambiamos el nombre, se llama: Gitana. No queremos asociarla con ninguna nacionalidad en particular. Sonya deseaba hacer algo diferente y decidí que realizara este personaje. Sólo una actriz como ella puede hacerlo crecer y desarrollar en la forma que lo ha hecho. Es una actriz extraordinariamente estudiosa, detallista con su trabajo. Sufre una gran transformación física, se adentra en la piel de una mujer enigmática, llena de símbolos y augurios que van tejiendo los hilos de toda la historia.

 

¿Qué pretendes con la puesta en escena de una obra tan conocida?

Nunca pretendo nada específico con ninguna puesta. El montaje se va armando poco a poco debido a asociaciones, estudios, procesos de acumulaciones, estados del alma, pero, sobre todo, es el resultado de un trabajo de grupo dLurante dos meses en los que hemos llorado, reído y sacrificado un pedacito de nuestro tiempo y de nuestro corazón en aras de lo que más amamos : el teatro.

 

 El equipo de realización

La música es del grupo Picadillo. Su director, Héctor Agüero, ha sido nuestro compositor por muchos años. La música es como un viaje de New Orleans a la Habana.También tiene influencias de nuestras raíces españolas y africanas. Creo que actualiza la puesta, le da fuerza,  vida y afianza todos sus valores. El diseño de luces es del gran artista Ricardo Rodríguez que ess el encargado de interpretar mis sueños. En una puesta en la que no existe escenografía y apelamos al espacio vacío, la luz es un personaje importante que define y matiza los sentimientos de los personajes. Es una puesta atemporal y la luz ayuda a imaginarnos los espacios y lugares donde se desarrolla. Cuento con Francisco Porras en la asistencia de dirección. Rubén Romeu en la coreografía y Juliana Ardito en el vestuario. Ellos completan y hacen posible la magia de nuestra propuesta.

 

 

Con Raquel:

Si alguna vez uno ha visitado Nueva Orleáns ya no puede leer el Tranvía… sin escuchar el sonido que tanto atormentara a Blanche Du Bois. Y es que la real escenografía de la obra de Williams no está en los decorados ni en los objetos, sino en el alma y el impulso secreto, visceral, de los personajes. Nueva Orleáns – el Sur- es el espacio natural de esta historia, tanto como Blanche respira el aire de Belle Reve en cada palabra o cada gesto. En otras palabras, la Ciudad es un estado del alma, una condición del ser. Y algo similar ocurre cuando uno ha visto la película de Elia Kazan. Ya no puede leer de otra forma el Tranvía… que imaginando a Marlon Brando en su postura de salvaje o a Vivian Leigh con su mirada entre ingenua y perversa. Es que en tiempos del Tranvía… se dio esa feliz coincidencia de una dramaturgia, un teatro y una cinematografía que supieron traspasar las fronteras entre lo literario y lo escénico para lograr una perfecta confluencia de la palabra y la imagen. Entre otras cosas, eso hizo del Tranvía… un mito indiscutible.


Y sin embargo, re- visitar un mito significa algo más que reproducir su literalidad o su teatralidad. Significa también una apropiación de su sentido (y de sus formas) para indagar en un lenguaje que lo acerque a nuestra contemporaneidad. De hecho, un mito lo es cuando permite lecturas abiertas que generen un diálogo con los espectadores de otro tiempo. De esas variaciones y diferencias (a partir del canon que propone el texto) se ha nutrido esta adaptación del Tranvía… en que se puede prescindir de toda escenografía porque está adentro de los personajes; se puede variar la sonoridad e incluso transformar los diálogos en la búsqueda de un lenguaje que a veces apela a la cita (del texto o del film), a la sonrisa cómplice, la ironía, el juego o la parodia ante imágenes iconizadas –prefijadas- de los personajes. Pero curiosamente, la esencia del relato sigue en pie. Quizás, porque todos llevamos dentro un Kowalski, una Stella, una Blanche, un Mitch, una Eunice, un Joven Suicida, una Emigrante, y todos, también, la arrasadora condición del Deseo y la Nostalgia por la juventud y el tiempo perdidos.


En cierta forma, la imagen del Tranvía… es eso: algo que pasa rápido y deja una extraña sensación de vacío, de fugacidad; pero a la vez, de intensidad y fuego en el alma que nos quema. 

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