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El teatro y la representación II

virgilio-pineraOlga Connor - El Nuevo Herald

Concluimos hoy esta memoria del coloquio que sostuvimos con los amigos del dramaturgo y poeta Virgilio Piñera, para conmemorar el centenario de su nacimiento, como parte del congreso Teoría y práctica del teatro cubano en el exilio: celebrando a Virgilio, que se llevó a cabo en la Universidad de Miami.

 

De las “locuras” de Virgilio se acordaron todos los allí reunidos. José Triana, de 23 años de edad cuando lo conoció (en 1954), contó que se encontró con él un día en casa de José (Pepe) Rodríguez Feo, quien era muy amigo del poeta y también su mecenas -como lo fue de la revista Orígenes y de Ciclón. Lo invitaron a ir al día siguiente a la Catedral de La Habana. Virgilio decía que él tenía ensoñaciones con la Catedral. Cuando llegaron, Virgilio sacó una brocha de afeitar y comenzó a brocharse, mientras danzaba por todas las naves de la iglesia, como un ejercicio grandioso, y comportándose de modo “altamente teatral”, como confesó que era su estilo en el prólogo a su Teatro completo(1960, Ediciones R).

 

Según sus amigos, Virgilio no poseía libros, pero leía mucho, y lo recordaba todo de memoria, aunque, curiosamente, su pasatiempo favorito era jugar canasta. Cuando se estrenó Aire frío, en 1962, la actriz Laura Zarrabeitia, en el papel de Ana, la madre, notó que “se percibía en él su inseguridad”. Pero ya en 1960 escribió que Aire fríole preocupaba, porque era poner al desnudo a su propia familia: “de acuerdo con un elemental código de honor, no tengo el derecho a levantar el velo del templo familiar”, escribió. “Pero…”, continuó escribiendo. Y ese “pero” literario le llevó a crear la obra que consideró la mejor que había escrito.

 

Zarrabeitia recuerda hasta el retumbar de los tablones que habían colocado en el Malecón para aminorar el tráfico y que se oían desde la sala. Ella y la actriz Teresa María Rojas visualizaron a Virgilio como espectador silencioso, una lucecita que se notaba en el teatro oscuro, fumando durante los ensayos.

 

El moderador del coloquio, Luis González Cruz, expuso memorias de un Virgilio más austero. (Lo conoció de modo inusual: le administraba inyecciones como técnico, dos o tres veces a la semana, desde 1962, “durante largo tiempo”). En el congreso, González Cruz presentó la ponencia Virgilio Piñera en la encrucijada de la Revolución, en la que opinó que la reacción de Virgilio fue valiente -de pie y diciendo que tenía mucho miedo- ante la arenga de Castro a los intelectuales, en 1961, planteando que no podía existir nada fuera de la Revolución.

 

“Piñera no fue ni débil ni cobarde”, afirmó González Cruz. “Era, por el contrario, un hombre estoico, que jamás traicionó la justicia y la honestidad en que creía”. Analizando las obras de Virgilio recordó que ya en 1959, en el periódico Hoy, Mirta Aguirre le criticaba la “ambigüedad y negatividad” en el mensaje político de la obra El gordo y el flaco. Aun antes, en 1955 se había publicado, en la revista Ciclón, Los siervos, una crítica feroz al comunismo en Rusia. Nunca más se republicó ni se puso en escena. En 1971 terminó otra obra, Un arropamiento sartorial en la caverna platónica, enviada a su hermano Humberto en el exilio, donde el juego, según González Cruz, es decir las palabras al revés y usar caretas para poder subsistir. Un juego absurdo que se conoce muy bien en Cuba y que Virgilio supo captar de modo muy real.• 

 

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