Category: Teatro
Chely Lima - El Nuevo HeraldCalígula fue publicada por primera vez en mayo de 1944 y estrenada en 1945 -oportunidad en la que introdujo al legendario actor Gérard Philipe-, y por más que ha llovido mucho desde entonces, resulta sobrecogedor comprobar la actualidad del tema, de modo que el primer logro que se le puede reconocer a El Público es haber mantenido dentro de su repertorio una obra que continúa siendo imprescindible.
Si bien las fotos de promoción hacían esperar una puesta mucho más osada visualmente, Carlos Díaz, a quien se debe la dirección y adaptación de la pieza de Camus, consigue sobrecogernos con una versión cargada de sensualidad y violencia, donde las ambigüedades del travestismo no son sino una faceta más de cuanto aparece invertido en esta lóbrega historia, en la que un ser débil y delirante se erige en portador del máximo poder, transforma la honestidad en hipocresía y el valor en obediencia ciega gracias a su ego hipertrofiado, y vuelca las máximas de corrupción y locura en consignas incontestables.
Un elenco notable da vida al tirano y a los personajes que se agitan como trágicas marionetas a su alrededor; Fernando Hechavarría campa a sus anchas en la piel del emperador, trazando con sabia sutileza sus cambios de humor y de tono. Carlos Caballero aporta a Helicón un solapado toque de lo canallesco cubano que lo planta en nuestros días, sin perder la universalidad ni la atemporalidad del tipo. En cuanto a Broselianda Hernández, quien da vida en escena al joven poeta Escipión, amante de Calígula, la calidad de su desempeño confirma una vez más su pericia a la hora de asumir caracteres en los cuales la carta de triunfo es justo profundizar a partir de la frugalidad de recursos interpretativos.
Una Cesonia admirable por parte de Ysmercy Salomón, un mesurado Quereas de Osvaldo Doimeadiós, y un cuidadoso trazado de personajes a cargo de Yeyé Báez, Yanier Palmero, Javier Fano, Yerandi Basart y Carlos Riverón, quienes encarnan a los resentidos patricios que se querellan contra los excesos del emperador, completan la lista de actuaciones.
Otro aspecto a celebrar en esta puesta de Teatro El Público es el vestuario, diseñado por Carlos Díaz y Vladimir Cuenca, que no solo destaca por su irreprochable buen gusto, sino porque además se ajusta a la esencia de cada personaje de un modo tal que convierte los ropajes en atributos que retratan el arquetipo particular que los habita.
Por allá por 1887 el historiador británico Lord Acton escribió: Power tends to corrupt, and absolute power corrupts absolutely (esto es: El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente); el Calígula de Camus, remozado por la brillante puesta de El Público, es un recordatorio eficaz de la vigencia que continúa teniendo en nuestros días la célebre frase. •