Category: Teatro
Por Luis de la Paz | Diario Las Américas
Infieles en el Wolfson Campus y El libro de Ruth en el North Campus, son las dos propuestas que el Miami Dade College (MDC) presenta en extremos opuestos de la ciudad, con condiciones y foros diferentes, pero como parte del interés de la institución educacional por las artes. La primera obra se sitúa como parte del XXVII Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami. La otra, se inserta plenamente en el grupo de estudiantes que integran Actors Arena, un taller de formación actoral.
Infieles obra del dramaturgo chileno Marco Antonio de la Parra, bajo la dirección de Ernest Figueroa constituye el primer estreno de La Compañía Prometeo como grupo profesional, significativo paso de avance para una entidad que se esmera en la capacitación de estudiantes.
Ambientada en Santiago de Chile, y con la dictadura de Augusto Pinochet como trasfondo, cuatro personajes muestran las marcas físicas y sicológicas que el régimen dejó en ellos, a través de torturas, desapariciones, separación familiar y exilio. Sin embargo en su conjunto la obra no es un alegato político, sino una historia de amor, más bien de desamor provocado, en parte, por la dispersión que impuso el golpe militar y la desbandada de los perseguidos políticos.
La obra comienza en la morgue, y realiza un giro al pasado, hasta que finalmente retorna al punto inicial y se aclara la anunciada muerte. Quizás el impacto de esta propuesta esté en el conjunto, más que en los detalles.
Tres objetos móviles que cumplen diferentes funciones y varias cortinas blancas transparentes que se corren y descorren a lo largo del montaje, proporcionan la atmósfera y crean el marco para los encuentros y desencuentros que determinan los distintos niveles narrativos: Felipe, militante de izquierda que aspira al éxito como poeta, convive con Daniela, su esposa. Por su parte Carlos y Andrea regresan a Chile después de años de exilio. Este regreso marca el reencuetro entre Felipe y Andrea, que tiempo atrás habían tenido cierto romance.
Los celos hacen que Carlos ponga un detective para vigilar a su mujer y descubrir que le es infiel. A su vez, Carlos corteja a Daniela. En medio de esta barahúnda de conquistas y enredos de faldas, salen a relucir historias personales, falsos exilios como el de Andrea, que se decía estaba en uno de los países socialistas de la época y en realidad estaba en París.
Esta propuesta interpretada por estudiantes graduados del programa de formación actoral de Prometeo, independizados ya como La Compañía Prometeo, demuestra que algunos de estos ex alumnos están realmente un paso más allá de su condición de estudiantes. Las actuaciones en su conjunto marcaron un buen ritmo escénico, en particular Cristina Ferrari como Andrea y Boris Roa como Felipe. Discreta estuvo Hannah Ghelman como Daniela y Guillermo Pérez estuvo bien como Carlos, aunque por momentos se le notaba inseguro.
La obra explora los remezones que la vida provoca en los seres humanos que se ven forzados a vivir en circunstancias extremas, y cómo el paso del tiempo, la separación y el exilio, obligan a tomar caminos y asumir realidades no siempre deseadas. Sin embargo, por ser la infidelidad la clave de esta obra, se resiente la falta de contacto físico entre los personajes. En su conjunto el montaje es bastante fluido, el movimiento con los objetos y las cortinas delimitan claramente secuencias, espacios y situaciones, lo que realza el trabajo del director Ernest Figueroa, destacando el conjunto escenográfico de Jorge Noa y Pedro Balmaceda, que ya se proyectan como un binomio perfecto, como una nueva generación de escenógrafos destacados.
Sin duda Infieles marca para La compañía Prometeo, un buen inicio.
El libro de Ruth
El espacioso escenario del William & Joan Lehman Theatre en el North Campus del MDC, facilita el movimiento para que una docena de actores interpreten El libro de Ruth, obra del dramaturgo argentino Mario Diament, bajo la dirección del cubano Max Ferrá.
Se trata de un texto conmovedor, donde literalmente se cuenta los avatares de Ruth, una mujer, polaca de ascendencia judía, que se ve forzada a emigrar a Argentina huyendo de la persecución nazi, desde su infancia hasta la vejez.
Uno de los aciertos de esta puesta es el manejo de los personajes. Las cuatro Ruth: niña, adolescente, madura y vieja, convergen e interactúan en escena al mismo tiempo. Ruth ya anciana y desmemoriada, llega al ático de la casa a buscar algo, pero no recuerda qué. Sin embargo, la visita al lugar y el tropiezo con trastos viejos, la traslada a Varsovia, a su Polonia natal. De entre los objetos van saliendo los distintos personajes, algo que visualmente resulta muy atractiva.
La obra en realidad promete mucho más de lo que ofrece. Quizás su extensión, dos actos que totalizan 2 horas 15 minutos (incluso el segundo es más largo que el primero) conduce a sensiblería y redundante situaciones que más bien dispersan. Un trabajo de edición, capaz de condensar situaciones, como el tema del cáncer de mama, las largas cartas que se leen y la escena del show del payaso, es recomendable para agilizar la puesta y centrarse en lo primordial, que es la tragedia de una familia de emigrantes y en particular de Ruth ya vieja y casi al final de sus días.
En la puesta destaca la escenografía de Alejandro Galindo, la ambientación del ático está muy bien lograda, con un detalle de luz muy preciso. El movimiento escénico es eficaz tomando en cuenta las dimensiones del escenario, que obliga a largos desplazamientos de un lado a otro, al igual que las actuaciones, en particular la de Lizaida Mansito como Mamucha, quien desarrolla su personaje con atinada sobriedad. En general las cuatro Ruth manejan bien sus textos, destacando Vanessa Zolari como Ruth vieja, Esmeralda Velázquez que se desenvuelve con simpatía como la joven Ruth y Karla Hurtado como Ruth mujer. El papel de niña lo hace con gracia Stephanie Valdivia.
A pesar de tratarse de estudiantes en pleno desarrollo (algunos evidentemente tienen más experiencia que otros), logran un equilibrio actoral bastante aceptable, algo que no es fácil cuando se trata de alumnos en pleno aprendizaje. En general Máx Ferrá mueve con habilidad a los actores, que se manifiestan con discreción y deseos de trabajar.