Category: Teatro
Arturo Arias-Polo - El Nuevo Herald
Me atrevo a afirmar que Miami es la ciudad donde existe la mayor actividad teatral en español en Estados Unidos. Sin contar los espectáculos musicales y danzarios, el número de notas sobre los estrenos de comedias, dramas y unipersonales que publico semanalmente sobrepasan el centenar al año.
Todos los años, en Miami, se celebran el Festival Internacional de Teatro Hispano, el TemFest, el Festival Latinoamericano del Monólogo Teatro a una Voz y el Festival de Teatro de Pequeño Formato; y en lo que va del 2012 se han presentado dos ediciones del Microteatro del Centro Cultural Español. Además, se realizan temporadas fijas y presentaciones de última hora que suelen abarrotar los teatros.
Por si fuera poco, se publican críticas en la prensa escrita y digital y, con frecuencia, los teatristas son invitados a los programas de radio.
Sin embargo, pienso que la ciudad dista mucho de ser una verdadera plaza teatral.
¿Qué más le hace falta, si hay academias, estudios de televisión que se nutren de talentos de la escena y se celebran conferencias y encuentros teóricos dedicados al quehacer teatral?
Para confrontar mi opinión conversé con un grupo heterogéneo de teatristas del patio en el cual encontré respuestas de todo tipo. Entre ellas, la de la actriz y pedagoga Teresa María Rojas, que se mostró optimista ante el empuje de “muchos jóvenes audaces de nuestra ciudad”, tras afirmar que “dedicarse al teatro, en cualquier sitio del mundo, es vivir tratando de alcanzar lo inalcanzable”.
Por otra parte, Yoshvani Medina destacó que el teatro en Miami “cuenta con salas, estrenos y el respaldo del público joven, pero aún debe seducir a las grandes y pequeñas empresas para que inviertan en él”.
Pero el veterano actor y director Marcos Casanova no fue tan triunfalista como el director de ArtSpoken y señaló que “los costos de producción, el escaso respaldo de las autoridades y la falta de acceso a los medios” impiden el desarrollo del teatro.
Pese al exitoso resurgimiento del Teatro Trail, la actriz Marisol Correa, su directora, piensa que “aunque nos consideramos la capital hispana de Latinoamérica, la mayoría de sus residentes va de paso, un hecho que impide la formación de un público fijo con un sentido de pertenencia”.
Calero coincide con algunos de sus colegas en que no se puede sobrevivir vendiendo boletos a $25, ni pagando los mismos impuestos que los concesionarios de autos que generan millones. “¡Y ni qué decir de los costos de publicidad!”
“Miami es una plaza teatral”, sostiene Juan Roca, fundador y director de Havanafama, tras asegurar que si bien nuestra ciudad supera a Los Angeles en la cantidad de compañías que hacen teatro en español, “a los teatristas nos corresponde atraer al público con obras de calidad”.
Otro veterano de las tablas, Pedrito Román, de A.L.B.A., se queja de que las organizaciones no lucrativas, como la suya, carezcan de ayuda de los gobiernos locales y tengan que asumir todos los gastos de producción, que oscilan entre $7,000 y $80,000. Tampoco pueden pagar anuncios en los medios. “No basta con que algunos políticos compren funciones al mismo precio que le damos a los comedores comunitarios. Lo que hace falta es que exista un capítulo dedicado a la cultura”, recalcó.
La actriz Sandra García, directora de Teatro en Miami Studio, fue más allá y dijo que no se puede hablar del futuro si no se educa en el presente. De ahí que ella y su esposo, el teatrista Ernesto García, combinen sus temporadas con la enseñanza teatral. “El teatro sólo puede tener futuro si hay iniciación y quijotismo. De otra manera sería un arte hueco y moribundo”, subrayó.
Pili de la Rosa, de Pro Arte Grateli, añora la época de bonanza, allá por los años 60 y 70, “cuando el público llenaba las salas de Miami” y su compañía podía hacer una producción al mes. “El teatro en español perdió la fuerza que tenía años atrás”, precisó.
En su contra, Miguel Sahid, del Teatro Ocho, esgrimió que el incremento del público joven a los espectáculos, la variedad de géneros y la constante afluencia de actores hispanos a la ciudad que encuentran oportunidades en los escenarios, demuestra que, pese a que “el teatro no da para vivir, están pasando muchas cosas en nuestras salas”.
El hecho de que Miami sea una ciudad dispersa cuya población hispana proviene de múltiples países no ayuda a que el trabajo de los teatristas tenga la misma repercusión en todas las comunidades. Al menos, ésa es una de las razones que esgrime el director Manuel Mendoza, quien se ha propuesto “domesticar al público” con sus espectáculos picarescos que repletan el Trail. “Las autoridades ignoran el potencial de esta ciudad. Si los turistas supieran que aquí se hace teatro en español Miami no sólo sería un destino para comprar y bañarse en la playa”.
“Miami ha mejorado, aunque no existe la fórmula mágica para atraer al público”, respondió Mario Ernesto Sánchez, de Teatro Avante. “Para que el teatro se convierta en una necesidad tenemos que producir obras que merezcan la pena y educar al público del futuro, una tarea difícil cuando se eliminan los fondos para los programas de arte y la enseñanza del español”.•