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anorado-encuentroÁngel Cuadra | Diario Las Américas


Una verdadera concertación hispanoamericana se viene llevando a efecto en el XII Festival del Monólogo, en los escenarios de Havanafama, en el S.W. de esta ciudad de Miami. Casi todas las comunidades de emigrados de Hispanoamérica están representadas, ya por los autores de las obras presentadas, ya por los muchos actores que intervienen en ellas. Selecciono cuatro destacados monólogos para unos breves comentarios críticos.


En la obra “Añorado Encuentro”, del autor cubano Alejandro Galindo, regresó una estrella a la escena de Miami: se trata de Juanita Baró, quien, al marcharse de Cuba, dejaba detrás una estela de éxitos en las artes escénicas, en especial en la danza –llamémosle “afro”–, estilizada en una forma de danza moderna.


Con su intervención en este monólogo, Juanita Baró, después de algunos años en otros Estados y ciudades de este país, regresa a esta plaza. Con la imagen de la Caridad del Cobre al fondo del escenario, una mujer negra o mestiza se queja con la Virgen porque su marido o amante la dejó por otra más joven. Juanita muestra con gracia, alternativas del llanto a la risa, en el tipo de habla de la gente más humilde de la sociedad. El anunciado regreso de su arrepentido marido, se convierte en música de alegría, que da la ocasión a la artista para ejecutar una danza de su especialidad, en la que Juanita se desenvuelve magistralmente.


corazon-delatadorOtro monólogo que escojo es “Corazón Delatador”. Se trata de un cuento de Edgar Allan Poe, que interpretó el actor ecuatoriano Julio Lousav, quien caracterizó bien el papel de un enajenado, obsesivo compulsivo que, atormentado por el ojo inmóvil de un anciano, lo asesina; pero un incontrolable remordimiento lo hace confesar a la policía su crimen.


El actor se vale de varios elementos accesorios. Se acompaña con guitarra canciones populares norteamericanas, y logra, con humor negro, motivar la risa del público.


Otro de los monólogos que quiero señalar es el titulado “Llevo una semana rezando para que te mueras”, que interpretó la actriz cubana Tamara Melián. El autor de la obra es José Abreu Felippe, escritor cubano destacado en varios géneros y reconocida personalidad literaria en la comunidad cubanoamericana.


Una mujer, ya anciana, vela a su esposo que yace en estado de coma en el hospital. Ella quisiera que aquél ya falleciera para no seguir sufriendo inútilmente. Dialoga con el moribundo; recuerda cosas vividas en común, en el pasado; transiciones de la vejez a la juventud, llevan a la actriz Tamara Melián, con sólo gestos de expresión corporal y entonación en dos discursos, a transformarse de anciana en joven plena de energía, lo cual logra con éxito.


rezandoDe súbito el moribundo ha desaparecido de su lecho; todo cambia para la desorientada anciana. Entra en el local un enfermero, o loquero, que se acerca a la anciana, llevando una especie de manta, con la que la envuelve. En fin, no había ningún moribundo, ni sala de hospital. Todo fue enajenación: estábamos en un manicomio.


Buena la puesta en escena, en general. Pero opino que para finalizar, se debió buscar una solución escénica más adecuada a la crisis de locura en la que cae la anciana, para culminar este buen monólogo.


Finalmente, señaló el monólogo “El hombre de la rata”. Su autor, Gilberto Pinto; obra que interpretó el actor venezolano Pedro Pablo Porras en el que hay que señalar su buen trabajo en cuanto a actuación, pasando de la comicidad hasta la velada crítica social, y de la banalidad a cosas más profundas de la condición humana.


El personaje recuerda que tenía una rata domesticada, y luego que ésta creció, lo abandonó. En esta simbología, el personaje encuentra ocasión para filosofar sobre aspectos que trascienden la cotidianidad, lo cual realiza con eficacia este joven actor venezolano recién radicado en ésta, ya cosmopolita, ciudad de Miami.

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