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gas en los poros juliodelanuez 11José Abreu Felippe - El Nuevo Herald

El 27 de noviembre del año 1961 se estrenó en La Habana, Gas en los poros, de Matías Montes Huidobro (Sagua la Grande, 1931), bajo la dirección de Francisco Morín y con dos magníficas actrices, Parmenia Silva y Verónica Lynn. Ese mismo día partía su autor al exilio sin poder asistir al estreno. Esos primeros años, posteriores a 1959, fueron muy convulsos y de gran efervescencia. Pero también fue un momento de cierto auge en la dramaturgia cubana donde se dieron a conocer muchos autores, varios de los cuales, posteriormente llegarían a estrenar obras de gran solidez, en la isla y en el exilio. Más de una decena de ellos, incluido Montes Huidobro, aparecían en la antología Teatro Cubano en un Acto (Ediciones R, 1963) de Rine Leal.

En noviembre de este año se cumplirán 55 años del estreno mundial de Gas en los poros y es por tal motivo que Artefactus Cultural Project lo está celebrando desde ya con un nuevo montaje, bajo la dirección de Eddy Díaz Souza. Esta reposición de la obra, más de medio siglo después de su estreno mundial, permite valorar una pieza, que por sus cualidades intrínsecas, no ha envejecido. Aunque muchas de las obras que se hicieron entonces, incluidas algunas del propio Montes Huidobro, resaltaban los males del pasado inmediato, republicano, y expresaban de una manera directa o indirecta su rechazo al mismo, Gas en los poros –y esto se palpa con más claridad desde la perspectiva actual–, se mueve dentro de una atmósfera cargada de símbolos, que la despojan de tiempo y lugar, para ceñirla a la eterna batalla del individuo solitario contra el poder absoluto. Cualquier poder. En este caso es la rebelión de La Hija contra La Madre –que bien puede representar la opresión del amo contra el esclavo o la de una tiranía, no importa el color–, y que en un momento clave le llega a expresar a La Hija: “¡Tu libertad no te será fácil!”.

La anécdota, al parecer sencilla, podría resumirse así: una familia compuesta por una madre y su hija se ven en la necesidad de alquilar el sótano de la casa donde viven a las instancias del poder, militares o políticos, para sobrevivir económicamente. Y ese podría ser el primer elemento del absurdo que se filtra en la trama, porque qué necesidad tiene el poder imperante, con cuarteles y estaciones de policía a su disposición, de alquilar un lugar para sus tropelías. Así, se establece un juego intemporal entre ambas mujeres que contrapone pasado y presente, realidad y fantasía. Encierro, angustia, agobio, crueldad, dolor, recuerdos, gravitan en el cuadrado que delimita el espacio escénico, mientras La Madre, magistralmente interpretada por la primerísima actriz Daysi Fontao, cerrada en negro, sublime en su papel, lleva las riendas de este enfrentamiento con La Hija, asumida con gran despliegue dramático por Belkis Proenza que se crece en el desafío de su privada rebelión, para universalizarla.


FOTOS JULIO DE LA NUEZ


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