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Historias de amor dinero y sexo -  Patrick Farrell José Abreu Felippe - El Nuevo Herald

Tres cuentos seleccionados de El Decamerón de Giovanni Boccaccio (1313-1375), adaptados por Jorge Carrigan, conforman el espectáculo Historias de amor, dinero y sexo, dirigido por Juan Roca. Se cuenta que la peste que asoló la hermosa ciudad de Florencia en 1348 inspiró a Boccaccio su libro más famoso y por el cual, sin duda alguna, se le conoce. Son cien cuentos en dialecto florentino, de desigual extensión, escritos entre ese mismo año –algunos estudiosos de su obra sitúan el comienzo en 1351– y 1353. La estructura es bien ingeniosa, diez jóvenes –tres hombres y siete mujeres– que huyen de la peste se reúnen en una villa apartada donde permanecen dos semanas. En ese tiempo dedican diez días –de ahí el título de la obra, que significa precisamente, diez días–, cinco cada semana, a contar historias para pasar el tiempo. Los temas son diversos, van del drama a la comedia, con amores prohibidos e intrigas cortesanas, pero a mi modo de ver prevalece la picaresca y la sátira, mientras que de paso se describen las costumbres y el modo de ser y de vivir de toda una época.

Estas historias, debido en gran medida a su valor literario, han ejercido, y ejercen, significativa influencia (por ejemplo, Los cuentos de Canterbury de Geoffrey Chaucer, que fueron llevados al cine, al igual que El Decamerón, magistralmente, por Pasolini) a pesar del paso del tiempo, ya que no han envejecido nada. En Miami se han hecho varias adaptaciones teatrales, algunas muy exitosas y memorables como Nosotros pecadores de Rolando Moreno, con un grupo de jóvenes y talentosos actores. Ahora Carrigan presenta tres historias a las que nombra El mudo, El manzano y La cuna, inspiradas, como ya dije, en otras tantas del famoso libro.

Arropados en una bella y funcional escenografía de David Ponce y el propio director, que remite a la época con sencillez y maestría, las tres historias tienen a una “bruja” (Cindy Pérez) de hilo conductor y de enlace. En El Mudo, un paisano llamado Masetto (Isaniel Rojas) se entera por casualidad de que en un convento cercano están necesitando de un hombre para que se ocupe de diversas labores. Así, haciéndose pasar por sordomudo, medio tonto y contrahecho, se presenta al lugar y consigue el visto bueno de la Madre Superiora. Pero la presencia del mozo pronto despierta la libido de las mujeres allí recluidas y comienzan las venturas (y desventuras) del avispado labriego. Las actuaciones en este divertido cuento son todas muy buenas, pero destacan la de Rojas, un actor muy seguro y versátil, como El Mudo, y la de Alicita Lora como La Abadesa.

En El manzano, Lidia (Yumi Palacios), una joven dama está obsesionada con Pirro (Carlos Bueno), un mancebo que no es de su realeza, pero que también es joven y hermoso y nada tiene que ver con su achacoso marido Nicóstrasto (Isaniel Rojas). Valiéndose de Luzca (Barby Ganesh), la criada, le manda constantes recados a Pirro, quien urde un plan para satisfacer las ansias amatorias de la fogosa dama, utilizando para ello un manzano “mágico” que provoca alucinaciones donde parece que están sucediendo cosas que en realidad no ocurren. Es un ingenioso ardid, muy bien desarrollado, para que los amantes se salgan con la suya delante de las mismísimas narices de Nicóstrasto. Excelente trabajo de grupo.


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