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 Desde la izq.: Cindy Pérez Solla, Verónica Abruza, Alicita Lora y Rosabel Ceballes, en ‘Sueño de una noche de verano’. Cortesía HavanafamaPOR JOSÉ ABREU FELIPPE - El Nuevo Herald

En una adaptación de Ernesto García y dirigida por Juan Roca, quien también se ocupa de la escenografía, las luces y el vestuario, en una producción de Havanafama Teatro Estudio, se está presentando con gran éxito Sueño de una noche de verano, un muy conocido texto de William Shakespeare, escrito a finales del Siglo XVI, y valorado como uno de los grandes clásicos de la literatura universal.

La pieza puede considerarse una comedia de enredos con magia y mucha fantasía. Lo primero que llama la atención en esta versión es la escenografía, funcional, pero sobre todo muy imaginativa. La fábrica abandonada donde ocurre gran parte de la acción resulta un derroche de creatividad y buen gusto, que alcanza su máximo esplendor en la escena donde Robin, que en la puesta de Roca es vez de un duende es un pícaro fauno, magistralmente interpretado por Alejandro Gil, siguiendo órdenes de Oberón (David Ponce), Rey de las Hadas y esposo de Titania, crea una gran confusión, con el objetivo de desorientar y rendir a los amantes y realizar sus hechizos. En esa parte se recrea una especie de remolino de telas, que se alzan, caen, giran y se entrecruzan, en un portentoso aquelarre visual, que estalla en pura poesía. Lo segundo que llama la atención es el vestuario, muy hermoso y también muy imaginativo, en especial el diseñado para las Hadas.

La obra abre y cierra con un parlamento de Robin tras el telón, apenas asomándose por una transparencia ovalada que recuerda un cuadro señorial o algún espejo mágico sacado de un viejo relato infantil. Después se descorre el telón y entramos de lleno a un salón del palacio donde se anuncian las fiestas por la nupcias del Rey Teseo y la Reina Hipólita. Teseo está interpretado también por David Ponce, un actor con un amplio registro expresivo que lo mismo se desenvuelve con naturalidad en la comedia que el drama. Hipólita lo desarrolla con soltura y mucho donaire, Verónica Abruza, que también hace de Titania. Allí se aparece Eladia (Alicita Lora, que por otro lado, ¡canta como los ángeles!), abuela de Hermia (Tamara Melián), muy molesta con su nieta que no se quiere casar con Demetrio (Steven Salgado) como es su imperioso deseo, sino con Lisandro (Luis Hernández), que es el que ella ama. Eladia exige que se cumpla una vieja ley que podría incluso condenar a muerte a su nieta si no acata su voluntad. Hermia pretende escapar con Lisandro a otro pueblo, donde no los alcance el peso de esa terrible ley, y acuerdan encontrarse en la fábrica abandonada, a la que no obstante temen un poco por las historias de aparecidos y hechicerías que de ella se cuentan. Y aquí es donde entran en juego los Reyes de las Hadas, su séquito y el inquieto Robin, para hacer de las suyas, valiéndose de un ungüento mágico, pero las cosas no salen como ellos esperaban, se enredan más, para tribulaciones de los involucrados, y disfrute de los espectadores.

Pero no quiero terminar sin mencionar “el ensayo” que un grupo de actores realiza en la fábrica abandonada de una obra titulada Píramo y Tisbe, con las que piensan festejar la boda real. Es uno de los momentos más brillantes y más hilarantes de toda la obra, “teatro dentro del teatro” típico del teatro isabelino con sus características esenciales. También me evocaron “los corrales de comedia” en España. Gestos exagerados, grandilocuencia, escenografía básica. La “montan” Henry Sosa, Carlos Gudiel, Marco Rosales, Rosabel Ceballes y Cindy Pérez Solla, que está sencillamente geniales.


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