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De un primer evento que pasará a la historia del teatro latinoamericano en Miami
Por WALDO GONZÁLEZ LÓPEZ - Para www.TeatroenMiami.com
El subtítulo de esta crónica es tan cierto como la existencia misma del exitoso evento que, finalizado el pasado domingo y respaldado por el invisible telón de constantes aplausos (que aún resuenan en la memoria de muchos), figura desde ya, como otro genuino estímulo y otro motivo de satisfacción que esperábamos todos los que, de uno u otro modo, amamos y luchamos por un mejor conocimiento y un mayor destaque de la escena latinoamericana en La Ciudad del Sol.
En consecuencia, una hermosa fiesta de las tablas fue la que disfrutamos —gracias a este fabuloso sueño tan real como la propia vida teatral (plena en el magno escenario del mundo calderoniano-quevediano)—, todos guiados por la magia de actores y directores que regalaron el necesario disfrute al numeroso público que siguió con atención el acto de premiación.
El notorio respaldo de esos cientos de espectadores que —de jueves a domingo y durante tres semanas— colmó los breves pero muy eficaces escenarios de las compañías Akuara Teatro y ArtSpoken Performing Arts Center, permitió disfrutar a todos de comedias y tragedias, monólogos y obras en un acto que, además de obsequiar la calidad de sus entregas, corroboró la incuestionable necesidad de un arte tan antiguo como la Humanidad, cuya secular y permanente vigencia opaca el pasajero deslumbramiento de muchos ante las más sofisticadas tecnologías, pues El Teatro (así, en mayúsculas) ha sido, es y será eternamente tan auténtico, lozano y refulgente como el Sol de cada mañana.
DEL ÍNTERÍN DEL FESTIVAL
No poco disfrutó este poeta y crítico de integrar el jurado del evento con dos colegamigos: la primera actriz y profesora de actuación Ana Viña y el también poeta, crítico y periodista cultural Baltasar Santiago Martín, con los que, tras disfrutar en las noches de tres fines de semana, de los estrenos y reposiciones concursantes, debatimos las obras merecedoras de los lauros. Mas, debo decir que, por fortuna, se caracterizó nuestro debate por el respeto y la bonhomía. Y ello sucedió, gracias a que estábamos entre especialistas, y no aficionados o improvisados, tal en no pocas ocasiones sucede.
Hubo muchas piezas que —con su diversidad genérica y temática— enriquecieron la lid, al tiempo que permitieron a público y jurado el genuino disfrute del hecho escénico, en cuya magia reside el misterio y élan distintivo del más legítimo teatro.
Como todo jurado que se respete por su larga praxis (tal sucede en quienes integramos este), debimos ejercer con el mayor rigor y poner nuestro máximo esfuerzo para seleccionar los piezas de máximo puntaje, entre las no pocas opciones de alta calidad.
Así, entre tantas excelentes propuestas y puestas, escogimos las ya dadas a conocer ayer por este crítico en la presente columna teatroenmiami.com. Por ello, ahora quiero referirme a otros títulos que, aunque no triunfadores, resultaron finalistas por su indudable valía.
Son los casos, entre otros, de Martirio, monólogo que, a partir del clásico lorquiano La casa de Bernarda Alba, interpretó con indudable profesionalidad la argentina Alejandra Corujo, sólo que falló la dirección del puertorriqueño Miguel Sahid.
No menos convence el excelente actor uruguayo Gualberto González por su poderosa voz, de múltiples recursos, gracias a sus envidiables resonadores, como igualmente atrae su convincente presencia escénica, en la que asombra su ligereza dados su corpulencia y su físico. Mas, lastró su monólogo tomado de un texto narrativo, justamente por sus casi nulos recursos dramatúrgicos, como falla asimismo la dirección artística a partir de su propia labor, tarea harto difícil que, en su caso, no logra la trascendencia artística.
Como otro tanto pasó con Matricidio, asimismo escrita, dirigida e interpretada por la carismática actriz venezolana María Cecilia Oduber, quien, a pesar de sus visibles talento y ángel, no llenó las expectativas anunciadas ya en el inicio de su simpático monólogo, lo que de ningún modo resta su potencial expresivo de genuina humorista, rubro, por cierto, escaso entre los artistas, en su mayoría hombres, que se dedican a tan necesaria labor.
Otra actriz que convence apenas sale a escena es la cubanoamericana Cristina Karman Rojo, quien presentó el monólogo The secret garden que, escrito, dirigido e interpretado por la propia actriz, sin embargo adoleció de cierto simbolismo no siempre comprensible por algunos parlamentos en inglés, si bien en su favor contó una formidable entrega cuya organicidad es de las mejores apreciadas en el Festival por este crítico.
Virginia, de Rita Martín, resulta una joya —aún sin el necesario pulimento en el texto— gracias a la talentosa y experimentada actriz cubana Miriam Bermúdez, quien puso, con la Karman Rojo en The secret garden, la nota posvanguardista en el evento, virtud de ambas obras que, por ello, merecen el estímulo por representar un teatro más contemporáneo en el Festival.
En los casos antes apuntados, si los intérpretes trabajan sus propuestas en el sentido sugerido, comprobarán lo señalado por este crítico. Como todos saben, el teatro es un arte de esfuerzo colectivo, cuyos resultados dependen no sólo del intérprete, sino también del director y el director de arte, el músico, diseñador de sonido o musicalizador e, incluso, de los tramoyistas. Sin tal conjunto, el arte escénico no resulta, ya que el actor no debe ni casi nunca puede ocuparse de tantas tareas él solo, ya que, si faltan quienes se ocupan de las mencionadas tareas, el intérprete, debe al menos contar con un especialista que, al presentarle su propuesta, le sugiera su opinión. Tal es la esencia colectiva del Teatro.
FINALE
Finalmente, este crítico valora de muy bueno el I Festival de Obras de Pequeño Formato, en tanto resulta ya —como aún más en el futuro inmediato influirá en nuestro sector— otro hecho escénico decisivo para la pujante escena miamense, en la que el talento de artistas latinoamericanos aquí residentes, descollarán más, gracias a este evento, como a sus antecesores de amplio reconocimiento por su labor ya sedimentada, tales: el Festival Internacional del Monólogo y el TemFest, liderados, respectivamente, por los teatristas Juan Roca en Havanafama Teatro, y por la actriz Sandra García y el director y dramaturgo Ernesto García en su Teatro en Miami Studio.
Desde ahora, pues, muchos o mejor: todos, esperamos las próximas ediciones del ya meritorio II Festival (Internacional) de Obras de Pequeño Formato 2012, con sus novedosas ofertas que, como en esta primera edición, también convencerán a los numerosos fans de la escena.