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Viaje al sueño: Rafaela de Cuba

rafaela chacon_nardiPor Waldo González López - Para www.TeatroenMiami.com 

 

Me place evocar a la extraordinaria poetisa Rafaela Chacón Nardi, con quien —junto a mi esposa, Mayra Hernández Menéndez— compartimos muchas tardes de poesía, amistad y alegría, tanto en su hogar, como en el del poeta, narrador y Premio Nacional de Literatura Félix Pita Rodríguez, junto al profesor universitario, investigador y entonces presidente de la Academia Cubana de la Lengua Salvador Bueno, o, mejor «El bueno de Salvador», tal yo lo definía en ocasiones con sincero afecto, por su bonhomía y sencillez.

    

Por su carácter, su calidad humana y, sobre todo, por su altísima calidad literaria, a Rafaela le pedí que definiera el amor en una entrevista de los 80 para la revista juvenil Muchacha. Por aquel entonces celebraba su aniversario 60 y, con la juvenilia que siempre la signó, su respuesta fue categórica: «Para mí se trata del más perfecto de los sentimientos que puede abrigar el corazón humano. Como la poesía, es un misterio. Todo lo que nos rodea es susceptible de ser amado.»

 

Ésta fue, esencialmente, una premisa fundamental en su existencia y su obra, porque «Rafaela de Cuba» —como la definiera de una vez y para siempre la Premio Nobel chilena Gabriela Mistral, tras la lectura de su primer poemario Viaje al sueño (1948)— vivió amando al ser humano, y amó la vida que día a día le restituyó su invariable confianza en el Hombre, tal lo demuestra a lo largo de su excelente quehacer lírico: Viaje al sueño (en edición ampliada, 1957), Del silencio y las voces (1978), Coral del aire (1982), Una mujer desde su isla canta (1994), Vuelta de hoja (1995), Mínimo paraíso (décima, 1997), Del íntimo esplendor (2000) y Ámbito de amar (póstumo, 2006).

 

Ámbito de amar

 

El 24 de febrero del 2011 Rafaela hubiese llegado a sus 85 años. Cinco años atrás (2006), como un modesto homenaje a su vida y obra, su mayor investigadora, la ensayista y editora Mayra Hernández , reunió en Ámbito de amar, un valioso haz de poemas de (y sobre el) amor carnal, filial, a Cuba, en fin, a «todo lo que es susceptible de ser amado», que corrobora la vehemencia y autenticidad con que ella se entregó a este «perfecto sentimiento», con la mirada de los que no sólo aman sino también fundan, como quería su —nuestro— admirado José Martí.

 

En este importante volumen publicado por la Editorial Letras Cubanas, la delicada poetisa conformó el cuadrivio ejemplar, en tanto fue una de las mejores cultoras de la rica poesía cubana (y no solo escrita por mujeres), junto a Dulce María Loynaz, Serafina Núñez, Carilda Oliver Labra y la reciente Premio Internacional «Pablo Neruda» Fina García-Marruz.

 

En consonancia con sus poemarios, así como en su estudio La poética de Rafaela Chacón Nardi, en la selección de su poesía amatoria Ámbito de amar, Hernández Menéndez nos ofrece el caudal lírico del más cristalino neorromanticismo, gracias a los excelentes versos rafaelianos dedicados al más universal de los sentimientos humanos, tal la poetisa me confesó asimismo en aquella entrevista de la revista Muchacha, que recordé atrás.

 

«¿El amor?», se preguntaba conmigo la poetisa, y enseguida me respondía con verdad, razón y, sobre todo, lirismo:

 

Es el misterio eterno… Lo increíble:

la llama al viento que en el viento crece

o el júbilo secreto en que amanece

de fiesta el corazón… Es lo imposible:

la flor en el desierto… La inasible

belleza que en alba resplandece.

Lo que en un pecho fiel jamás perece.

El sueño que se vuelve, al fin, tangible.

Un cuerpo es a otro cuerpo revelado.

Y en el ansia despierta, es la caricia.

Mar de leva o corcel encabritado.

La piel se incendia al tacto apasionado.

Y en la penumbra hay lágrima y delicia

y luna nueva en cielo imaginado.

 

Fiesta de la palabra amorosa y erótica, en Ámbito de amar sus versos exultan pasión y goce, pues no se trata solo de un ferviente lirismo que huye del «pecado», no: aquí se disfruta, como es lógico, del sexo, pues la poetisa, en aras de su espíritu libre, huye de torpes gazmoñerías y ridículos pudores decimonónicos, porque piensa, como el más célebre y culto cómico del trío de hermanos Marx: Groucho (quien amistó con el gran poeta nacido como él en los Estados Unidos, pero nacionalizado inglés: Thomas Stearns Eliot, o mejor, como él firmaba sus libros: T. S. Eliot), que «el sexo es algo maravilloso», en tanto no huye de su goce y entrega inolvidable, tal escribí en el prólogo de mi antología Que caí bajo la noche. Panorama de la décima erótica cubana (Ediciones Ávila, 2004), donde añadí que «el sexo constituye para los nacidos en Cuba una suerte de fiesta innombrable, como estimaba Lezama en lo referente a la cubanía y lo cubano».

 

Así, en la mencionada antología, yo incluí las décimas de Rafaela "Fuego cruzado", que también insertó Mayra en su florilegio amatorio rafaeliano. Un buen ejemplo (de la feliz combinación que realizó la poetisa de amor/eros en algunos de sus textos) es la segunda espinela del citado poema:

 

Renacerá tu ternura.

Nada podrá la mentira.

Nada... quien sólo conspira

por quebrar nuestra ventura.

Palabra y piel y cintura

y corazón palpitante

ya anuncian justo el instante

que nos verá enfebrecer.

Revivir... Y otra vez ser,

en agua fiel, cauce amante.

 

Con la antología Ámbito de amar, los eternos enamorados del amor y de la mejor poesía sobre el tema tienen a la mano un hermoso volumen sobre el más universal de los sentimientos humanos, escrito por la gran creadora.

 

La poetisa y escritora

 

Colaboró con las revistas cubanas: Gaceta del Caribe, Noticias de Hoy, El Mundo, El País, Lyceum, Bohemia, Boletín Cubano de la UNESCO, La Gaceta de Cuba, Casa de las Américas; y con Cuadernos Americanos, Revista Antológica América (México). Su obra poética ha sido traducida al ruso, al francés y al inglés y recogida en antologías.

 

Además de sus poemarios antes citados, Rafaela es autora de otros libros con diversas temáticas: Monografía de la profesión del periodista; Los museos y la educación; Apreciación de las artes visuales; Relieves griegos; Egipto antiguo; Cuba precolombina. Talla y cerámica; Prehistoria hispánica; Prehistoria. II; Perú precolombino; Pintura cubana. Portocarrero; Vasos griegos; Arquitectura colonial cubana; Expresión plástica infantil. Didáctica, I (todos publicados en La Habana) y La alfabetización en México, una experiencia educativa que pudiera utilizarse en Cuba, que vio la luz en México, D. F. En 1999 le fue concedido el Premio Nacional de Cultura Comunitaria.

 

rafaela chacon_nardi-2La pedagoga Rafaela

 

La maestra normalista, escritora y poetisa cubana Rafaela Chacón Nardi se graduó de la Facultad de Educación de la Universidad de La Habana, y realizó estudios de posgrado en París y Chile. Obtuvo varias becas, entre ellas la de la UNESCO en 1963, y desempeñó labores de funcionaria de esa institución internacional y en el Ministerio de Educación de Cuba. Trabajó como maestra de enseñanza primaria, profesora de la Escuela Normal y de los cursos de verano de las Universidades de La Habana y Las Villas. Desde 1970 laboró como asesora de Educación Artística en la Dirección de Formación del Personal Docente del Ministerio de Educación.

 

Desempeñó labores significativas: funcionaria del Centro Regional de la UNESCO en el Hemisferio Occidental, Me place ahora evocar a la extraordinaria poetisa Rafaela Chacón Nardi, con quien de conjunto con mi esposa, Mayra Hernández Menéndez, compartimos muchas tardes de poesía, amistad y alegría, tanto en su hogar, como en el del gran poeta, narrador y Premio Nacional de Literatura Félix Pita Rodríguez, junto al profesor universitario, investigador y presidente de la Academia Cubana de la Lengua Salvador Bueno, o, mejor «El bueno de Salvador», tal yo lo definía en ocasiones con sincero afecto, por su bonhomía y sencillez.

 

 Por su carácter, su calidad humana y, sobre todo, por su altísima calidad literaria, a Rafaela le pedí que definiera el amor en una entrevista de los 80 para la revista juvenil Muchacha. Por aquel entonces celebraba su aniversario 60 y, con la juvenilia que siempre la signó, su respuesta fue categórica: «Para mí se trata del más perfecto de los sentimientos que puede abrigar el corazón humano. Como la poesía, es un misterio. Todo lo que nos rodea es susceptible de ser amado.»

 

Ésta fue, esencialmente, una premisa fundamental en su existencia y su obra, porque «Rafaela de Cuba» —como la definiera de una vez y para siempre la Premio Nobel chilena Gabriela Mistral, tras la lectura de su primer poemario Viaje al sueño (1948)— vivió amando al ser humano, y amó la vida que día a día le restituyó su invariable confianza en el Hombre, tal lo demuestra a lo largo de su excelente quehacer lírico: Viaje al sueño (en edición ampliada, 1957), Del silencio y las voces (1978), Coral del aire (1982), Una mujer desde su isla canta (1994), Vuelta de hoja (1995), Mínimo paraíso (décima, 1997), Del íntimo esplendor (2000) y Ámbito de amar (póstumo, 2006).

 

También la cultura comunitaria

 

La autora de Viaje al sueño (1948) se dedicó, con plena asiduidad y a lo largo de su extensa e intensa existencia, a la que hoy se denomina en Cuba cultura comunitaria. Asimismo —como apuntó, poco tiempo atrás, la prestigiosa doctora en Ciencias Pedagógicas y profesora de Mérito, Lidia Turner, en la Tertulia «Sol Adentro», de la poetisa Juanita Conejero—, Rafaela fue una adelantada en esta tarea hoy ya habitual en la sociedad cubana. Por ello, en 1959, planeaba y dirigía, en la Playa de Cajío, al sur de la antigua provincia La Habana, el Primer Seminario Normalista para el Mejoramiento de la Comunidad, auspiciado por la Subdirección Técnica del MINED y la Dirección Provincial de Educación de dicha región. Esta experiencia de pedagogía revolucionaria sería considerada como un antecedente de fértil y útil laboreo, en tanto línea de trabajo posteriormente asumida, como apunté antes, por la denominada Cultura Comunitaria, que hoy tiene notable fuerza en el país.

 

Ya en 1971, a raíz del Primer Congreso de Educación y Cultura y bajo los auspicios de la Comisión Cubana de la UNESCO, Rafaela crea el Grupo de Expresión Creadora, integrado por niños y adolescentes: entre tres y 14 años. De esta suerte, la poetisa que amaba a los pequeños y nunca pudo concebir ninguno, los iniciaba en la creación plástica, la apreciación artística y la aproximación a diversos campos de la cultura.

 

Las actividades de carácter extraescolar, destinadas no sólo a muchachos del municipio Playa —donde residiera la poetisa junto a su esposo, el erudito y escritor español Francisco M. Mota—, se extenderían a los Hospitales Julio Díaz (1972-1976) y Frank País (1978-1980), donde trabajaba con pequeños pacientes con limitaciones físico-motoras, a los que de este modo, les insuflaba amor por la cultura toda, así como les proporcionaba disfrute en la tediosa vida de dichas instalaciones donde, por sus características, no podían ofrecerles el regocijo del arte, salvo con la ayuda de esta incansable educadora y promotora.

 

 Entregada a tan laudable y humana labor, no escatimó esfuerzos, al punto de ubicar en su propio domicilio (de 3ra. Esquina a 30, Miramar) el Archivo y la sede de este Grupo.

 

 En el Archivo —que ocupaba casi todo su hogar—, había cerca de cien mil «realizaciones infantiles» (como Rafaela las denominaba): dibujos, pintura, pinturas dactilares, impresiones, collages, aproximación al diseño de carteles, piezas de modelado, cerámicas y fotografías de los propios niños, interesados en los monumentos de La Habana Vieja, gracias a su aliento, apoyado por el Historiador de la Ciudad, Eusebio Leal Spengler, de quien siempre recibió un gran apoyo.

 

De tan fecunda experiencia, única de su tipo en la Isla hasta hoy, quedan igualmente fotos de prestigiosos profesionales del lente, entre los que se destaca Jorge Valiente, durante muchos años foto reportero del diario Granma, quien era, en palabras de la simpática Rafaela, «su fotógrafo particular».

 

Dicho Grupo realizaría diversas exposiciones en la capital, otras provincias e, incluso, algunas internacionales que le valdrían altos reconocimientos, tal acontecería en 1980, cuando a la pedagoga se le concedió la Medalla «Sandro Pertini», remitida por el entonces presidente de Italia y entregada por el embajador en la Isla, Enrico Nardi. Este reconocimiento se debió a «la brillantísima participación» del Grupo de Expresión Creadora en la Bienal Internacional de Diseño Infantil de 1980, donde «sus niños» obtuvieron el Primer Premio absoluto, dos entre los quince primeros lugares, otros dos por categorías y treinta y seis medallas y diplomas.

 

 Al año siguiente, se le entregaba a la poetisa la Medalla de la UNESCO «Centenario de Picasso» —realizada por el gran artista plástico español, reconocido internacionalmente, Joan Miró—, como estímulo por el quehacer desarrollado en el campo de la plástica infantil, en particular con los impedidos físicos, experiencia novedosa, según se destacaría en el importante lauro internacional.

 

Asimismo, en 1984 recibía la Medalla del Concurso-Exposición Internacional de Arte Infantil de Lídice, otorgado por la Comisión Nacional Checa de la UNESCO, por su excelente trabajo en la dirección del Grupo de Expresión Creadora de Cuba, gracias al cual sería laureado «el mejor conjunto de trabajos» enviados al certamen.

 

Del propio modo, la entonces Brigada (hoy Asociación) Hermanos Saíz y la Raúl Gómez García de Instructores de Arte le impondrían distinciones nacionales «por la labor abnegada y destacada en la plástica como pedagoga y creadora».

 

Infatigable y enamorada de tan humana tarea, dictaba conferencias como «Los niños impedidos también tienen derecho al arte», por sólo mencionar una aún muy recordada por no pocos que la disfrutaron.

 

Por otra parte, Rafaela realizaba, «con mis niños» en el municipio Playa (Zonas de los Comités de Defensa de la Revolución, Policlínicos, Círculos Sociales, Casas de Cultura y demás instalaciones), acciones como Tiza sobre el Asfalto y Dibujos sobre Grandes Cartulinas al Aire Libre que, en particular, les regalaban a los chicos ratos de esparcimiento y el mejor empleo del tiempo libre, al margen de sensibilizarlos con las manifestaciones de la creación y favorecer su gusto estético.

 

Jefa del Departamento de Artes Visuales de la Dirección General de Personal Docente del MINED, a pesar de sus propias limitaciones físicas, durante sus interminables jornadas cotidianas también ofrecía orientaciones metodológicas y clases de demostración al personal que trabajaba con los infantes del Internado Granma, como en otro, ubicado en Quinta Avenida, en la mansión del ex presidente Ramón Grau San Martín, ambos en el Reparto Náutico, de su municipio de residencia.

 

Tan fecunda labor con los chicos «que al crecer debían abandonar el grupo, ocupando su espacio otros, lo que aseguraba al relevo», quedaría recogida en una decena de cuadernos, publicados por la Editorial Gente Nueva, del Instituto Cubano del Libro.

 

Así era la grande y sencilla poetisa y educadora «Rafaela de Cuba —según la denominara la universal chilena y Premio Nobel Gabriela Mistral—, quien con solo 25 años, por su inicial y hermoso Viaje al sueño, aseguró un decisivo espacio en la lírica cubana de los siglos XX y del XXI.

Por último, les ofrezco uno de sus más estremecedores sonetos, donde presagia la muerte y sus resultados:

 

A mis huesos

 

Dislocados, sin rumbo ni destino,

rotos de acá hasta allí, de sur a norte,

dejando el cuerpo inútil –sin soporte–

negándome el andar y hasta el camino.

 

Así vino a mis huesos, así vino

este ser y no ser cruz o resorte,

esta inmovilidad, este mal porte,

este confiar en yesos y platino.

 

Solícita la muerte, vigilante,

anduvo tras de mi hasta mi caída.

Me acompañó –solícita y amante–

 

En los amargos días y en la calma

del Hospital... Mas regresé a la vida

con terquedad de sol o agreste palma.

 

RAFAELA CHACÓN NARDI

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