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De Miami a la Habana y de la Habana a Miami, charla con el más reciente Premio Nacional de Teatro: Francisco (Pancho) García.

 

FRANCISCO (PANCHO) GARCiA

Waldo González López -  Entrevista exclusiva para 

www.TeatroenMiami.com

Foto: Pepe Murrieta

 

No tantos años atrás, escribí en una entrevista a quien ahora, por fin, ha sido reconocido en nuestro país con el mayor lauro que se entrega a los teatristas:

 

A los 66 años, con una extensa y fértil existencia, tan gratificada por la meritoria creación como actor, director, dramaturgo y profesor, es hora de reconocer los genuinos logros y los méritos de quien ha dedicado gran parte de su fecunda presencia a la genuina creación artística.

 

Claro, porque desde mucho tiempo atrás, decir Pancho García en el movimiento teatral cubano es de, inmediato, identificar al más laureado (en Cuba, España y otros ámbitos), admirado y querido actor cubano de las últimas décadas. ¿La razón? Porque el alias/mote/sobrenombre descubre al querido/aplaudido/admirado Francisco García, a quien ahora entrevisto en exclusiva para teatroenmiami.com

Este crítico lo ha abordado (mediante críticas y otras entrevistas) en numerosas ocasiones, desde que lo conociera en el lejano 1971, cuando ambos se iniciaran en la escena.

 

    Para el entonces joven intérprete, si bien ya incursionaba en el Movimiento de Aficionados, esta sería una excelente oportunidad para ambos, pues nos uniría en una muy sólida amistad, ya que quien ahora escribe se iniciaría en serio, bajo la tutela del prestigioso director teatral Juan R. Amán (quien hasta 1969 también integrara dicho Movimiento y ya había dirigido al intérprete en varias puestas).

En ese montaje (El burgués gentil hombre) el crítico y entonces musicalizador (recién graduado de la Escuela Nacional de Teatro) escogió, grabó y pasó en todas las funciones la música de Jean-Baptiste Lully, el importante compositor del barroco galo que colaborara en la mayoría de las puestas de su célebre tocayo y autor de esa y otras deliciosas comedias Jean-Baptiste Molière.

 

    De entonces acá, ha corrido mucha agua bajo los puentes de la amistad, en la que ha mediado siempre la admiración de este también poeta por el, desde décadas atrás, muy valioso actor, al que ahora, por fin, se le entrega el muy justo y más que merecido lauro, con el que la grey/comunidad escénica de la Isla reconoce a sus más altos representantes, lo que ejecuta oficialmente el Ministerio de Cultura.

    Por ello, esta entrevista (una más de las tantas realizadas por el crítico y fan del notable intérprete), cuyas preguntas le enviara desde Miami a su casa habanera y respondiera el reciente Premio Nacional de Teatro para entregárselas a sus cientos de fans en Cuba, Miami, España y tantos otros ámbitos, que visitan este valioso y eficiente canal de comunicación virtual: 

 

   Pancho querido, hace tiempo te llamé en otra entrevista: «incansable hombre de teatro a tiempo completo». Y es que has realizado una intensa y extensa carrera de medio siglo y de tan alta valía en las tablas, que ahora cumple medio siglo y por la que recién has merecido el más alto galardón que se otorga en Cuba a los mejores integrantes de la amplia comunidad escénica. Así, ¿cómo te sientes con el tan merecido Premio Nacional de Teatro que tantos, por no decir todos, amantes de la escena y amigos tuyos esperábamos desde mucho tiempo atrás?

   -Emocionado confundido, porque es verdad que hace algunos años amigos y compañeros de la profesión (entre los que te encontrabas tú, querido amigo) abogaban por ese premio para mí. Yo no lo tenía tan claro por varias razones. El mismo día que me anunciaron el Premio, horas antes me habían dado la noticia del fallecimiento de Vicente Revuelta: te imaginas qué paradoja, ¿verdad?

«Por lo tanto, cuando el jurado me llamó por teléfono y me comunicó el resultado de la elección, dos emociones muy contrarias se unieron en mí. Pero me siento muy agradecido y me conmueve mucho recibir ese premio que mis compañeros de profesión me han otorgado.»

 

 Con tu asombrosa praxis de cinco décadas, repartidas en los escenarios de numerosos continentes y países (entre ellos España, Miami y, por supuesto, Cuba) donde has merecido importantes lauros del mayor rigor, ¿qué le aconsejarías a los jóvenes estudiantes de actuación y dirección teatral?

   -Mirar y escuchar muy bien, estar muy atento a lo que ocurre a su alrededor. Estudiar y estudiar. Saber aprender de los que nos han precedido. No juzgar sino encontrar el porqué de las diferentes conductas humanas.

 

Eres actor, director y autor teatral, y todo lo has hecho con la más alta calidad. Y has laborado, con el mayor rigor, en la escena, la TV y el cine. Por eso, aunque

en una lejana entrevista te lo pregunté y me respondiste, dime ahora, de nuevo, ¿qué significa la actuación para Pancho García?

   -Y te respondo lo mismo de entonces, Waldo. Es la razón de mi vida, no concibo la existencia sin ella. Imposible. Es mi adicción, como también te dije entonces. Y aún recuerdo que, en otra entrevista, te dije que es mi luz y mi sombra, mi triunfo y  mi fracaso, mi salvación y mi ruina.

  

En tu riguroso y amplio currículum has interpretado piezas de los mejores autores de varios países, sobre todo españoles, cubanos y latinoamericanos (entre otros, años atrás triunfaste con el monólogo Potestad, del argentino Eduardo Pavlovski, interpretado con éxito de crítica y público en España). Asimismo, en el Festival de Monólogos de España (que se celebra en Tomelloso, Castilla de la Mancha), te presentaste con dos monodramas y te otorgaron el Primer Premio por La Legionaria, por el que ya antes te había sido otorgado el Premio de Actuación Masculina en el Festival Arcipreste de Hita. Pero bueno, querido, entre los más recientes, recuerdo La muerte de un viajante (Albee) y La Legionaria (Fernando Quiñones) a cargo de la Compañía Hubert de Blanck) y Final de partida (Samuel Beckett), con Argos Teatro). Te ha ido muy bien con La Legionaria, pero de todos modos no hay personaje que no hayas interpretado que no adores, que no esté unido a ti para siempre, ellos son criaturas que encontraron su cobijo en tí y son tu eterna compañía. Pero indudablemente, La Legionaria, te trajo y aún trae tantas satisfacciones y premios, sobre todo el del público, que en cada reposición es una nueva experiencia, según me dijiste en otra entrevista. A ello añadiste que «justamente, ese público, como el de otros espacios cubanos y extranjeros donde me he presentado con esa agradecida criatura, hace años ya la sigue recibiendo y disfrutando como el primer día. Así, que como ves, continúa mi amor con La Legionaria, que parece nunca me abandonará, por fortuna para mí… y para el público que la quiere tanto como yo.» Ahora bien, Pancho, ¿qué otros títulos recuerdas con mayor preferencia o afecto al echar un vistazo atrás?

   -Bueno, de los clásicos españoles Lope de Vega, Tirso de Molina, Cervantes, Federico García Lorca.

«De los contemporáneos: dos prestigiosos españoles de quienes, como bien sabes y ya que los mencionas, he tenido el placer de montar algunas de sus obras: Paloma Pedrero y Fernando Quiñones, como otros autores clásicos y contemporáneos que también me gustan mucho, pero no he tenido la suerte de actuar en sus obras.

«De los cubanos: Virgilio Piñera, Abelardo Estorino, Eugenio García Espinosa, Alberto Pedro, Tomás González, Abel González Melo, María Irene Fornés…»

  

Eres incansable: has trabajado durante medio siglo en tantas puestas y diversos géneros que no creo recuerdes la cifra. Tras esta proeza de tan largos años, ¿no sientes cansancio por tan extensa labor que a otros podría quizá causarles tedio?

   -Para nada. Tiemblo de pensar que en algún momento no pueda estar en el teatro.

Sufro cuando  pienso en la infinidad de personajes que ya no podré hacer y añoro encontrarme con esas  criaturas que aún puedo interpretar.

   

¿En cuántas etapas definirías tu vida como teatrista?  

   -Waldo, he tenido cuatro etapas importantes que han marcado profundamente mi vida profesional. La primera con Juan R. Amán: mi encuentro con él fue fundamental y determinante.

   «La segunda fue con Teatro Estudio, y Berta Martínez, Vicente y Raquel Revuelta, igualmente decisiva. La tercera acontece cuando se desintegra el Grupo Teatro Estudio y yo me quedo en Hubert de Blanck, período en que me consolido allí, también como director, gracias a las facilidades que me han dado sus directoras, en particular la actriz Orietta Medina, quien como sabes guía esta prestigiosa compañía teatral cubana.

   «Y, por fin, una cuarta y última, en Argos Teatro, con las puestas de Carlos Celdrán, quien es un hombre de teatro capaz e inteligente, quien lo mismo teoriza que lleva a la práctica sus conocimientos, además de poseer una sensibilidad y una generosidad tremendas.

«Creo que trabajar con él, luego de tantos años en la escena, me ha hecho mucho bien y pudimos unir cosas que a veces son difíciles, pues funcionan muchos prejuicios y tabúes, sobre estilos, problemas generacionales…»

 

La última pregunta: Si Pancho García pudiera repetir su vida, ¿sería de nuevo intérprete, director, dramaturgo o adaptador de otras obras de otros autores? ¿O volvería a ser sólo actor?      

   -Si tuviera otra oportunidad, volvería a ser actor. Pero también me encantaría ser un buen dramaturgo. En esta vida que me ha tocado, he tenido que elegir no prodigarme y dedicarme casi por completo a la interpretación, prejuicios y tabúes,

 

CURRÍCULUM DE FRANCISCO (PANCHO) GARCÍA:

Nacido en la hermosa ciudad de Cienfuegos, el 4 de octubre de 1943, Francisco (Pancho) García Castellanos, inicia su carrera teatral en 1961, al ingresar en el Grupo Experimental de Aficionados de La Habana. Allí recibió clases de actuación, expresión corporal, dicción, Historia del Arte y todo lo necesario para su formación integral como actor. Hasta 1968 participó en casi la totalidad de las puestas en escena del referido grupo, dirigidas por el importante director teatral Juan R. Amán. Entre estas puestas se destacan algunas como Hamlet, Mundo de cristal, Permiso para casarse, Santa Juana de América, Peribáñez y el Comendador de Ocaña, entre otras.

En 1969, ya como profesional, pasa a formar parte del elenco del grupo Joven Teatro, dirigido por Rubén Vigón, participando como actor en las puestas en escena de La Alondra, de Jean Anouil y Los juegos santos, del desaparecido director, actor y dramaturgo José «Pepe» Santos.

En 1970, se incorpora al legendario Grupo Teatro Estudio, decano de las agrupaciones teatrales de Cuba, fundado en 1958 por los hermanos Raquel y Vicente Revuelta. Actualmente figura como Primer Actor de la Compañía Teatral Hubert de Blanck.

Ha participado en cerca de cien puestas en escena, más de sesenta de ellas como protagonista, entre las que se destacan las siguientes: El caballero de Olmedo, Don Gil de las calzas verdes, Madre Coraje y sus hijos, Bodas de sangre, Macbeth, Doña Rosita la soltera, El día que me quieras, La aprendiz de bruja, Los diez días que estremecieron al mundo, ¡Ay Carmela!, Ni un sí ni un no, Obá y Changó, Morir del cuento, Medida por medida, Concierto barroco, Parece blanca, Vagos rumores, El rumbero endemoniado, Segundo tiempo, Aristodemo y Un tranvía llamado deseo, así como los monólogos La Noche de María Bethania, La Legionaria, como también: Potestad, El Caballero de París, Vida y muerte de Pier Paolo Pasolini, Stokman, un enemigo del pueblo y Chamaco.

Asimismo ha incursionado en la televisión, participando en telenovelas, cuentos, comedias y series policíacas. Ha escrito guiones artísticos de pantomima, así como la versión para teatro de la novela homónima de Miguel de Carrión Las Impuras y los monólogos Homenaje y El primo de La Habana.

 


 

 

 

 

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