Category: Waldo Gonzalez
Texto y foto: Waldo González López para www.TeatroenMiami.com
Versos y prosas, poemas y cuentos entrelaza la poetisa cubana María Josefa Reyes en su más reciente volumen, primero publicado en EUA: Las vacaciones de Marisol (Editorial Palibrio, 2011), de venta en la actualidad.
Una autora reconocida en su Cuba natal (por la publicación de varios poemarios para niños y adultos) es la sensible colegamiga, quien —nacida en la pequeña ciudad de Velasco, provincia de Holguín— ha dedicado una buena parte de su feraz y útil existencia al arte escriturario.
Así, en Cuba sería incluida por la ensayista y editora Mayra Hernández Menéndez en varias antologías de la décima, como entre otras: Confesiones de Circe. Poetisas-decimistas orientales (Editorial El Mar y la Montaña, Guantánamo, 2004) y, en colaboración con este crítico y poeta: Esta cárcel de aire puro. Panorama de la décima cubana en el siglo XX (2 volúmenes, Editora Abril, 2010 y 2011), por sólo mencionar dos de los numerosos títulos que ha entregado al público lector.
Mas, en especial, y sobre todo, ha dirigido una notable zona de su poética “a los que saben querer”, para decirlo con José Martí, quien en este rubro marcara pautas con los cuatro números de una clásica revista destinada a la infancia, y luego publicada como libro: La Edad de Oro.
Pero prefiero comentar el volumen con las palabras del prólogo que, a solicitud de la autora, con el fin de incluirlo en su libro, yo le enviara desde La Habana antes de venir a Miami el año pasado. En ese prólogo (“Para volar al País de la Infancia”), entre otros aspectos, yo apuntaba:
(María Josefa) combina sus narraciones y poemas con indudable fortuna. Y esto —valga decirlo— no es común en la literatura que se escribe para los pequeños. Ello, a no dudarlo, resulta otro mérito de la poetisa-narradora (o viceversa). La fina sensibilidad de la creadora se corrobora una vez más en estas prosas y versos de delicada raigambre. Se advierte en la lectura de su cuadernillo el hondo conocimiento que posee del mundo infantil, para el que escoge (y acierta) sus temas, tan propios a ese escucha o lector, de acuerdo con su edad.
Claro, esas ganancias sólo son posibles en un espíritu de tal solidez, al punto
de que fusiona fineza y ternura con las asiduas lecturas de la mejor poesía y
narrativa escrita en nuestra lengua para los pequeños. Y es que con dichas
virtudes, la poetisa-narradora evoca no pocos momentos de su niñez que —
nostalgia mediante— favorecen su entrega y llega aún más a los receptores.
Otro rasgo de valía en Las vacaciones de Marisol es el efectivo tratamiento del lenguaje, que revela en la autora el conocimiento de la sique infantil. En consecuencia, con tal virtud, María Josefa no escribe para pequeños edulcorados ni “perfectos”, no. Sus chicos con como todos: pícaros, lúcidos y a, ratos, ¿por qué no?, intranquilos, según acontece en esta etapa de la vida, cuando se está descubriendo y aprendiendo todo.
Así, es este librillo con innegables valores que aplaudo con entusiasmo que me produce la calidad literaria, más aún, cuando se trata de la palabra empeñada en los sueños y razones para “los que saben querer”, por decirlo de nuevo con Martí.
Con su valioso regalo para todas las edades: Las vacaciones de Marisol, María Josefa Reyes Hidalgo ofrece a la infancia —y a los “mayores” que, por suerte, todavía no han dejado de “soñar despiertos” (como quería mi admirado colegamigo Eliseo Diego), la posibilidad de volar al país de la infancia que nunca jamás olvidaremos.
Así, en fin, yo definí, en ese prólogo, algunos de los valores del primer poemario para niños publicado en Estados Unidos por María Josefa Reyes, una autora de valía que promete aún mucho más.