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waldo bioWaldo González López (Las Tunas, Cuba, 1946)

Poeta, ensayista crítico teatral y literario, periodista cultural. Graduado en la Escuela Nacional de Teatro (ENAT) y Licenciado en Literatura Hispanoamericana (Universidad de La Habana). Autor de 20 poemarios,  6 libros de ensayo y crítica literaria, varias antologías de poesía y teatro. Desde su arribo a Miami (2011), ha sido ponente y jurado en eventos teatrales y literarios internacionales. Merecedor de 3er. Premio de Poesía en el X Concurso “Lincoln-Martí” 2012. Colaborador de las webs: teatroenmiami.com (Miami) y Encuentro de la Cultura Cubana (España), Boletín de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (New York), y los blogs OtroLunes (Alemania), Palabra Abierta (California), Gaspar. El Lugareño, y el diario digital El Correo de Cuba (ambos en Miami).

IvanTexto y Fotos:

Waldo González López   para www.TeatroenMiami.com

 


Sencillo y pleno de bonhomía, como todos los genuinos creadores que en el mundo han sido, son y serán, el valioso dramaturgo, director,  cineasta y productor musical y de documentales (ha producido conciertos de Jazz Latino, CDs de canciones y documentales) Iván Acosta ha descollado en estas vertientes y, en particular, en su reconocida dramaturgia de valía.

   Su pieza El Súper —estrenada en New York con rotundo éxito y, veinte años más tarde, en Los Ángeles por la compañía teatral "La Avellaneda"— le aportó la celebridad internacional en 1979, gracias al filme homónimo, considerada la cinta más importante rodada por cubanos en el exilio. Esta singular pieza, además, ha conquistado más de veinte premios internacionales.

   Sus más recientes obras son los monólogos: Cosas que encontré en el camino y Carmen Candela, leídas en el escenario del Teatro Retablo en New York. Su obra Rosa y el ajusticiador del Canalla (finalista en Letras de Oro) se adaptó a la pantalla y fue filmada como largometraje. Su estreno mundial se realizó en el verano del 2009.

   Por estos y por otros no pocos méritos, entre los que descuellan su modestia y su cubanía —reflejada en su dramaturgia y en su carácter, a toda prueba, de tontas y banales poses, en él impensables— tras conocerlo y compartir fraternalmente ambos en reciente Congreso Internacional dedicado a Virgilio Piñera, decidí entrevistarlo para mi columna en la web teatroenmiami.com

 

Iván, ¿cuándo y por qué surge tu interés por el teatro?

-Desde niño, me gustaba crear historias. Las creaba en la mente, porque no tenía la menor idea de cómo componer una obra teatral. Jugaba con mis soldaditos plásticos haciendo historias. Como paisajes de fondo, usaba tarjetas postales españolas, que mi abuelo materno, catalán, había dejado al morir.

«Pero la primera vez que puse un pie en un escenario fue en el Colegio Bautista El Salvador, en el reparto Sueños, en Santiago de Cuba. El director de aquella, mi primera experiencia teatral, fue el legendario revolucionario santiaguero, Frank País, que era mi maestro en el cuarto grado.»

 

¿Cuándo surge tu interés por la música popular?

-Como sabes, soy santiaguero y nací en el pintoresco barrio santiaguero de Los Hoyos. Allí había mucha música. A solo tres casas de donde yo nací, solía ensayar la Conga Carabalí. Todos aquellos músicos descendientes directos de africanos, ya me conocían. Creo que yo tendría unos nueve años, me colaba entre ellos y me dejaban tocar un maracón que parecía un chequeré. Para ellos era una gracia verme participar de aquel contagioso y monótono ritmo carabalí. Tal vez aquello se me impregnó en el sistema sanguíneo.

«Quizá por esos orígenes me gusta escribir canciones, y hasta grabé dos LPs cantando varias de ellas. También me he dedicado a producir conciertos de Jazz Latino, documentales y discos CD de ese género musical. Tengo una colección de unos 8,000 LPs y CDs. Siempre me ha gustado la música. Todo tipo de buena música sin importar de dónde venga. Aunque me he dedicado a coleccionar y a estudiar las raíces del gran pentagrama musical cubano.

 

¿El teatro te apasiona tanto como la música?

-Fíjate, tanto el teatro, como la música y el cine, están muy hilvanados en mi creatividad. No te sabría decir cuál va primero. Pero recuerda que es el séptimo arte el que logra combinar todas las manifestaciones artísticas.

 

Entre tus obras, ¿cuáles prefieres y por qué?

-No son todos los que están es una de mis obras favoritas. Teatro del absurdo con mensajes muy reales. También me gusta mucho Rosa y el ajusticiador del canalla, segundo lugar del Certamen Literario Letras de Oro. La traducimos al inglés y la adaptamos a guión cinematográfico: Rosa and the executioner of the fiend. La filmamos con el increíble “súper” presupuesto de $5,000. Hace dos años se estrenó en el Cinema Tower de la Calle 8, en Miami. Ahora la distribuyen a través de Amazon.com y NetFlix.

 

Al parecer, la primera de tus piezas donde combinas teatro y música es Grito 71 —calificada de “moderna y revolucionaria”, por Montes Huidobro en su capítulo «El teatro: documento de la represión», incluido en uno de sus magníficos volúmenes sobre el teatro cubano de la diáspora, suerte de saga de un valor imperecedero —, en la que, además de participar el público, tuvo música y ritmo de rock, y fue representada en Nueva York y Nueva Jersey, con gran éxito, en el Henry Street Playhouse. Al mirar atrás décadas más tarde, ¿cómo evocas tal suceso?

-Imagínate, yo estudié en la Universidad de Nueva York, en el corazón del famoso, Village. Allí surge el movimiento hippie, las protestas y el movimiento pacifistas. Mi gran amigo, el pintor Luis Cruz Azaceta, y yo, trabajábamos en la Biblioteca de Educación, de New York University, y veíamos todo aquel fenómeno cultural. Siendo nosotros jóvenes exilados cubanos, con firmes ideales anticastrista, para nosotros ver todo aquello era bastante confuso. Viendo y viviendo todo aquello, me inspiro y me lanzo a escribir y a montar, en el Teatro de las Américas de Nueva York (que dirigía el recientemente fallecido y excelente maestro teatral Miguel Ponce).

«Yo quería decir tantas cosas, que comencé a plasmar mis ideas, a través de diez actos y 14 composiciones y, en un estilo de teatro muy vanguardista, con influencias de The Living Theater, Hair y las fábulas de Esopo, creé esa obra teatral, que nunca se había visto en español. Los cuatro actores y las dos actrices, corrían, saltaban, cantaban, actuaban por los pasillos del teatro y hacían que el público se sintiera partícipe de la obra. Teníamos una banda de rock integrada por cinco músicos, con un dinamismo espectacular. Bueno, la pieza llamó tanto la atención, que varios periodistas anglosajones, sin entender ni papa de español, asistieron a ver el espectáculo y escribieron críticas muy favorables. Claro, fue una lástima que cuando aquello, no existían las camaritas de video. Como casi siempre pasa con el teatro, solo quedan los programas, algunas fotos y los buenos recuerdos.»

 

El Súper (1977) se lleva a escena en Nueva York (1977) y Miami (1978), y recibe numerosos premios —tal subraya Matías Montes Huidobro en su mencionado capítulo—. Iván, gracias a esa pieza tuya, logras una presencia permanente en nuestra dramaturgia, para decirlo, otra vez, con Montes Huidobro. Así, ¿amas esa pieza por sus mencionados éxitos o por alguna preferencia en particular debida a otra razón?

-El Super celebró su 30 aniversario, con una puesta en el Teatro Artime de la Pequeña Habana, en Miami, sus cinco funciones fueron totalmente vendidas (con el productor que fue actor de la obra original: Reynaldo Medina) y luego el director, Juan Troya, la trasladó para una sala más íntima, donde se mantuvo en cartelera por otros cuatro meses.

«Waldo, El Super es mi cuarta obra teatral y, con ella, ya me sumerjo en la dramaturgia peligrosa, porque como mismo ha obtenido mucho éxito, tanto como pieza que como filme, pudo haberle pasado lo que sucede con la mayoría de las obras teatrales: que luego quedan archivadas en una gaveta empolvada.

«Por supuesto que amo a El Super por los hermosos momentos que representó en las vidas de los que tomamos parte en su desarrollo original en el Centro Cultural Cubano de Nueva York. Yo la escribí, la produje y la dirigí, gracias a Raimundo Hidalgo Gato, Zully Montero, Reynaldo Medina, Juan Granda, Ofelia Abril, Lula Santos, Gilberto Vargas, Herman Gutiérrez y Ángel Álvarez, su elenco original. Y a la valiosa participación creativa de Ileana Fuentes, Gabriel Murcia, Juan Troya y Carlos Rodríguez, entre otros. Nunca pensamos que en aquel 5 de noviembre de 1977 estaríamos creando historia teatral del exilio cubano.»

 

Montes Huidobro afirma, además, que —en El Súper— el biculturalismo léxico lo llevas a secuencias de un humorismo delirante, uno de los aspectos fuertes de tu dramaturgia, como asimismo constituyen características definitorias otras dos: el costumbrismo lúdico y la cubanidad neoyorquina. ¿Han continuado tales virtudes marcando tu quehacer dramático, o crees que han cambiado con la experiencia adquirida por ti con el paso del tiempo?

-En dos de mis obras teatrales más recientes: Cosas que encontré en el camino y en Carmen Candela, tal vez se note más ese costumbrismo lúdico y la cubanidad neoyorquina, y creo que también en No son todos los que están.

«Sin embargo, en Recojan las serpentinas que se acabó el carnaval, en Un cubiche en la luna, en Rosa y el ajusticiador del canalla o en Cuba Punto X, no creo que exista esa cubanidad neoyorquina, aparte, claro, de la cubanidad de su autor.»

 

Reguera Saumell, Ivan Acosta y Hdez MiyaresSin duda, motivado por el éxito de El Super, seguiste escribiendo tu abundante y valiosa producción dramática, que incluye Un cubiche en la luna, No son todos los que están, Recojan las serpentinas que se acabó el carnaval, Rosa y el ajusticiador del canalla, entre otras mencionadas. Al cabo de tantas décadas de esforzada labor, secundada por el talento y la dedicación,¿qué piensas, laureado dramaturgo de la creación para la escena?

-Mira, Waldo, para mí escribir es un esfuerzo bastante grande. Primero, comienzo a escribir mentalmente, meditando, viajando, soñando, etc. Cuando me siento frente al teclado, ya casi voy a lo seguro. No soy de los escritores que revisan sus trabajos decenas de veces. Soy impaciente e indisciplinado. Cuando escribo, le doy una o dos revisadas y pa’lante.

«La creación para la escena, la alimento de imágenes de las calles de Manhattan, conversaciones que escucho en los subways, chismes, cuentos y noticieros internacionales. Soy extremadamente visual. Como decía Peter Sellers en El jardinero: “I like to watch” (Me gusta mirar). Me fascina ver todo lo que sucede en mi entorno. Creo que de ahí me nace la creación para la escena teatral. Aunque con cierta dosis de humor y choteo cubanos, la obra tiene que contener algún mensaje significante y profundo. Lo demás, se lo lleva el viento.»

 

Has sido objeto de homenaje en dos ocasiones durante los más recientes meses: en el pasado diciembre, mereciste el Premio “René Ariza” del 2011 (otorgado por el  ICRA en la figura de Matías Montes Huidobro) y, en enero, el tributado en el Congreso Internacional Teoría y práctica del teatro cubano “Celebrando a Virgilio”(celebrado en la Universidad de Miami).Estos justos reconocimientos, ¿qué entrañan para este santiaguero en Nueva York que, a lo largo de su valiosa dramaturgia, parece no haber olvidado sus orígenes? 

-Ambos homenajes los he recibido con agradecimiento y sincera humildad. El legendario percusionista cubano Cándido Camero —que lleva mas de 60 años en Nueva York— (y al que, por cierto, poco tiempo atrás, Iván, homenajeaste en el Centro Cultural Cuba 8) siempre ha dicho: “Se puede sacar a un cubano de Cuba, pero no se puede sacar a Cuba de un cubano”.

«En lo que a mí toca, no sé si es que siempre he llevado el contagioso ritmo de la Conga de Los Hoyos, palpitando en el corazón. O si es la riqueza cultural y artística cubana, o si ha sido este trágico medio siglo de tiranía. En esta, nuestra segunda patria (que queremos, respetamos y defendemos tanto) jamás ha existido un día en que no haya pasado un pensamiento acerca del pasado o del presente en nuestro terruño natal. Gracias a Dios que tenemos el teatro para expresarlo.

«En fin, estimado Waldo: quisiera aprovechar esta oportunidad para agradecerles a ese magnifico dramaturgo, novelista, profesor y entusiasta, Matías Montes Huidobro y a su distinguida esposa, la profesora, Yara González Montes, por haber sido los líderes organizadores del recién celebrado Congreso de Teatro Cubano en el Exilio. Para ambos y para todas las personas que colaboraron con ellos, felicitaciones desde lo más profundo de mi corazón… Y se cierra el telón.»

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