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Raúl De Cárdenas: Dramaturgia y costumbrismo, humor y crítica social

Pedro Raul Ivan y Jorge

Texto y Fotos:  Waldo González López   para www.TeatroenMiami.com

 

                       Una dramaturgia representativa de lo cubano y su esencialidad

 

Con razón, definido como «uno de los autores más representativos del teatro costumbrista cubano de todos los tiempos», Raúl de Cárdenas ha edificado una honda y,  a un tiempo, satíricohumorística dramaturgia que, además, ha revelado las inquietudes y preocupaciones de los cubanos de su tiempo.

   Autor de numerosos éxitos en la escena cubana en Miami y otros estados (donde se han presentado sus comedias: El Barbero de Mantilla, Dile a Fragancia que yo la quiero, Aquí no se baila el danzón y la trilogía de las hermanas Carbonell), pocas semanas atrás estuvo en La Ciudad del Sol, invitado —por el Presidente del Instituto «René Ariza», el destacado dramaturgo, crítico, profesor y narrador Matías Montes Huidobro— al exitoso Congreso Internacional de Dramaturgia y Artes Escénicas. Teoría y Práctica del Teatro Cubano del Exilio «Celebrando a Virgilio», en el que se analizaron con rigor las creaciones dramatúrgicas del propio Raúl de Cárdenas, como de José Triana, Julio Matas, Ramón Ferreira, Iván  Acosta, Pedro Monge y Ernesto García, tales asimismo las de Dolores Prida, Marisel Mayor Marsán, Julie de Grandy, Yvonne López Arenal y Cristina Rebull. Además, se recordó que este año, justamente, se cumplen cinco décadas del estreno de su primera pieza: La palangana.

   De Cárdenas es el autor más representado en EUA, según quedó demostrado en tal evento. Así, sus puestas han sido disfrutadas en el Puerto Rican Traveling Theater de Nueva York, la Fundación Bilingüe de las Artes, la Sociedad Pro-Arte Grateli y el grupo Havanafama (antes en Los Angeles y en el Congreso de Miami). Con ello, estas instituciones, como el público que aplaude sus piezas, han evidenciado su interés por escenificar y disfrutar, respectivamente, sus excelentes y criollísimas obras.

   Figura decisiva del teatro costumbrista cubano, de los autores de la diáspora y del teatro hispano de Estados Unidos, una década atrás, ya De Cárdenas definía su creación en esta popular tendencia, de acuerdo con lo expresado al colega Jesús Hernández Cuéllar (en Contacto Magazine, en mayo 15, del 2001). Así, ante la pregunta: ¿Qué significa el teatro costumbrista cubano?, el conocido dramaturgo respondería Hernández Cuéllar lo que sigue:

 

Significa nuestro cubanismo. El teatro costumbrista cubano adquiere una vital importancia, especialmente en las últimas (…) décadas de exilio. Existe una necesidad emocional y espiritual de salvaguardar nuestras tradiciones, nuestra forma de ser, nuestra idiosincrasia, frente a una vida en un mundo de idioma y tradiciones diferentes. Corremos el peligro de envejecer, ser absorbidos por el país que nos dio refugio y perder nuestras raíces en un inconsciente proceso de adaptación. La necesidad de integrarse a la nueva vida y adoptar nuevas costumbres tiene tal fuerza que hace peligrar nuestra propia identidad.

  

    Y añadía De Cárdenas:

 

(…) el factor nostalgia es un componente primordial, si se quiere, romántico, en la reconstrucción de nuestras vidas. Venimos de un pasado imperfecto que en el exilio idealizamos y la escena costumbrista es el vehículo adecuado para canalizar esas imágenes. Muchas veces se trata de piezas sentimentales, llenas de gracia, fijadas especialmente en un cubanismo rico y variado en su gama de matices, como el español y el negro, mezclados con armonía. El teatro costumbrista cubano es el indispensable sostén de nuestras vidas frente al pesimismo que a veces nos abruma tan lejos de nuestra patria.

  

   Pero, no conforme aún, a otra pregunta del colega, respondía el dramaturgo:

 

El teatro costumbrista dentro de la Isla tuvo definitivamente una motivación ideológica, de acuerdo con los cánones del régimen. Hubo un momento, una necesidad, para adoctrinar a las masas, de criticar y desprestigiar el pasado republicano, la sociedad burguesa esclerosada causa de todos los males del país. Y eso ha quedado atrás porque ya no es tan necesario. Si se analiza el teatro escrito por los mejores dramaturgos costumbristas que aún residen en Cuba, como Héctor Quintero, Abelardo Estorino, Nicolás Dorr o Abrahan Rodríguez, se descubre en los textos un constante vituperio a lo que fue Cuba antes del castrismo. El surgimiento de un neo-costumbrismo en Cuba implicaría la crítica, la ironía, la reflexión, la mirada a una sociedad decepcionada y eso no es permisible en Cuba.

 

      Siempre he pensado en la coincidencia inconsciente y, por consiguiente, en el no menor inconsciente vínculo de las dramaturgias de Raúl de Cárdenas y la del recién desaparecido Héctor Quintero, cuya muerte, ocurrida poco tiempo atrás, representó, sin duda alguna, una lamentable pérdida para la escena cubana de las dos orillas, pues su quehacer autoral tuvo una honda resonancia en escenarios estadounidenses, y de quien, además, debo decir que era mi amigo y vecino.

   Por su vínculo con el mejor costumbrismo, presente en los siglos XVIII, XIX y la primera mitad de la pasada centuria, tanto Raúl como Héctor, cada uno con su peculiar estilo, viviseccionan su querida Isla con humor, ironía y más, siempre demostrando su cariño por el inigualable carácter del cubano, con su idiosincrasia que lo identifica en el mundo.      

 

RAÚL IN SITU

Al destacado dramaturgo cubanoamericano Raúl de Cárdenas por fin tuve la oportunidad de conocerlo en mencionado Congreso Internacional de Dramaturgia y Artes Escénicas. Teoría y Práctica del Teatro Cubano del Exilio «Celebrando a Virgilio», donde entre una y otra sesión, pude hacerle algunas fotos —que casi enseguida le envié— y prometerle la presente entrevista que sólo ahora puedo enviar a mi colegamigo Ernesto García para publicarla en mi columna de su eficiente por muy actualizada web teatroenmiami.com.

   A pesar de los escasos contactos que sostuvimos, la química establecida entre ambos (tal me aconteció con su y mi colegamigo Iván Acosta) fue inmediata. Y no era para menos, porque tres virtudes por mí preferidas adornan su carácter de «hombre bueno, en el buen sentido de la palabra», para evocar a uno de mis poetas de cabecera (Antonio Machado).

   En consecuencia, sencillez, modestia y bonhomía son palabras clave que evidencia el (son)riente Raúl, cuyas respuestas para esta entrevista, entregan de cuerpo completo a el creador que así evidencia su talento y, de nuevo, sencillez, pues, como suelo afirmar (porque la vida me lo ha demostrado desde muchas décadas atrás), sólo los verdaderamente grandes saben el valor de la sencillez y la modestia.

   Pero veamos: en una importante entrevista realizada y publicada por el colega Jesús Hernández Cuéllar, en Contacto Magazine, el 15 de mayo de 2001, entre otras preguntas, le formuló varias sobre varios aspectos decisivos en sus obras, cuyas respuestas me han servido para la presente. Bien, manos a la obra:

 

Raul de Cardenas 1Maestro, ¿cuándo y por qué se interesa por el teatro?

-Quizás sea difícil determinar exactamente dónde comienza mi atracción por el teatro. Pero si recuerdo que desde muy joven me llamaba la atención. Sin duda, me atraía. Primero en aquellas representaciones que se hacían en el colegio y, después, cuando en La Habana fui descubriendo aquellas salitas de teatro que se hicieron tan populares y donde actuaban nuestros mejores artistas.

 

¿Cómo fueron esos años iniciales en la escena?

-Aquella época fue como de aprendizaje. Se estrenaban obras de autores muy conocidos, a veces de temas escabrosos que servían para atraer al público. La mayoría de las piezas eran del teatro norteamericano, que venían con el sello del éxito, pero también se presentaban otras del teatro europeo. Y algunos clásicos. Lo que faltaba era el teatro cubano que no se presentaba con frecuencia.

 

Usted llegó a estrenar en Cuba varias piezas. Ahora, al echar una mirada sobre el hombro y ya pasadas varias décadas de su entrada en la escena, ¿cómo evoca aquellos años iniciales?

-Waldo, fue un comienzo de muchas ilusiones, esperanzas, cuando éramos —como generalmente digo— mucho más inocentes.

«Así, mi primera obra, estrenada en el Club de Profesionales de La Habana, se perdió cuando salí yo de Cuba, lo cual fue algo afortunado porque no creo que exista una obra más mala en el teatro cubano.

«Después estrené en el Teatro Universitario una obra de tema revolucionario que gustó y fue llevada a la televisión.

«Mi tercera obra, La palangana, se estrenó en el Teatro Arlequín en 1961, recibió excelentes críticas, también se llevó a la televisión, y cerró la puerta de mi inicio en el teatro, porque meses más tarde saldría del país y tendrían que pasar dos décadas y media antes de que yo volviera a escribir.»

 

Raúl, la presencia del humor costumbrista es, como se sabe, fundamental en su quehacer. En tal sentido, ¿cómo valora usted tal componente en su aplaudida producción?

-El costumbrismo es un factor determinante en nuestro carácter teatral, y el teatro de costumbres, con su humor, con su ironía, con su ojo crítico a nuestra forma de vivir, es una forma de expresar quiénes somos. Y mi teatro refleja precisamente eso: buscando presentar con esos elementos nuestros conflictos, nuestros problemas, a un público que fácilmente se identifica con lo que ve en la escena.

 

En Estados Unidos  (y creo que sobre todo en Miami), su obra ha tenido entre la comunidad cubana una calurosa aceptación, a diferencia de algunos que apenas lograron sobrevivir. Así, ¿cómo evalúa tan ferviente acogida?  

-Yo he navegado con suerte porque —aunque he escrito otras obras mucho más serias— no hay duda que el público prefiere la comedia al drama.

Tras una dramaturgia durante varios decenios (gracias a su solidez y popularidad) tan exitosa como la suya, ¿qué pieza(s) escribe en la actualidad?

-Tengo el primer acto de lo que yo llamaría un oratorio que he titulado Voces de Cuba para seis actores, y he comenzado a escribir la segunda parte de Suite Miami.

 

Algunos de sus colegas (como José Triana y Matías Montes Huidobro, por sólo poner dos notables ejemplos) han escrito y publicado poesía y narrativa. Así, entre sus (posibles) proyectos literarios, ¿no están estos u otros géneros, o, incluso no ha pensado en un libro de memorias, ese que todos esperamos?

-Yo admiro la genial versatilidad de dramaturgos como Matías Montes Huidobro y Pepe Triana que escriben otros géneros literarios, y los escriben magistralmente. Yo, sin embargo, no me he atrevido a escribir otra cosa que no sea teatro. Y temo sinceramente que, si intentara escribir una novela o un poema, serian tan malos como mi primera obra teatral. Más vale no hacer sufrir al lector. Y con respecto a mis memorias, quizás un día me entusiasme y cuente algo de mi andar, aunque no lo creo muy interesante.

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