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Por Waldo González López – www.TeatroenMiami.com
Fotos: Asela Torres
Como el canto del cisne que se echa a volar a la eternidad, fue la triste-alegre despedida de una prestigiosa compañía que dijo adiós a su nutrido público, siempre ferviente, que asistió a su última función, como a todos sus estrenos y funciones.
Tal fue la ceremonia acontecida la noche del sábado en la excelente sala de Calle 8, esq. a Avenida 21. Y digo que constituyó una despedida triste-alegre porque al tiempo que los fieles asistentes evocaron las casi 78 obras y puestas (muchas de ellas estrenos), representadas durante más de dos décadas (22 años), sintieron además tristeza por despedir a este colectivo que, desde su creación —bajo la égida del Hispanic Theater Guild—, le ha ofrecido y complacido, con la dedicación y la entrega máximas, el arte escénico de calidad.
Así, su público (que en muchas ocasiones llenó la sala) pudo disfrutar del mejor teatro, gracias a este grupo que ha hecho historia en la vida cultural de Miami, siempre guiado por su incansable director general, administrador y valioso actor Marcos Casanova.
Esta ocasión la pieza escogida pertenece al conocido intelectual mexicano Luis G(onzaga) Basurto (México, D. F, 1920-1990): Con la frente en el polvo, que estrenada en 1967, le valiera ese mismo año uno de los cuatro Premios «Juan Ruiz de Alarcón» merecidos en vida por el también actor, director escénico, crítico teatral, comentarista de televisión, guionista de cine y empresario teatral.
LA OBRA
Fue tal el prestigio alcanzado por el multicreador, que el importante poeta azteca Salvador Novo nombraría a Basurto «El Moliére mexicano» y, aunque la crítica especializada lo definiera como «El escritor católico de vanguardia», el propio dramaturgo, con suma modestia, se autodenominaría simplemente: «Un soldado del teatro».
Mas, bien cierta fue la nominación de los críticos escénicos aztecas, pues tanto en esta, como en sus piezas: El candidato de Dios (Premio Juan Ruiz de Alarcón 1986) y Corona de sangre. Vida, pasión y muerte del Padre Pro (en homenaje a Rodolfo Usigli, Premio Juan Ruiz de Alarcón 1990), el incansable dramaturgo defendió la iglesia católica, acorde con la idiosincrasia de su pueblo, tan religioso y devoto.
Y ello se revela de nuevo en esta sólida pieza, donde —aunque critica los pecados del ambicioso Monseñor Agustín, presunto cardenal, quien asiste a confesarse con el sencillo sacerdote que lo iniciara en la fe, para, de improviso, arrepentido, mostrar su verdadera impronta de suficiencia y arrogancia— el dramaturgo defiende la curia en el muy humano personaje del humilde y anciano cura del alejado pueblito, donde funge como presbítero, acorde con los principios cristianos.
El cura, siempre modesto por su genuina fe y vasta experiencia, evidencia su grandeza y sabiduría, cuando le dice, aleccionador, con sutil ironía, tras comprobar la falsedad de su ex discípulo, hoy tan ambicioso: «El Infierno debe estar lleno de aspirantes a la santidad».
Sin duda, se trata de una crítica a la curia y sus ávidos pasos, trasiegos y componendas para alcanzar los cargos superiores (en las hoy más, que cuando fuera escrita la pieza, denostadas jerarquías católicas), en cuya consecución su comportamiento deja mucho que de desear, como todos saben, por los graves sucesos a diario conocidos por la prensa escrita y virtual.
El cardenal odia a su madre que, en su niñez, abandonó al padre, hecho de carácter traumático que pesa sobre su aborrecible conducta. Ello le sirve al autor como presunta excusa del malogrado desempeño del cardenal, si bien hoy quizás no convenza a muchos, por tantos desafueros, de varia índole, incluso sexual, cometidos en el mundo por diversos representantes eclesiásticos.
LA PUESTA DE TEATRO 8
La pieza tuvo su primer estreno en Miami, también por Teatro 8, años atrás cuando, como ahora, tuvo a cargo la dirección artística el experimentado Rolando Moreno, asimismo diseñador y autor de larga praxis en la escena.
Tanto Marcos Casanovas en su humilde prelado, como Javier Coronel como el ambicioso cardenal, están en la tensa pero lograda cuerda del salto al vacío que siempre constituye una compleja interpretación, como las que ambos actores asumen y logran en sus tan distantes y distintas criaturas.
Por humanizar con suma naturalidad sus personajes, conducidos con organicidad, sin innecesarias afectaciones externas, ambos intérpretes consiguen exitosas actuaciones que suman otros logros a sus prestigiosas carreras, signadas por el rigor, la dedicación y la práctica durante décadas.
Si sumamos la muy experimentada dirección artística y el diseño escenográfico de Rolando Moreno, como el idóneo diseño de luces de Pedro Remírez, tendremos que convenir en que el triste-alegre adiós de Teatro 8, resulta apenas un hasta luego, porque la alta calidad de esta puesta, como otras muchas del riguroso colectivo, le aseguran en esta u otra sala una continuidad ganada por sus mencionados méritos.
Entonces, sin duda, esperamos seguir disfrutando en otros espacios las próximas propuestas, con idénticas calidades, de estos valiosos artistas que —siempre mirando al futuro, con la frente en el cielo— durante décadas, han proporcionado disfrute y cultura a varias generaciones de espectadores en este Miami que tanto necesita de la escena inteligente y de la alta valía conseguida por ellos.
SOBRE MARCOS CASANOVA
Sus primeros encuentros teatrales fueron a los nueve años en su natal San Cristóbal. Luego se vincula directamente al teatro, poniéndose al frente de producciones teatrales dentro del recinto monástico, donde reside por dos años en Navarra, España. Una vez en Miami se une al teatro Las Máscaras y participa en varias producciones de Grateli y otros grupos. En 1989 cofunda el Hispanic Theater Guild, del que es Director Artístico y Productor Ejecutivo, responsable de las 78 producciones teatrales que esta organización ha realizado en sus veintidós años de existencia. En enero del 2000 el HTG abre su casa Teatro 8, siendo el principal responsable, apoyado por su incansable Junta Directiva, de mantener una programación sostenida con cinco obras al año. Ha dirigido varias docenas de obras, entre las que se encuentran, Medea, Doña Rosita la soltera, Amistad y El Método Gronholm. Como actor sus créditos abarcan desde las más hilarantes comedias ¡Qué me traigan un tenor! y Quererse no tiene horario hasta los dramas El malentendido,Con la frente en el polvo y los monólogos Un hombre al amanecer y La sombra del Tenorio. Ha escrito dos obras teatrales: Las Carbonel en la Villa Jabón Candado y La libertad prestada, premio Letras de Oro de UM. Mereció el Premio Baco 2011.
SOBRE ROLANDO MORENO
Comenzó su carrera profesional como diseñador de escenografía, vestuario y luces en Cuba en 1961. Dirige en Miami su primera obra Las monjas, de Eduardo Manet en 1989. Dos años después estrena Como en La Habana, su primer trabajo como dramaturgo. Ha hecho además teatro musical, ópera, ballet, circo, cine, televisión y mucho cabaret, desde La Habana y Caracas hasta Las Vegas. Entre numerosos premios ha recibido dos Carbonell Awards como mejor director teatral hispano y el Artistic Fellowship Award de diseño del Estado de la Florida. Ha participado como director y diseñador en festivales internacionales de teatro en Cuba, Francia, Japón, España, Colombia, México, Costa Rica y Estados Unidos. Entre sus montajes más representativos se encuentran Sabina y Lucrecia, El malentendido, La visita de la vieja dama, Tres tazas de trigo, Esperando a Godot, Josefina la Viajera, La última parada, Alguien quiere decir una oración, La retirada de Moscú, Si vas a comer espera por Virgilio y Con la frente en el polvo, entre otros. Mereció el Premio Baco 2011.