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Al Danuzio y Sabas MalaverPor Waldo González López – www.TeatroenMiami.com

Fotos: Alfredo Armas Y Zoraida V. Fonseca


Uno de las grandes teatristas de la contemporaneidad es, sin duda, Jean Genet (19/12/1910-15/04/1986), cuyo centenario celebró la comunidad escénica internacional 12 años atrás. A diferencia de otros intelectuales relevantes de su tiempo, es considerado un definido vanguardista y precursor del teatro del absurdo o, para emplear un título acorde con su época de esplendor: un verdadero «rebelde con causa».

   Ya pasadas las escuelas simbolistas y expresionistas —como las vanguardistas de los primeros decenios de la pasada centuria (la surrealista, sobre todo)—, Genet rompe con tales tendencias y se afilia a otras aristas estilísticas.

   Es entonces cuando el clásico dramaturgo de Las criadas se vale de uno de los más  novedosos recursos de la posvanguardia (el teatro del absurdo) que emergía, prometedor, para continuar la necesaria transformación del arte y la literatura europeas, iniciada con las primeras incursiones de inicios de tal centuria. A tal advenimiento se sumarían, entre otros, el rumano-francés Eugene Ionesco, quizás el más relevante, aunque no por ello reste significación al asimismo muy notorio autor galo Jean Genet.   

   Mas, no sólo tal reconocimiento aconteció gracias a su muy reconocida producción escénica, pues el significativo creador también publicó novelas, ensayos y poemas, en los que reflejó su invariable postura de inadaptado social. Tal postura la evidenció, además, en otra creación significativa que no suele mencionarse, por desconocimiento o por olvido: su único y valioso cortometraje, donde igualmente se mostró como un adelantado a su época.

   Sí, Un chant d’amour (Un canto de amor) es el título del único filme realizado por Jean Genet en 1950, un original cortometraje que anticipó técnicas hoy tan populares como la del video y otras aún más actuales. En sólo 25 minutos, Un chant d’amour (ver en Internet) resume los sueños y afanes homoeróticos del creador, quien los plasma en un contexto tan conocido por él: la cárcel, donde pasara innumerables ocasiones de su vida.   

 

Jean GenetSOBRE LA OBRA Y SUS MOTIVOS

Las criadas es la obra más célebre y emblemática de Jean Genet, por cuya resonancia continúa presentándose en diversas capitales del mundo desde su estreno, ocurrido el 19 de abril en el París de 1947.

   Un punto de interés es que su autor partió para su confección de un hecho real: el asesinato de una dama burguesa, llevado a cabo por sus propias criadas: las hermanas Papin. Pero veamos:

   La gravedad de un fenómeno tan terrible (hoy común por la absurda frecuencia con que acontece en diversas capitales del mundo) conmovió al mundo por su brutalidad y aparente falta de motivo; en consecuencia, las criadas se autoinculparon, se negaron a ser defendidas y fueron condenadas a treinta años de prisión.

   En síntesis, el argumento cuenta cómo, ausente de su casa la dueña, sus criadas (Clara y Solange) visten los suntuosos trajes de la envidiada señora, y se intercambian los papeles, algo cotidiano en Clara, quien suele jugar a diario un ritual lúdicro/diabólico con su hermana Solange, denominado por ellas «La Ceremonia», en la que Clara usurpa su lugar.

   Acorde con la trama, las criadas-hermanas pugnan, en un afiebrado vínculo de amor-odio, luchan con sus pasiones escondidas, se acusan e insultan, se censuran y comprenden, se encubren y más, mucho más, siempre en tensión y rivalidad asfixiantes.

   Por fin, deciden la muerte de La Señora, ocasión para la que preparan un veneno que supuestamente ella tomará cuando llegue. Pero, al arribar la dama burguesa, no lo toma y la envidiosa Clara, empeñada en encarnar a La Señora hasta las últimas consecuencias, bebe la taza de tila, a pesar de que sabe morirá.

 Sabas Malaver y Alex Otaola  Tanto las Criadas como La Señora, son símbolos y la trama, resulta una convincente imagen de la humillación de los otrora «siervos de la gleba», como de tantos que, aún hoy, se ven obligados a repetir los gestos serviles y a tragarse sus sueños —o, tal sucedió en el crimen real,  enseguida reelaborado artísticamente por Genet—: a servir a una Señora y un sistema que los oprime, y por el que muchos valores se han  perdido.

 

SOBRE LA DIRECCIÓN. LA PUESTA Y LAS ACTUACIONES

Como otros artistas y agrupaciones latinoamericanos (cuyos montajes de singulares textos disfrutamos los fines de semana en las variadas salas y teatros de la ciudad), el también director Sabas Malaver —junto a Alex Otaola y Al Danuzio, válida tríada actoral— dan fe de convincentes interpretaciones, a partir de una puesta de sólida factura, donde los desempeños resultan el pivote conceptual de la bien estructurada armazón dramática que, en la noche de estreno, fue acogida con prolongados aplauso y vivas de los espectadores puestos de pie.              

   Si bien, Las criadas ya había tenido tres años atrás su estreno (que el crítico no visionó por no encontrarse aún aquí), esta ocasión —de acuerdo con varios discernimientos de espectadores de ambas puestas— hubo ligeros cambios que dimensionaron lo simbólico en la actual puesta, toda vez que el director acentúa lo tiránico de La Señora (Alex Otaola), tan odiada por las criadas-hermanas (Sabas Malaver y Al Danuzio), quienes pretenden asesinarla.

   Decisivo texto, cuyo sugerente lenguaje permite asomarnos a las contradicciones de tres francesas de la época, los diálogos expresados y asumidos con violencia por los actores, se vale de las imágenes oníricas y las osadas expresiones, «no aptas» en la Francia de los ’40 del siglo pasado, cuando Genet escribe su ya obra.

 

Malaver y Danuzio

  Este elemento, típico de la estética genetiana, le otorga la necesaria dimensión al espectáculo, signado por la tensión y la agresividad de la intensa acción contenida, al punto que parece estallará de un momento a otro.

 
  A tal lucimiento, colaboran los logrados desempeños de la formidable tríada actoral. En los casos de Otaola y Danuzio ya el crítico había comprobado sus calidades en anteriores puestas y trabajos (incluso, premió al primero en el I Festival Internacional de Obras de Pequeño Formato, creado y celebrado en la compañía ArtSpoken a fines de 2011), no así en cuanto a Malaver, ya que quien escribe nunca antes lo había visto actuar. Además, se aprecia su conceptual dirección, sin dudas, plausible.

   Otros elementos decisivos en el quehacer actoral son, entre otros: la intensa organicidad desplegada por los intérpretes y la convincente cadena de acciones que guían su muy eficiente desempeño.

   Destaco, asimismo, en el diseño de luces, el empleo de claroscuros, que ofrecen la siniestra atmósfera de preparación del crimen, como la utilización de trajes de la guardia nazi y, en consonancia con la denuncia de la opresión y el abuso (aún presentes en países totalitarios y ultra religiosos), expresados en el constante saludo de los actores «Heil, Hitler!», obligatorio bajo el mandato del Führer.


Otaola y MalaverSIGNIFICACIÓN DE «LAS CRIADAS» EN ESTE 2012

Sin duda, la presencia de Las criadas en el Miami de 2012, resulta un genuino homenaje al notable y polifacético autor galo. Así, la puesta que ofrece desde el pasado sábado el nuevo equipo de Teatro 8, constituye un digno momento de la escena en esta ciudad requerida de montajes de grandes autores internacionales.

   Por la actualidad de la pieza, por la excelente calidad de los desempeños interpretativos, a cargo de tres actores que, aún jóvenes, darán mucho más en sus prometedoras carreras, y por la lograda dirección de Sabas Malaver, sugiero desde mi columna a los ciberlectores de teatroenmiami.com la pronta asistencia y el disfrute de esta decisiva puesta que, aunada a otras de las varias agrupaciones latinas, continúa afianzando y desarrollando el arte escénico en Miami.       


 

 

 

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