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01Por Waldo González López  - www.TeatroenMiami.com

Fotos: Zoraida V. Fonseca

El público pudo deleitarse una vez más con el ya varias veces interpretado, con otros valiosos elencos y en el propio Teatro Trail, Monólogos de la vagina, siempre bajo la experimentada dirección del realizador venezolano Manuel Mendoza, sólo que en esta, la más reciente y última edición de la exitosa comedia, se llevó los lauros, por el elenco de alta categoría: 5 estrellas.

   Ya me explico: no se trata de que los anteriores elencos no dieran la talla o fueran mediocres: no, todo lo contrario: brillaron. Sólo sucede que —a pesar de que las anteriores puestas contaron con actrices de la talla de Alba Roversi, Sonya Smith, Gledys Ibarra, Maritza Rodríguez, Paula Arcila, Adamari López y Paula Arcila, entre otras de alta valía—, en la recién concluida, por la inteligente conjunción de las muy experimentadas actrices y comediantes (la colombiana Marisol Correa, la puertorriqueña Marisol Calero y la cubana Judith González, alias, Magdalena la Pelúa) y su hondo profesionalismo conseguido —que roza lo cuasi perfecto—, las archiconocidas intérpretes logran dominar al máximo el delicioso texto de la dramaturga, actriz y activista femenina Eve Ensler.

   Para ello, lo dotaron de sus muy cualificados recursos, cada una a su manera, valiéndose de su vis cómica y su larga praxis en una de las más difíciles “categorías estéticas”: el humor, según la sabia calificación de la prestigiosa esteta, lingüista y ensayista francesa de ascendencia búlgara Julia Kristeva (1941), quien, entre sus numerosos volúmenes dedicados al estudio de la semiótica y la teoría literaria, como de las ciencias de la comunicación, descuella, además, su cenital ensayo sobre la risa y el humor, que tuve la oportunidad de leer en Cuba, facilitado por mi colegamigo y ya desaparecido dramaturgo y actor Héctor Quintero, Premio Nacional de Teatro.

   De tal suerte, la consabida experiencia, tanto de las actrices, como del director en la puesta de excelencia de los «muy hiperpopulares y muy probados monodramas vaginarios» —tal los denominé en una anterior crónica de la pieza con otro elenco—, gozó de la mejor acogida durante las dos únicas funciones que concluyeron la intensa y extensa jornada monológica.

  Como asimismo subrayé en esa anterior crónica, a pesar de su mundial celebridad, la pieza nunca había podido ser escenificada en español, en EEUU. Sólo gracias al talentoso director venezolano Manuel Mendoza, pudo ser escenificada, habida cuenta que la propia Marisol Correa, empresaria y destacada comediante (que la representó en el Trail, durante su primera edición y última ediciones), compraría los derechos de autor y la produjera.  Escrita en 1996 por la dramaturga, actriz y activista femenina Eve Ensler, tras entrevistar a más de 250 mujeres de diferentes etnias, edades y ámbitos sobre la violencia doméstica, el amor y el sexo—, ha devenido, tas sus múltiples puestas en disímiles escenarios de varios continentes, un montaje canónico, gracias a la aprobación de crítica y público.

   Y es que Monólogos de la vagina —según aseveró con acierto y experiencia la propia Correa— «habla a gritos sobre la vergüenza, el miedo y el desconcierto del ser humano frente al órgano femenino. También explora lo que significa el órgano sexual para las mujeres y la relación con su cuerpo y su vida, confrontando los prejuicios frente al mismo. Debido a su fuerte mensaje feminista, ha sido traducida a 45 idiomas y se ha convertido en un suculento plato apetecido por las grandes actrices del cine y el teatro. Entre las estrellas de Hollywood que la han representado resaltan, entre otras figuras, Whoopi Goldberg, Jane Fonda, Susan Sarandon, Glenn Close y Rita Moreno.»

   En sus breves pero contundentes personajes (la prostituta, la lesbiana, la anciana de 72 años), destaca la interpretación de las tres destacadas actrices latinoamericanas. Dueñas de su instrumental y la útil improvisación, aportan certeras «morcillas» que muy bien se avienen con sus simpáticos «apuntes» personales sobre sus colegas.

   En tal sentido, sin duda, descuella sobremanera la excelente improvisación de Marisol Correa en su brillante caracterización de la colombiana de pueblo, quien, aunque se trata de una sexóloga, convence y vence con sus muy particulares modismos, tan característicos de su patria.   

   Como dije arriba, en su más reciente puesta, se corrobora, una vez más, la experiencia adquirida en la dirección y producción teatrales por Manuel Mendoza, quien —en multiplicada «mancuerna» (valga el mexicanismo) con el animador y locutor televisivo Raúl González y Morris Gilbert— optó por estrenar piezas de exitosa trayectoria en Europa y otras regiones del mundo, con recepción mundial en sus presentaciones en el Teatro Trail, suerte de termómetro de tales éxitos internacionales.

   Ahora sólo falta esperar la programación que vaticinan Manuel Mendoza y Marisol Correa para la intensa temporada del ya venidero 2013 en el Teatro Trail, cuya cartelera se despide con el espectáculo Esta noche se improvisa una comedia, a cargo del destacado actor cubano de cine, teatro y TV, residente en Colombia, Mihail Mulkay, cuya interpretación seguramente será, no menos exitosa durante las tres funciones del próximo fin de semana: otro éxito a tener en cuenta. Por ahora, prometo cronicar su debut en Miami.      


 

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