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waldo bioWaldo González López (Las Tunas, Cuba, 1946)

Poeta, ensayista crítico teatral y literario, periodista cultural. Graduado en la Escuela Nacional de Teatro (ENAT) y Licenciado en Literatura Hispanoamericana (Universidad de La Habana). Autor de 20 poemarios,  6 libros de ensayo y crítica literaria, varias antologías de poesía y teatro. Desde su arribo a Miami (2011), ha sido ponente y jurado en eventos teatrales y literarios internacionales. Merecedor de 3er. Premio de Poesía en el X Concurso “Lincoln-Martí” 2012. Colaborador de las webs: teatroenmiami.com (Miami) y Encuentro de la Cultura Cubana (España), Boletín de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (New York), y los blogs OtroLunes (Alemania), Palabra Abierta (California), Gaspar. El Lugareño, y el diario digital El Correo de Cuba (ambos en Miami).

1546119 10152808595636828 7391462491799311796 nPor Waldo González López – www.TeatroenMiami.com

Fotos - Alfredo Armas

Prohibida durante décadas por el totalitarismo castrador y castrante, y solo puesta en raras ocasiones en la Isla, una de las primeras y la más crítica pieza del ya fallecido dramaturgo cubano Abelardo Estorino, es motivo de interés en la cartelera escénica de Miami, gracias a su valioso montaje y, en consecuencia, bien recibido estreno en la puesta de la directora Belkis Proenza, en La Casa del TÉatro, donde fue estrenada pocas semanas atrás.

   A causa de la prohibición a que fue sometida durante décadas, la obra ha sido disfrutada en La Habana solo en dos o tres ocasiones; sin embargo, su repercusión internacional ha alcanzado a varios países. Entre otros montajes, se recuerda el realizado el 25 de mayo de 2007, en la Sala Andes, del Centro Cultural Teatro Mauri, en la ciudad chilena de Valparaíso, por la Compañía Teatro Prekario, donde constituyera un exitoso estreno, según la prensa local.

 

LA OBRA

   Cierta zona de la crítica escénica cubana de la otra orilla ha apuntado que Los mangos de Caín es una obra mucho más experimental, porque hace mejor uso de los recursos expresivos del teatro. Esta pieza en un acto utiliza como recurso el símbolo, puesto que se trata de una alegoría bíblica, en la que se presenta un Edén desmitificado a partir de la familia original: el motivo principal es el disgusto de Dios ante la ofrenda de Caín, quien a su vez intenta desenmascarar las intenciones ocultas de Adán, Eva y Abel para evidenciar dónde se encuentra realmente la maldad y la injusticia.

   Mas tales críticos parecen olvidar que, en Los mangos de Caín —escrita en 1965 y definida por al autor como “alegoría bíblica”, para intentar ahuyentar las prohibiciones a que, de todos modos, fuera sometida desde su creación—, las metáforas y alegorías se entrecruzan en la búsqueda de los antecedentes de por qué Abel fue asesinado por su hermano, además de las extrañas relaciones entre Eva y sus hijos, como la impertinente presencia de Dios en los momentos menos esperados.

   Un fino juego humorístico en torno al mito bíblico caracteriza no pocos momentos de la pieza; mas, sin caer en chabacanerías, se alude al “Señor Todopoderoso” en inconfundible referencia al omnímodo poder del “máximo líder”, el caudillo y tirano Fidel Castro, quien ya durante el primer lustro de la mal llamada Revolución (cuando Estorino escribiera la pieza) definiera su incambiable postura, mantenida hasta su mandato solo poco tiempo atrás, y hoy continjuada por su hermano Raúl, a pesar de su falsa imagen de menor dureza, corroborada en los continuos asedios a Las Damas de Blanco y otros disidentes pasivos, a diario encarcelados durante los últimos años en la prisionera isla, sometida al canallesco castrismo desde los ‘60s.  

   Con su habitual profundidad, el autor entregaría una pequeña obra maestra, cuya causticidad resulta uno de sus altos valores, como asimismo su voluntad de otredad: alejamiento del realismo, entronizado en la escena cubana de los ‘60s, logrando ubicarla en un imaginario orbe paródico y mítico.

   Brillante obra en un acto —tal ha sido definida—, sus parlamentos, sucintos y eficaces, la recorren con un humor intenso, a veces corrosivo, junto a una angustiosa ironía que bordea el sarcasmo, gracias a los personajes marcados por sus trazos certeros, que resultan admirables y, a un tiempo, “humanos, demasiado humanos”, dixit Friedrich Nietzsche, en tanto constituyen personajes de parodia y profundamente tangibles.

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VALIDEZ DE LA PUESTA MIAMENSE

   Una ambientación minimalista con la omnipresencia del color blanco (¿símbolo de la pureza anhelada por los cuatro habitantes-personajes del supuesto Paraíso-Isla?) connota los elementos de utilería, vestuario y escenografía (cortinas, tules…), tópico apreciado por la directora.

   Tales presupuestos conforman la puesta de Belkis Proenza, quien sigue muy de cerca la obra original, solo cambiando el final, con el propósito de atenuar el tono trágico otorgado por el dramaturgo. De tal suerte,  ahora Caín no asesina a Abel, sino escapa en balsa de la Isla rumbo a Miami, como tantos cubanos hoy que huyen, desesperados, del feroz castrismo ante el temido fin de la protectora Ley de Ajuste Cubano.   

   Conducidos por la también experimentada actriz, quien guía con acierto los desempeños del breve pero eficaz elenco: los cubanos Alejandro Milián (Caín) y Taimy Olivera (Eva) y los puertorriqueños José Brocco (Adán) y el adolescente Ricardo André (Abel), quienes asumen con acierto sus cometidos, acordes con las respectivas sicologías de sus bien definidas criaturas escénicas, a las que otorgan los necesarios rasgos.      

   La puesta se apoya en una breve pero acertada antología con imágenes visuales de los más sanguinarios dictadores (Hitler, Mussolini, Stalin, Mao, Pinochet, Gaddafi y, por supuesto, los Castro, entre otros canallas), como en un certero diseño sonoro y musical, aportado por un variopinto haz de intérpretes y agrupaciones que van desde un fragmento de la hermosa colección de cantos goliardos de los siglos XII y XIII “Carmina Burana”, musicados por el compositor neoclasicista alemán Carl Orff, hasta la alegórica “Ojalá”, del oficialista Silvio Rodríguez (quien luego negara su alusivo mensaje al Coma Andante en Jefe, pasando por temas como “Despedida” y “Son nocturno”, de los hermanos Sergio y José María Vitier; el bolero “Fiebre de ti”, popularizado por Benny Moré; “Ese hombre está loco”, por Tanya y el conocido rap “Decadencia”, de Escuadrón Patriota, uno de los valientes grupos alternativos que, en la sometida Isla, arriesgan sus propias vidas con sus duras y frontales críticas acusatorias del infausto régimen que, tras cerca de seis décadas, aún mantiene bajo el hambre y la miseria al sufrido pueblo cubano.

   Otro aporte no menos singular, es el guaguancó bailado por Taimy y Alejandro, sencillo pero oportuno rasgo que le proporciona un elemento de teatro musical, índice gustado por la también productora Belkis que no poco funciona en la puesta.       

   En fin, se trata de una representación a tener en cuenta, por ser el estreno absoluto y de calidad en Estados Unidos y, particularmente, en Miami, de la pieza en la que Estorino osara criticar el régimen que censurara durante varios años al admirador y mejor discípulo del grande Virgilio Piñera. Todavía tienen tiempo los espectadores que no han disfrutado Los mangos de Caín, pues se repondrá el próximo fin de semana en sus tres últimas funciones.

Abelardo Estorino

 

DEL AUTOR

Abelardo Estorino (Unión de Reyes, Matanzas, 1925-2013) es uno de los dramaturgos cubanos más importantes y prolíficos: autor de obras clásicas de la escena cubana, como, entre otras: El robo del cochino y La casa vieja (con sendas Menciones del Premio Casa de las Américas), Morir del cuento, Ni un sí ni un no, Vagos rumores, Parece blanca y el monólogo Las penas saben nadar, su mayor éxito internacional, gracias a su calidad, en la que no poco tuvo que ver el recordado desempeño de la laureada actriz Adria Santana, fallecida poco tiempo atrás en La Habana, víctima de cáncer.

   Sus obras se han representado en Suecia, Noruega, Chile, España, Inglaterra, Estados Unidos, Checoslovaquia, entre otros ámbitos. Su dramaturgia se caracteriza por la (aparente) sencillez de sus tramas, problemáticas y personajes, cuyo desempeño favorece la auténtica comunicación con el público, al tiempo que logra la necesaria aproximación con los espectadores.

   Merecedor de importantes reconocimientos, como la Orden Félix Varela (1995), los Premios Nacionales de Literatura (1992) y de Teatro (2002) y su nombramiento de Miembro de la Academia Cubana de la Lengua (2006), Abelardo Estorino es un nombre de referencia en la escena cubana e hispanoamericana.

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