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waldo bioWaldo González López (Las Tunas, Cuba, 1946)

Poeta, ensayista crítico teatral y literario, periodista cultural. Graduado en la Escuela Nacional de Teatro (ENAT) y Licenciado en Literatura Hispanoamericana (Universidad de La Habana). Autor de 20 poemarios,  6 libros de ensayo y crítica literaria, varias antologías de poesía y teatro. Desde su arribo a Miami (2011), ha sido ponente y jurado en eventos teatrales y literarios internacionales. Merecedor de 3er. Premio de Poesía en el X Concurso “Lincoln-Martí” 2012. Colaborador de las webs: teatroenmiami.com (Miami) y Encuentro de la Cultura Cubana (España), Boletín de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (New York), y los blogs OtroLunes (Alemania), Palabra Abierta (California), Gaspar. El Lugareño, y el diario digital El Correo de Cuba (ambos en Miami).

Central Park 1Por Waldo González López - www.TeatroenMiami.com 

Fotos: Claudio Blanco

Ante todo, confieso a los ciberlectores, mi preferencia casi adictiva por las creaciones del notable Woody Allen quien, a lo largo de su intensa y extensa producción, revela su distintiva huella, tal una marca que la caracteriza.

   Allan Stewart Königsberg (Brooklyn, 1º. de diciembre de 1935) o mejor: Woody Allen, su verdadero nombre, es director, guionista, dramaturgo, narrador, actor, humorista y músico (desde su infancia, cuando tocaba el violín, luego devendría intérprete de clarinete e integrante de una banda de jazz) que ha merecido hasta el momento cuatro Premios Oscar, por igual número de filmes.

   Mas, advierto que el título de mi comentario de ningún modo sugiera que el laureado y conflictivo Allen esté en catarsis, la que —según Aristóteles en su Poética— era producida en los habitantes de la Grecia clásica, quienes al disfrutar y sufrir con las tragedias de Esquilo, Sófocles o Eurípides, experimentaban inquietudes emocionales (terror, misericordia...) y, como consecuencia de tal praxis, provocaba en ellos la ‘purificación’, liberándose de estas pasiones.

   Claro, estoy seguro que el polémico realizador, dramaturgo y narrador jamás realiza tal purga para afrontar sus varios romances con chicas (casi adolescentes que podrían ser sus hijas), pues, como creador de gran cultura y amplio talento, evidencia en sus cuentos, piezas y guiones, su hondo conocimiento de la Psicología femenina, rasgo que lo aproxima a grandes narradores, como el francés Gustave Flaubert, autor de las clásicas novelas: Madame Bovary, La educación sentimental y La tentación de San Antonio.  

   Y el profundizar en la peculiar sique femenina en los guiones de sus filmes (Hannah y sus hermanas, Maridos y mujeres y Otra mujer, así como en sus piezas teatrales, con una operación cercana al psicoanálisis, afín a la catarsis, le posibilita comunicar una emoción reprimida a través de la terapia y servir para que las personas depuren y liberen sus traumas.

CENTRAL PARK WEST

   En esta célebre pieza del aplaudido intelectual newyorkino, justamente entran a jugar sus roles varios temas afines en la creación alleniana: el amor, la infidelidad y el sexo, como las complejas relaciones humanas y las crisis de las parejas, entre otras aristas que dimensionan la rica trama de la obra, en la que, como en otros de sus textos (guiones y relatos), muestra, sin pacatería ni hipocresía, los laberintos de la infidelidad, con su singular impronta humorística (sin excluir el humor negro, la ironía, el escarnio, la mordacidad y el sarcasmo).      

Central Park 2   Un matrimonio neurótico e incomunicado, pero altamente erótico, sin mengua de sus falsedades y traiciones, incomunicación y neurosis, se desnuda en esta exitosa pieza, tan aplaudida por públicos distintos y distantes, como el newyorkino y el miamense, entre otros.

   La divertida pieza de rasgos autobiográficos allenianos, sería estrenada en Nueva York con gran éxito el 14 de febrero de 1995. De la Torre de Babel, viajaría el pasado febrero hasta Miami y su Paseo de las Artes (Doral), donde durante una breve temporada tendría su no menos exitoso estreno en español con un formidable elenco internacional.

   Y de aquí, saltaría el pasado jueves 12, al Café Cantante, del Teatro Trail, donde se presenta actualmente con el propio equipo actoral, merecedor al final de la función del cerrado aplauso del público que, de pie, agradece satisfecho la valiosa entrega en impecable dirección de la reconocida actriz argentina de teatro, cine y TV Alejandra Corujo, quien  interpreta su coprotagónico Phyllis con la calidad que hemos aplaudido en sus múltiples desempeños escénicos (Mito, mujer y monstruo, La casa de Bernarda Alba, La otra mujer…).

   Pero leamos la síntesis de la trama de la pieza —que en lograda adaptación de la propia Alejandra, no recae en el ‘color local’ ni otros innecesarios cambios que afectarían la universalidad del tema, sino solo la acerca aún más al espectador de Miami—: la psiquiatra Phyllis es la esposa de Sam (a cargo del actor y presentador mexicano Omar Germenos), el infiel y donjuanesco abogado quien, por sus continuas infidelidades, provoca los rabiosos celos de Phyllis, ya que es amante de dos amigas de la pareja: la “ingenua” y zorra Carol (interpretada por la talentosa actriz teatral y modelo venezolana Jesika Markano) y la joven hija de un famoso banquero y editora de filmes Juliet Powell (a cargo de la actriz cubana de teatro, cine y TV Rachel Cruz, figura del gustado programa televisual “El Happy Hour”, de América TV), quien Phyllis ayuda a superar su miedo visceral a los hombres. A ellos se suma, Howard (en la piel del experimentado actor de teatro, cine y TV puertorriqueño Carlos Fontané), el frustrado escritor con “inestabilidad literaria”, guionista, maniaco depresivo y cornudo quien, frustrado, define al matrimonio como “la muerte de la esperanza”, y al que Phyllis nombrará “un completo idiota”, por ser marido de Carol, quien no lo ama y, al contrario, le es infiel con su amigo Sam.

   Sin duda, todos brillan por el rigor y la frescura con que acometen las complejas sicologías de sus criaturas dramáticas, apoyados por un hábil cuadro técnico: la actriz y directora Belkis Proenza (asesoría dramática), Claudio Blanco y Jesika Marcano (producción general y asociada) y el también actor y director argentino Osvaldo Stróngoli (escenografía).

LO BIOGRÁFICO DE ALLEN EN CENTRAL PARK WEST

   Así, perfilaría la pieza el colega Juan Cavestany, columnista del diario español El País, en su artículo publicado el martes 14 de febrero de 1995, a raíz de su estreno en la New York de 1995:

   «El argumento: un matrimonio de neuróticos se descompone por el affaire que Woody mantiene con una chica de 21 años: la misma edad que tenía Soon-Yi Previri, hija adoptiva de Mia Farrow y el compositor André Previn, cuando comenzó su relación con el cineasta y dramaturgo en 1991. No es la única coincidencia con la realidad que  se aprecia en la pieza, y tampoco es la primera vez que Woody Allen toca en su obra una relación sentimental entre él mismo y una joven de menor edad. He aquí algunas de ellas:

 Woody Allen  En 1979, Allen se enamora locamente de Mariel Hemingway (de 18 años) en Manhattan.

   En 1992, Allen se enamora locamente de Juliette Lewis (de 19 años) en Maridos y mujeres.

   En otro año (¿?), el abogado Sam se enamora locamente de Juliet (21 años) en Central Park West.

   Por otro lado, Central Park West es la calle de Manhattan donde vive Mia Farrow con sus cuatro hijos naturales (uno de ellos con Allen) y cinco adoptados. Durante su relación, Allen y Farrow nunca vivieron juntos.

   En la realidad, Farrow es la madre adoptiva de Soon-Yi. En la obra, Phyllis, la esposa de Sam, es la psiquiatra de Juliet.

   El enredo no acaba ahí. Central Park West es una tragicomedia con la marca Allen, pues está plagada de los chistes rápidos y breves, típicos tópicos en sus monólogos y cuentos.

   Antes de desvelarse el affaire con Juliet, Phyllis se entera de que Sam la engaña con otra mujer, amiga suya y de Sam: la zorra Carol. En un intercambio característico de la obra, Carol le dice a Phyllis: “Sam está enamorado de mí”. “¿Cómo lo sabes?”. “Porque me lo dijo con lágrimas en los ojos”. “¿Sam tenía lágrimas en los ojos? Sería que tenía gases”.

Phyllis es quien asume los mejores chistes e ironías (como cuando dice que el sexo con Sam no era bueno, sino más que bueno: inexistente).

   No hay en el teatro la ocasión de advertir al público aquello de que “los personajes son ficticios y cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia” y, al final de la obra, Sam ofrece algunas reflexiones sobre la infidelidad que, según él, no es provocada por, una maldad inherente al hombre, sino porque —dice, cínico— “cometemos equivocaciones patéticas”. Rabinos ortodoxos, Freud, el sexo y la muerte son elementos que, por supuesto, están presentes durante la representación.»

   Ya lo saben, amables ciberlectores que prefieren el inteligente e irónico humor alleniano de todos los colores: Central Park West se presenta los sábados a las 8 y los domingos a las 5 en el Café Cantante Catarsis, del Teatro Trail.

   No olviden mi sugerencia que, estoy seguro, me la agradecerán tras disfrutar plenamente esta deliciosa e imperdible comedia.

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