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waldo bioWaldo González López (Las Tunas, Cuba, 1946)

Poeta, ensayista crítico teatral y literario, periodista cultural. Graduado en la Escuela Nacional de Teatro (ENAT) y Licenciado en Literatura Hispanoamericana (Universidad de La Habana). Autor de 20 poemarios,  6 libros de ensayo y crítica literaria, varias antologías de poesía y teatro. Desde su arribo a Miami (2011), ha sido ponente y jurado en eventos teatrales y literarios internacionales. Merecedor de 3er. Premio de Poesía en el X Concurso “Lincoln-Martí” 2012. Colaborador de las webs: teatroenmiami.com (Miami) y Encuentro de la Cultura Cubana (España), Boletín de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (New York), y los blogs OtroLunes (Alemania), Palabra Abierta (California), Gaspar. El Lugareño, y el diario digital El Correo de Cuba (ambos en Miami).

Dulcinea toma la palabra 6Por Waldo Gonzalez Lopez - www.TeatroenMiami.com 

Fotos: Vivian Pérez

Cuando vino por primera vez a Miami en el 2016 y se presentó en Art Spoken —del dramaturgo y director Yoshvani Medina— convenció a quienes la disfrutaron.

   Tras merecer lauros en el 1er. Concurso Nacional de Monólogos «Uno a la Vez», 2017, efectuado en el Teatro Alberto de Paz y Mateos, de República Dominicana, y en otras latitudes presentarse exitosamente, ahora, en su segunda visita a nuestra ciudad, la directora, actriz y dramaturga hispana Valle Hidalgo, estrenó el pasado viernes 8, en la multicultural Art Emporium Gallery, su unipersonal Dulcinea toma la palabra, lo repitió el sábado y presentó el domingo su volumen con tres Monólogos para estar acompañada que, editado en noviembre de 2017, incluye el arriba mencionado, La perfecta maltratada y La maldición de Quirón.

   Y como esperaban quienes la disfrutaron en 2016, la también sicóloga, guionista, directora, productora y asesora cinematográfica del Plan Cultura de Castilla-La Mancha, volvió a convencer al público amante de la modalidad dramatúrgica que tanto gusta y prevalece en la escena hispanoamericana desde el estreno del clásico monodrama La voz humana, del también poeta, novelista, ensayista y cineasta galo Jean Cocteau (1889-1963), quien escribiera la primera versión para la famosa cantante Edith Piaf (1915-1963) cuando ella era muy joven y nunca se atrevió a interpretarlo por no ser actriz, hasta que la diva del neorrealismo italiano Anna Magnani lo asumiera magistralmente para el cine en el filme Roma, citta aperta, bajo la dirección del grande Roberto Rosellini, bajo el título El amor.

 EL MONÓLOGO, LA ACTRIZ, LA PUESTA

Ante todo, he aquí la definición del monodrama, según la autora, quien en la introducción de su volumen, apunta:

El monólogo […] es un excelente recurso en la formación del actor, que le permite un trabajo intenso sobre sí mismo y sus cualidades interpretativas. Y, por supuesto, un gran reto, el de enfrentarse ante una audiencia, solo en el escenario, defendiendo un texto y una propuesta escénica.

   La igualmente directora de Birlibirloque Producciones, en su Dulcinea toma la palabra, demuestra, tal ha sido determinado, que

este soliloquio es otra forma de narrar a Don Quijote de la Mancha (ya que) cuenta la historia desde el lado femenino de la novela, dándole voz propia, lo que muchos razonan como la manera en que la actriz reivindica el papel de la mujer en la sociedad.

     Desde que inicia su monodrama, la camaleónica intérprete revela su alta capacidad interpretativa en sus respectivas adecuaciones a sus varias caracterizaciones, apoyadas apenas por mínimos cambios de vestuario, logrando un amplio haz de géneros escénicos que, en vasto haz, fusiona épocas, estilos y movimientos literarios y teatrales, lo que le permite ofrecer un rico performance, donde concierta un admirable espectáculo que va de la pantomima (chaplinesca) a los títeres (de guante), pasando por la danza y el canto, sin olvidar los puntuales diálogos entre Aldonza y la propia autora [¿acaso su alter ago?] que enriquecen las dos [¿o más voces?] del discurso de la protagónica.

   De tal suerte, como aconteciera dos o tres años atras, en el no menos excelente monólogo Teresa Panza, del dramaturgo y poeta mexicano Brígido Redondo —quien mereciera Premio de la sexta edición del Festival de Obras de Pequeño Formato, de Art Spoken, en cuyo texto crea la [posible] historia de la amada del mofletudo Sancho Panza con idóneo lenguaje de la época, dando vida a esta entrañable pueblerina, encarnado por la excelente actriz Lulú Ávila Reyes, también de Campeche y premiada—, en Dulcinea toma la palabra, la actriz/dramaturga/directora toledana aprehende al mítico amor del iluso Quijote: Dulcinea del Toboso —quien en la célebre novela «pertenece al reino de la imaginación»— para luego aprender, mostrar y demostrar la otredad caracterológica de la ahora más genuina Aldonza Lorenzo, gracias a la breve pero sustancial pieza.

   En consecuencia, ambos dramaturgos destacan por poner en escena por primera vez, a ambas mujeres antes solo mencionadas en la novela, por haber sido hasta hoy «ignoradas y olvidadas» [sic. La poesía ignorada y olvidada, premio Casa de las Américas (1965), de Jorge Zalamea], mas, ya por fin y gracias a ellos, también conocidas figuras escénicas.

   Sin embargo, se diferencian monólogos y personajes en que, mientras la Teresa Panza de Brígido Redondo aparece en su propio contexto histórico, la Dulcinea de Valle Hidalgo es asumida desde una perspectiva contemporánea, gracias a la cual «la aldeana tonta» y adorada por su orate enamorado Alonso Quijano, que antes «Llamábase Aldonza Lorenzo [ahora devendrá] princesa y gran señora», en virtud del loco genial que «vino a llamarla Dulcinea del Toboso...», tal narra Cervantes en el capítulo I de la Primera parte de la inmortal novela.

   Para decirlo con el colega hispano Antonio Lázaro, investigador teatral, escritor y prologuista del mencionado volumen,

Dulcinea, la gran protagonista femenina de Don Quijote, no aparece físicamente podría decirse que nunca en la novela de Cervantes y, sin embargo, […] planea constantemente sobre todas las acciones del Caballero, sobrevuela el texto todo. En un tour de force actoral, la autora desdobla las dos realidades de Dulcinea: la dama petrarquista y la basta plebeya, y opera el milagro magnífico y valiente de darles voz por primera vez y acaso para siempre.

     Tal se conoce por la lectura de la magna obra que dio al traste con la reiteración de las novelas de caballería —acaso primer best seller de la historia de la literatura mundial—, Dulcinea es un personaje ficticio: la mujer imaginaria y perfecta, e inspirada en la campesina Aldonza Lorenzo, asimismo encarnación de «la Belleza y la Virtud» que nunca aparece en la novela; sin embargo, su nombre se menciona tantas veces y en tantas ocasiones es evocada en la novela, que puede ser considerada un personaje más en el teatro, gracias al valioso unipersonal creado justamente por la dramaturga, quien ha sido merecedora de lauros por este monodrama.

   Dulcinea «es una quimera», tal dice el alter ego de Aldonza, quien añade que «es el supuesto ideal de mujer», tal refiere la propia autora que interviene en la obra, dialogando y ‘despertando’ de un letargo secular a su protagónica.

   Y he aquí otro mérito del unipersonal de Valle Hidalgo, quien en su visionaria actitud, sin caer en feminismos a ultranza, defiende a la «ignorada y olvidada» mujer en la voz de su protagónica, quien a pesar de agradecer a Cervantes su hermosa novela, lo cuestiona por no darle voz ni dejarla expresarse, al subrayar que es una «mujer bella, pero sin materializarse». Asimismo, lo impugna al confesar: «El autor es el que nos mantiene calladas.»

   La ahora también conocida protagónica quiere ser independiente y poderosa. En pocas palabras: ser ella misma. De ahí que, en su conversión, vaya despojándose de la ropa de época y trasladándose a su requerida y querida otredad igualmente en la imagen de Sancho que, transformado en títere de guante en la mano de la Aldonza, elogie a «la señorita Dulcinea».  

   En otro instante, se afirma en el monodrama: «Amar es buscar el bienestar de la mujer que amas», como también «El verdadero amor ha de ser voluntario»: otras dos pruebas de la defensa de la mujer (Dulcinea), convertida en una contemporánea, que tal es el incambiable sustratum del unipersonal, en cuyo final Aldonza adopta y adapta un tono admonitorio, muy acorde con los preceptos y adagios del Conceptualismo quevediano y gracianesco, muy alejados de los mucho menos terrenales, casi celestes ditirambos estetizantes del Culteranismo gongorino. Así, Aldonza asume y defiende —tono conceptual, mediante— su posición tan actual al  expresarse sobre la realidad y el sentido de la vida.

   En su diálogo tête a tête, frente a frente, con su alter ego [¿la autora?]), Aldonza se burla de la mujer ideal, y ya definitivamente contemporánea, la veremos recibiendo e-mails por Internet del propio Quijote rejuvenecido, quien afirma: «Aquí solo triunfa el amor de la mujer y el respeto de los hombres que la respetan.»         

MINIMALISMO ¿ESCENOGRÁFICO?

   Sin duda, el minimalismo sirve de ambientación idónea a la puesta, a la que solo adiciona la también escenógrafa escasos elementos: un pequeño busto de Cervantes, una pandereta, un espejo y unos anacrónicos globos (acaso sugerentes de la contemporaneidad de esta nueva Aldonza) y, al fondo, una hermosa obra con relieve de la dueña de la galería y artista plástica Vivian Pérez, como asimismo varios bocetos renacentistas y barrocos del joven artista Fernando MP que, desde la pared, se exponen actualmente en la institución y, por su impronta, se adecuaron con idoneidad a la puesta.

   En suma, con el convincente monólogo Dulcinea toma la palabra, el público escénico miamense descubrió y aplaudió con fervor a la notable multiartista teatral Valle Hidalgo, de la que espera su pronto regreso.


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