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Habey Hechavarria PradoHabey Hechavarría Prado (La Habana, 1969).

Teatrólogo. Padre de Familia. Humanista. Graduado de la Facultad de Arte Teatral del Instituto Superior de Arte, donde ejerció la docencia durante más de una década. Integró grupos teatrales y diferentes instituciones de las artes escénicas cubanas que le dieron experiencia como actor, director, dramaturgista, asesor y crítico.

Sus artículos e investigaciones se encuentran en publicaciones especializadas y sitios web. Ejerció el periodismo cultural dentro de revistas católicas habaneras. Publica reseñas teatrales en El Nuevo Herald y escribe para Teatroenmiami.com

hhp-23-1Habey Hechavarría Prado - www.TeatroenMiami.com

Fotos: Julio de la Nuez

Si algo me impresiona de El día que me quieras, obra escrita por José Ignacio Cabrujas (1937-1995), que continúa presentándose en Akuara Teatro, es, entre otras perspectivas, el cuestionamiento irónico a la veneración al caudillo, una característica fundamental de la cultura hispanoamericana. La intuición artística del dramaturgo venezolano plasma con aire chejoviano, en esta obra de 1979, varias referencias caudillistas a figuras políticas o patriarcales, e íconos afines, como entidades que gobiernan la vida de personajes cotidianos. Son pequeños seres manipulados por grandes figuras del poder real o sublimado que, aún desde lejos, alcanzan el control de las conciencias de quienes, incluso, les rechazan. En este caso, la familia de los hermanos Ancízar nuclea una historia de desamor y desilusiones donde la evocación de los caudillos se vuelve perceptible con excelente técnica dramática y refinado sarcasmo literario.  

La llegada del cantante de tangos Carlos Gardel (Felipe Cartagena) a la ciudad de Caracas, en la década de 1930, con la intención de ofrecer un concierto único, desata ilusiones y suspiros. Sin embargo, Pio (Larry Villanueva), novio eterno de María Luisa (Yvonne López Arenal), una de las hermanas, solo tiene neuronas para sus delirios ruso-comunistas y para la adoración a la figura del tirano sangriento Josef Stalin. Los otros modelos patriarcales que Cabrujas introduce muy hábilmente son la figura del pater familias Pablo Ancízar, el general independentista cuya talla moral sustenta la condición de fundador del clan y la referencia al dictador Juan Vicente Gómez, por entonces al frente del gobierno nacional. Son cuatro íconos de un poder irracional que mueve las voluntades y el destino de cada personaje.

La influencia psicológica y cultural del caudillo, como ídolo al cual se le atribuyen virtudes y facultades arraigadas en la mitificación popular, solo se corporiza en el personaje de Gardel, mientras el resto tienen una presencia importante pero referida. Y por tanto, los personajes que conservan algo de objetividad, respecto a la irresistible proyección de estos grandes líderes invasores del inconsciente colectivo, tienen dentro de la pieza un status obstructor de la aceitada maquinaria del adocenamiento. En el espectáculo ningún personaje asume por completo tal dignidad, pero quizá Plácido y Elvira Ancízar, respectivamente interpretados por Micheline Calvert e Isaniel Rojas, tiene instantes de distanciamiento crítico. En lo que los personajes sometidos a la influencia caudillista devienen comodines de una acción que les arrastra como el fluir instintivo de la vida. La hermana menor, Matilde (Marianela Pupo) y el acompañante del cantante, Alfredo Lepera (Christian Ocón), ejemplifican esa dualidad de personajes dependientes, etéreos, atractivos hasta el punto de despertar curiosidades.

hhp-23-2Las consecuencias del influjo de estos líderes carismáticos en la historia y en la vida pública hispanoamericanas no necesitan descripción. Todavía las leemos en la prensa plana y hasta sufrimos con la reproducción de sus imágenes por televisión y otros medios. Quizá la propia Venezuela de estos días se erige en modelo nefasto de esas sociedades con más caudillismo que institucionalidad. Cabrujas, hombre de izquierdas, lanza una crítica agudísima de terrible vigencia. Los frutos de la preponderancia de los caudillos no solo se perciben en el entramado de la sociedad sino en el interior de las familias donde los individuos asumen con pasión la reverencia a cierto gran líder. Con el tiempo, el gozo de estas personas tiende  a transformarse en frustración, cuando las vidas se desmiembran por el miedo, la falsedad y la irresponsabilidad que generan los ídolos humanos y la falta de libertades. Los personajes de la obra, llenos de anhelos e ilusiones al principio, pierden el rumbo hacia la felicidad en la misma medida que perdieron autonomía y control, que dejaron de vivir en la verdad.

La puesta escena sugiere que el recuerdo de la visita de Carlos Gardel a la casa de los Ancízar, será un momento memorable, aunque agridulce, con el cual los personajes reforzarán la leyenda familiar. Pero este nuevo motivo de adoración tiene menos impacto debido al desbalance entre los dos actos. El primero, mejor elaborado que el segundo, abre algunas perspectivas y sugerencias que después no se cumplen del todo. Una de estas consiste en la preponderancia de la figura de Gardel, proclamada por los personajes de manera insistente, reforzada por varias composiciones escénicas, pero luego no concretada en el diseño del carácter ni en la interpretación. Aunque el diseño de los personajes, en general, quedó, en calidad de resultados, por debajo de una visualidad escénica bien ubicada en época, creíble, bonita y eficaz alrededor de una romántica glorieta, las actuaciones tienen un nivel muy decoroso. Entre ellas, Larry Villanueva, enfundado en la imagen soviética de un viejo bolchevique, destaca con su leve parodia psicológica del comunista obcecado y patético, una interpretación difícil de olvidar.

Con El día que me quieras el director Alberto Sarraín coloca en la cartelera de la ciudad una representación agradable y lúcida a partir de otro título valioso dentro del teatro hispano contemporáneo.

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