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Habey Hechavarria PradoHabey Hechavarría (La Habana, 1969).

Teatrólogo, profesor, padre de familia, humanista. Licenciado en Artes Escénicas, por Instituto Superior de Arte (Cuba). Master en Ciencia, por Nova Southeastern University (USA).

temfest-2014-postal(Observaciones a las puertas de un futuro promisorio)

Habey Hechavarría Prado - www.TeatroenMiami.com 

Usted está leyendo un puñado de anotaciones sobre el festival del teatro de arte local en Miami y sus circunstancias, un evento que acaba de culminar su edición de este año. Son las opiniones un tanto dispersas de un observador comprometido, de alguien que no quiere ser imparcial ni injusto. Como el tema merece la perspectiva del artista y la del curador, son pensamientos dispersos (deseos, tal vez) en forma de un ejercicio ensayístico que quiere ir a fondo, tan apasionado como incompleto, personal, dubitativo, cuestionable, provisional.

Preámbulo a un contexto cultural contradictorio

A una ciudad con festivales internacionales de cine, teatro, ballet y varios de música, con una importante bienal de artes plásticas, su propia feria del libro y una larga lista de eventos más culturales que artísticos, no le podía faltar un pequeño festival dedicado al teatro de mayor intención artística: el TEMFest. La diferencia de este con aquellos -que ofrecen valiosas muestras foráneas, muy de agradecer, pero poco o nada de la ciudad-, expresa un enfrentamiento de políticas culturales opuestas. Eventos semejantes al de Teatro en Miami demuestran la bifurcación de dos visiones opuestas de la ciudad: una receptiva, hospitalaria-turística, reproductiva, otra generativa, autóctona y propositiva. Ambas dibujan el esquema de una contradicción útil entre la administración pública y la gestión ciudadana en la cultura.

circo-se-llevo-2014-43Además, el contraste entre su modestia económica y la desproporcionada importancia que tiene para la fundación de un movimiento teatral hispano en el condado Dade, le distinguen, casi podría decir, le proscriben. Me refiero a esa tensión agónica por la supervivencia que caracteriza a ciertos empeños nobles, realizados a contracorriente. A la vez, el festival, que este año ocurrió del 8 al 26 de octubre, ofrece una muestra confiable del nivel aproximado y de las limitaciones que tiene una amplia zona de la creación escénica en una ciudad tan famosa como desconocida.  

Realmente otros eventos, como el Festival del Monólogo y el Festival Internacional de Pequeño Formato, devienen parte del termómetro teatral de Miami. Pero en términos de ilustrar la vida cultural, destaca el MicroTeatro del Centro Cultural Español, el cual constituye mucho más un retrato de lo que aquella podría ser, antes que de lo que objetivamente es. La coherencia empresarial de esta franquicia de origen ibérico, donde se unen cierta organización económica y un peculiar enfoque artístico, no permiten otra cosa.

En sentido opuesto, el TEMFest enfrenta con éxito ese contraste provinciano, muy propio de nosotros, consistente en desconocer referentes, jerarquizaciones de valor real y, por ende, en subvalorar el mérito ajeno, curiosamente dentro de un país edificado sobre la meritocracia del trabajo y la eficacia. Pero Miami en muchas cosas no es todavía los Estados Unidos de América, y el contexto que nos ocupa es otra evidencia. Por eso los siguientes párrafos analizan, a partir lo observado este 2014, los desafíos que conectan la actual realidad emergente del festival y el teatro hispano que exhibe, en correspondencia con esos predios de alta calidad artística y reconocimiento público a los cuales, tal vez, termine inclinándose.

Sangre-17Datos, perspectivas y desafíos en el TEMFest 2014

La cartelera de este año mostró seis espectáculos. Lo que el circo se llevó, Sangre, Cartas cruzadas, Yerma, Los dictados del fuego y El destino de dos o de tres cosas involucraron, además de Teatro en Miami que produjo el primer título, otros seis proyectos teatrales, semejantes, pese a sus marcadas diferencias estilísticas, por la decisión de mantener una producción estable a lo largo del año. Havanafama, Casa del Teatro, El Ingenio Teatro, Sociedad Actoral Hispanoamericana, Artspoken y Cirko Teatro, respectivamente,  aportaron un poco de la variedad cultural y nacional que caracteriza la ciudad.  De las obras presentadas, cuatro son títulos de origen cubano, uno es español y el último, argentino, lo cual no impidió que alcanzaran una sorprendente interrelación temática. Un conjunto de temas o asuntos generales hicieron coincidir sus contenidos alrededor de tres preocupaciones básicas que tendieron a mezclarse. Tres obras abordaron el, entre nosotros, inusual tema de la política y la sociedad (Lo que el circo se llevó, Sangre y Cartas cruzadas), otras tres se centraron en aspectos religiosos o supieron combinarlos (las dos últimas mencionadas y Los dictados del fuego), en lo que el sexo y el amor atravesaron, al menos, los argumentos de cinco de ellas.

Yerma-9Pero lo que más desentona con el teatro que se puede ver en Miami cada fin semana se encuentra en los datos referidos a los géneros dramáticos. Solo Destino de dos cosas o de tres, de Rafael Spregelburd, puede clasificar en la comedia, en lo que el resto, pese a momentos humorísticos, pertenece al drama, al melodrama o a la tragedia, como fue el caso de Yerma, de Federico García Lorca y Cartas cruzadas, de Raquel Carrió. Contrario a la sobresaturación de “espectáculos con humor” que le rodea, la cartelera del TEMFest tomó un camino cuesta arriba en lo que suponemos que es el gusto mayoritario del público asiduo a las salas teatrales.  

Al contrario, en cuanto a las líneas estéticas, no se apartó de la tendencia dominante. Es decir, se mantuvo cerca del teatro de cámara con explícita vocación de espectacularidad visual, mostró la preponderancia de la actuación sobre el texto aunque en al menos dos de ellas (Destino… y Cartas…) la dramaturgia del texto dominó al texto espectacular. Curiosamente estas dos representaciones fueron las más complejas desde el punto de vista artístico, pues la elaboración estética se alejó más de los hábitos de percepción y, por tanto, se elevó la exigencia al receptor, acostumbrado, tal vez, a discursos de menor elaboración intelectual.

Un momento clave del festival fue la jornada inaugural que motivó la reunión de teatristas de diferentes generaciones. El centro simbólico del acto lo constituyó la entrega del Premio Baco que, como todos los años, reconoció la labor de artistas cuya trayectoria y contribución a la escena de Miami han sido o continúan siendo significativas. La distinción recayó sobre la actriz Griselda Noguera, sobre el actor, escritor y director Mario Martín, y también distinguió a la dramaturga y actriz Julie De Grandy. Para quienes acabamos de llegar a la ciudad el Baco  produce una grata impresión de agradecimiento sincero y de glamour. Sin embargo, en nuestro contexto este Premio contiene una virtud y un peligro. Su virtud se esfuerza por recuperar una memoria de la profesión que, si se diluyera, destruiría los antecedentes de una identidad imprescindible para un movimiento de teatro de arte. Mientras tanto, a ese acto de justicia le acecha el peligro de jerarquizar un legado sin la suficiente base histórica. Pero a la vez, el (siempre) incipiente desarrollo del teatro hispano podría nutrir su historia, a entender: una reconstrucción de los hechos mucho más rigurosa que la simple “memoria”.

Cartas-Cruzadas-4Como evento colateral, el festival contó con la presentación del Segundo Anuario de la revista Conexos. A primera vista, el lanzamiento de una publicación literaria, lo cual ya ha sucedido en ediciones anteriores, tiene poco o nada que ver con un festival de teatro. No obstante, nos señala una de las perspectivas hacia donde el TEMFest debería crecer. Quienes, más que el teatro, amamos el arte y la cultura, apreciamos aquí la posibilidad real de que el evento teatral se convierta en un evento cultural que enriquecería al teatro como arte. Por ejemplo, la música y las artes plásticas del condado tienen exponentes que quizá se interesen en participar. Al respecto, la integración de las artes visuales ya está ocurriendo, en principio, con la presencia de la reproducción de una obra en el afiche del festival. En la inauguración se mostró la pieza de la artista Mariana Altamirano que fue Imagen del TEMFest 2014.

Otro desafío pertinente consiste en preservar una sección donde se geste con provecho el análisis y la discusión sobre el pasado, el presente y el futuro del teatro hispano en el sur de la Florida. Este espacio teórico-educativo debería vincularse, de algún modo, con el otorgamiento del Premio Baco o los premiados. No menos influyente resultaría impactar sobre segmentos del público que, aunque alejados, podrían interesarse en formar parte de la experiencia seria y única de edificación de un movimiento teatral. Dicha convocatoria ayudaría a que sectores intelectuales o del público en general se motiven a abandonar posiciones de mero observador o detractor ingenuo. Ahora bien, para mí el mayor desafío de todos permanece en la tarea legitimadora de integrar la mayor cantidad posible de propuestas teatrales valiosas, a partir de la obra digna de consideración que otros grupos y creadores independientes están haciendo.

Destino-web-13Si se realizara de manera sostenida una doble ampliación, hacia dentro y hacia fuera del ámbito teatral, tendrá que ser lo suficientemente conciliadora y convincente para superar la desconfianza, la apatía y hasta los prejuicios que produce el trabajo en soledad bajo ciertas circunstancias hostiles.  Más aún, no sería inútil soñar con un TEMFest que superara los márgenes locales y aunara lo mejor del teatro hispanoestadounidense. La meta es muy alta pero el beneficio sería incalculable.  

Las propuestas anteriores no son sencillas, solo necesarias, sino urgentes para el fortalecimiento y la ganancia del propio evento y para la vida teatral que representa.                                                                                                                  

Cuando la proyección cultural vence los obstáculos económicos

Considero que el TEMFest grafica el devenir cultural de Miami-Dade, un pueblo en plena ebullición donde se construye una gran ciudad trasatlántica. Es decir, hablo de un crecimiento “hacia afuera” o centrípeto, un poco adolescente (dicho en términos antropomórficos), una maquinaria (en términos sociológicos) más próxima al resto del mundo que al país donde radica. Por el contrario, lo conflictivo de la naturaleza del TEMFest radica en visibilizar esa parte notable del arte miamense, tal vez todavía en ciernes, que no goza de los favores mediáticos pero cuece a la sombra un futuro promisorio.


Quizá los aspectos culturales sean el fundamento del proceso de construcción de ese futuro. Porque se ubica dentro de una joven ciudad que en breve tiempo se convirtió en urbe multicultural a partir de una mayoritaria emigración iberoamericana que constantemente se retroalimenta. Debido a ello lo foráneo parece autóctono, y lo autóctono todavía carece de una identidad bien definida. Los cruces culturales y económicos de Miami son tan voraces e intempestivos que todavía están fraguando un mixtura volátil e indescifrable. Igual que desapareció el tranquilo pueblito cercano a una playa, de fines del siglo XIX y la primera mitad del XX, hoy se extiende y diversifica la que fue, desde los años 60, una impetuosa (y épica) comunidad hispana liderada por exiliados cubanos. En la actualidad se integran con rapidez otros flujos internacionales, fusiones étnicas que el teatro empieza a reflejar.

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El TEMFest no goza de grandes apoyos oficiales ni se nutre de un público dispuesto a apoyar masivamente lo mejor del teatro local. Lo sostienen el esfuerzo de sus organizadores, Ernesto y Sandra García, y la participación entusiasta de los grupos teatrales. Dicho en “cubano de a pie”, se trata de “una guapería” o esfuerzo intrépido, como lo fue mantener tantos años el colectivo Teatro en Miami Studio encima de una “gomera”, o la lucha heroica de tantos (lo digo sin exageración) por mantener abiertas pequeñas salitas teatrales o eventos afines solo con el trabajo, la astucia y, sobre todo, la voluntad. Y hacerlo muy cerquita de suculentas ofertas de entretenimiento. Algún día reconoceremos que el teatro hispano de Miami se erigió sobre una larga lista de esfuerzos descomunales que, durante décadas, transformaron el sacrificio de vidas y de familias en pilares robustos de una cultura superior.

Pues bien, esa es su carta de triunfo. Superado el mero propósito lucrativo, el arte escénico que ofrece el festival posee la suficiente energía para desafiar incluso los desafíos económicos, en tanto su energía proviene de la fuente humana de todos los bienes: el deseo de querer hacer lo correcto y el amor a lo que se hace. La ética del sacrificio y del empeño personal radica en el corazón del TEMFest como acción cultural. Otro obstáculo de segunda importancia son las extrañas políticas culturales y los apoyos oficiales, porque estos cambian con los tiempos y se reajustan a las presiones que la sociedad va generando. Existir vigorosamente, mantenerse con dignidad, saber estar, resistir, no solo son simples tácticas de supervivencia, son, a la larga, excelentes estrategias de presión política.

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