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Habey Hechavarria PradoHabey Hechavarría (La Habana, 1969).

Teatrólogo, profesor, padre de familia, humanista. Licenciado en Artes Escénicas, por Instituto Superior de Arte (Cuba). Master en Ciencia, por Nova Southeastern University (USA).

las novias de travolta 2Habey Hechavarría Prado – www.TeatroenMiami.com

Desde la segunda mitad del año pasado la compañía Cirko Teatro presenta Las novias de Travolta en la Sala Teatro 8, un título que evidencia la medida de calidad y eficacia de un esfuerzo. Es decir, su escalafón depende de la comparación del producto con sus propias metas, sus propios objetivos, sus propios resultados. Para este comentarista allí está la coherencia, principal valor del espectáculo. Al mismo tiempo, esa capacidad de inventar (o reinventar) un discurso escénico tan prudente como irreverente, constituye el eje de búsqueda formal en varios proyectos teatrales de la ciudad. Entonces, Cirko Teatro nos recuerda a todos ese antiquísimo, reconocido y vigoroso principio de que el entretenimiento es proporcional a cierta profundidad, sensibilidad y belleza. Pues, buena parte del encanto de la obra radica en el glamour de la cotidianidad y en la sencillez de lo extraordinario, tópicos perennes en distintos ambientes hispano-norteamericanos de Miami.

El grupo teatral de origen argentino encontró, bajo la dirección de Alejandro Vales, equilibrios precisos. Recurso mínimo y catalizador, estas aparentes contradicciones atraviesan toda la propuesta escénica. El glamour bulle desde el relato cómico, escrito por el uruguayo Andrés Tulipano, que desarrolla un reencuentro festivo de cuatro amigas de la adolescencia, quienes apenas acaban de rebasar los cuarenta años. Estos personajes, cuyas historias, tan femeninas como personales, marcan el derrotero nostálgico de un discurso que apuesta por el recuerdo, la evocación y sus repercusiones en la actualidad. Asimismo, las mujeres enfrentan conflictos puntuales e inevitables cambios fisiológicos y sociológicos. Quizá sea más necesario referir el ámbito de una representación que, al parecer, adaptó el original, en vez de revelar los detalles del argumento, impregnado de un humor malicioso y, a la vez, sano, extraña conjunción que solo brota de lo natural, desde lo auténtico.

Con numerosos elementos del audiovisual televisivo, la escenificación apela a una sencillez pletórica de la alegría de vivir, una reafirmación existencial que acude al contexto de una fiesta íntima donde se intentará la celebración de ciertos recuerdos compartidos, pero también la superación de la angustia de la cotidianidad, observada desde una luneta frontal, cruel e irónica. Ese tono de juventud prolongada se debe al trabajo de las actrices.

Sin menoscabar aquellos momentos en los cuales el montaje se regodea en bromas, bailes (incluso, una coreografía inolvidable), detalles escatológicos, eróticos, jugueteos con la diversidad sexual y otros usos de la imaginería contemporánea, las actuaciones de Carolina Laursen, Claudia Albertario, Nazarena Nóbile y Jessica Álvarez Diéguez, aportan sinceridad, dinamismo, equilibrio y múltiples matices. Las intérpretes comparten el liderazgo del espectáculo por lo que cada una destaca sin arrinconar a las otras. A ratos parecen amigas reales, en varias ocasiones su interrelación consigue el ambiente sensual y caótico de una verdadera fiesta. Y lo más importante: delinean personalidades diferentes, tan integradas al relato escénico que, después de ver el espectáculo, podríamos escuchar a personas del público decir que así son y fueron ellas, mientras otros confirman que Las novias de Travolta recuerdan a nuestras propias novias.


Foto - Alfredo Armas

 

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