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Daniel Fernández - El Nuevo Herald
Por todo lo alto despidió la temporada la Cleveland Orchestra con su concierto del viernes 23 en el Knight Concert Hall con la pianista Gabriela Montero y su director musical adjunto Giancarlo Guerrero.
Atraído por la calidad de la orquesta -que concluye su quinto año de residencia miamense- y por lo atractivo del programa, a pesar de que esa noche el tránsito en la zona del Arsht Center era infernal, el público abarrotó el teatro. En los pasillos algunos comentaban que habían salido de sus casas dos horas antes, otros, que habían ido en el metro. Pero todo sacrificio era válido, pues la noche resultó espectacular.
Primero, la siempre bienvenida Sinfonía no. 6, en fa mayor, op. 68 ( Pastoral), de Beethoven que Guerrero entregó con mano maestra en sus múltiples valores. Los dos primeros movimientos, espaciados, elegantes, epítomes de lo clásico, dados con tersura impecable. Lo que acentuaba el contraste con la línea romántica a partir del tercero: Allegro, con sus apuntes descriptivos de la danza popular, la tempestad, y el remanso después del estruendo, en efectivo alarde de evocación a programa. Esta interpretación de Guerrero, con la brillante ejecución de la orquesta, llevó la obra inmortal a un plano de frescura muy competitivo con otras versiones, y bien merecería ser lanzada en disco. La ovación de pie con que premió el público el encomiable trabajo augura el éxito de una grabación.
Pero la segunda oferta de la noche no habría de ser menos brillante ni menos aplaudida. El Concierto para piano y orquesta, en la menor, op. 16, de Grieg, se considera uno de los más brillantes y gustados de todos los tiempos, y en las virtuosas manos de Montero obtuvo la justa medida de una interpretación memorable. Sutil en los pasajes líricos y audaz en los momentos de dificultad técnica y chispeo danzario, la virtuosa venezolana se ganó la lluvia de aplausos con que la cubrió un público particularmente entusiasta.
La segunda parte de la noche sería también un intercambio de música maravillosa y aplausos de agradecimiento. En lo que hacían descender el piano, Guerrero expuso animadamente al público los puntos de contacto entre la obra de Beethoven escuchada previamente y la de Respighi que se interpretaría a continuación: Los pinos de Roma, a pesar de las décadas que separaban sus respectivos estrenos.
Destacó que en ambas se pretende evocar con la música determinados paisajes. En la de Respighi, el autor incluso grabó el canto de los pájaros para ser incluidos en el último movimiento de su famosa creación. Popularizada por Toscanini desde su nacimiento y otrora frecuente en las salas de conciertos, esta obra es buen punto de referencia de este compositor donde se une el gusto por lo barroco con la paleta orquestal posromántica y las armonías posimpresionistas. A las bellezas que ostenta esta obra y el “efecto especial” de los pajaritos grabados, Guerrero agregó la feliz idea de colocar trombones y trompetas por encima del espacio dedicado al coro en este teatro, lo cual dio a las fanfarrias finales un realce espectacular. Ante los acordes finales, el público se puso nuevamente de pie. ¡Por tercera vez! Y no era para menos. Final brillante de una temporada magnífica. Ahora no queda más remedio que esperar al 16 de noviembre, cuando la Cleveland, con Welser-Most, regrese a esta plaza nada menos que con la Tercera, de Mahler.•
El próximo concierto en el Knight Concert Hall del Arsht Center será el pianista Lang Lang, el 17 de mayo, con un espectacular recital. Información y entradas: (305) 949-6722 y www.arshtcenter.org
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