 | New York: Pausas Extraordinarias |
por Martín Onio
Uno de los grandes retos y lo que debe ser una de las finalidades del teatro como expresión artística, es poder integrar al espectador en una experiencia dramática íntima y emotiva. Una experiencia que sea genuina, real, en donde el público se envuelva en la representación teatral y que esta, a su vez, apele a sus más íntimas sensibilidades y emociones. En fin, una gran responsabilidad, muchas veces difícil de alcanzar.
En el teatro contemporáneo, regularmente, se nos olvida ese objetivo y optamos por representar y fabricar grandes mentiras con la esperanza de que el público se las crea. Esto redunda en montajes mediocres y demuestra un gran menosprecio y falta de respeto, no solo al público, sino a nuestra profesión y campo artístico.
Sin embargo, este no fue el caso del espectáculo unipersonal Atravesando Pausas (Piercing Pauses), que recientemente se presentara en el vestíbulo del Centro Rey Juan Carlos I de España de la Universidad de Nueva York (NYU).
Este performance exportado desde Madrid como parte de una serie de eventos y muestras de arte español en la ciudad de Nueva York llamado en Movimiento, es una creación de Lidia Navarro, quién también interpreta y Luis Dorrego, quién además, dirige la pieza.
Dorrego, a quién conocimos como director el pasado año con un montaje de Lorca, nos presenta un interesante y distinto trabajo escénico, en donde el movimiento, la plasticidad, el color, la música, entre otros elementos, se unen para lograr en el espectador una experiencia de reflexión única y personal, logrando, la tan deseada, integración total de la que hablaba anteriormente.
Poder hablar del contenido y de la sustancia de Atravesando Pausas resulta un poco difícil, porque cada espectador construye su propia historia basada en su experiencia y percepción. De la misma manera en que yo tengo una idea por lo que experimenté, de esa misma forma, otros miembros de la audiencia tienen su propia versión y experiencia muy personal, seguramente, distinta a la mía. Me atrevería a decir que cada persona que estuvo allí podría relatar una trama diferente que trasluce conflictos personales, emociones, frustraciones y debilidades, entre otras cosas. Así de personal fue esta experiencia.
Este experimento teatral que duró poco menos de una hora, se desarrolló en un espacio vacío, rodeado por el público (tipo arena), en donde solo había una caja transparente y algunos elementos que representaban el agua, la tierra (piedra) y el fuego. Dorrego combinó luces, sonidos y música con varios fragmentos de textos de Rupert Sheldrake, Jorge Wagensberg, Gilles Lipovetsky, Lévi-Strauss, Samuel Butler y de él mismo, que sirvieron para transportar al espectador a un proceso de busqueda y reflexión.
Mención aparte merece la maravillosa actriz Lidia Navarro, que combina todos estos elementos y nos ofrece un tour de force que llega con intensidad y transparencia al espectador. Navarro posee un control absoluto de la escena y un dominio de la expresividad corporal. Su actuación logra acaparar cada rincón del escenario, cada espacio y la atención total del público. A pesar del casi ningún texto, logra una comunicación directa y contagia al espectador con el derroche de emociones que a la perfección representa: su inocencia, dulzura, curiosidad, descubrimiento, alegría, tristeza y el dolor. Reconocemos lo difícil de este trabajo, sin embargo, esta actriz salió airosa y lució certera, cómoda y segura. Sin duda es una gran actriz.
Una nota aparte para los organizadores del evento es el que no se tuviera un programa para así poder saber más de la trayectoria de estos increíbles artistas.
Estas pausas extraordinarias fueron un aliciente distinto y refrescante en nuestro mundillo del teatro latino en la ciudad. Esperamos que sirvan de motivación para que este tipo de trabajo escénico se siga cosechando.
¡Enhorabuena!
Nota: teatroenny@hotmail.com
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