 | España: Un mundo de cuentistas |
FESTIVAL DE LA ORALIDAD
SANTIAGO FONDEVILA | Barcelona.
Barcelona vive un auge de la narración oral en pequeños locales
Siete mesas y una cuarentena de espectadores sonrientes aplauden un cuento erótico de Juan José Millás. “La mujer restregaba su sexo con la barra del autobús mirando al fondo del vehículo donde su amante desconocido resoplaba hasta el orgasmo.” La velada cuentista transcurre en el local de la calle Consell de Cent Cincómonos –a la vez galería de arte, salón de té, escenario de cuentos y de teatro–, donde todos los jueves el grupo Pa'quivingui –ocho miembros muy jóvenes– ofrece una sesión. Se les nota el “amateurismo”, pero al público no parece importarle demasiado.
El movimiento “cuentista” se ha ido afianzando en este local y en otros que fueron punteros en el género como el veterano Harlem, donde no todo es música, el Tinta Roja, proclive al tango pero no sólo al tango, el diminuto 1900 o los centros cívicos Pati Llimona y Cotxeres Borrell. Locales pequeños que conforman un red de complicidades para públicos que solamente quieren que alguien les cuente un cuento. Pa'quivingui es uno de los grupos surgidos de las clases del venezolano Rubén Martínez Santana, un auténtico entusiasta y experto en el mundo de la narración oral desde hace quince años. Numancia Rojas es otro de los nombres importantes en este mundo de los cuentos por su trabajo en las escuelas y por el grupo Mujeres por la Paz que actúa los domingos en la plaza de la Virreina.
Arnau Vilardebó también es cuentista pero, además, fue y sigue siendo el impulsor del festival de la oralidad de Barcelona, conectado con el que se celebra desde hace catorce años en Elx. El festival llegará este año a su quinta edición. Las tres primeras se celebraron en la sala Sebastià Gasch del Mercat de les Flors, el pasado año se desparramó por la ciudad y este año se ubicará en pequeños locales del Poble Sec. Vilardebó acaba de regresar de Berlín donde presentó “Neixen dues” (en inglés) en un espacio para 350 espectadores. Un triunfo, asegura.
Pero qué es un contador de cuentos? Pepe Rubianes nos cuenta cuentos, sus cuentos, pero los narradores orales transmiten, generalmente una tradición o historias ajenas contemporáneas.
¿Los cuentistas son actores y estas sesiones son teatro? Vilardebó no está para filosofía. “Mientras nosotros actuábamos en el Festival de La Habana, los intelectuales se rompían los sesos sobre el particular. Yo soy un actor y cada cual tiene su manera de contar. Para mí, todo lo que pasa en un escenario es arte escénico”. Actores o no, a un escritor e ilustre cuentista como Quim Monzó le horrorizan los actores leyendo cuentos y añadiendo ademanes y gestos al texto. Recuerda cuando vio a Borges en Nueva York. En fin, todo depende, Robert Wilson acaba de estrenar en la Comédie Française las fábulas de Lafontaine.
Nota: Fuente - La Vanguardia
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