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 Crítica: «Su cara mitad» Estreno mundial en Oxnard

Matías Montes Huidobro - MiamiMatías Montes Huidobro | TeatroMundial.com, Miami

UNA DRAMATURGIA (SIN) (CON) ESCENARIO

Hace un par de semanas regresé de Oxnard donde asistí al estreno mundial de mi obra “Su cara mitad”, que no subió a escena en La Habana, ni en Regla ni en Guanabacoa, ni tampoco en Miami, sino en una comunidad californiana con una extensa población de inmigrantes mexicanos en un pequeño pero acogedor teatro, el Petit Playhouse, situado en Heritage Square, una encantadora y pulcra plaza comunal, durante tres fines de semana en el mes de octubre de este año.

Nada mejor que Oxnard, que por razones de la intrínseca naturaleza del texto, vale tanto o más que La Habana, México o Buenos Aires,  y mi experiencia como dramaturgo no hubiera sido la misma. La satisfacción que me produce un entendimiento medular de lo que es “Su cara mitad”, no hubiera sido igual en ningún otro lugar, porque lo que Oxnard descubrió fue el desgarramiento de un choque cultural de la inmigración, que aunque es transferible, en este caso dio en el blanco de un sentir específico de una comunidad de origen mexicano. De ahí que mi Raúl sin acento se hizo “Mexican-American” y permitió que Armando Rey, que lo interpretó, pudiera calar hondo en el desgarramiento de mi personaje, el callejón sin salida que sólo podía solucionarse destapándose la tapa de los sesos. Nada más gratificante para un dramaturgo que el texto se escape de sus propias señas de identidad, para volverse la identidad del personaje que sube a escena.

TeatroenMiami.com - TEATRO DE LAS AMERICAS

            “Teatro de las Américas” se funda en 1992 con el propósito de “descubrir, explorar, abarcar y compartir las ricas tradiciones de los pueblos hispano-parlantes” a través de su dramaturgia, produciendo dos obras cada año. De esta forma, el repertorio ha incluido piezas de autores tan diversos como Emilio Carballido, Enrique Mijares, Federico García Lorca, Luis Santeiro, José Luis Alonso de Santos, Alberto Paredes, Pilar Campesino, Sebastián Salazar-Boundy, Sergio Vodonovic, Mario Benedetti, Norma Román Calvo, y otros más, cumpliendo así una función esencial dentro de la comunidad. 

            A “Su cara mitad” la “descubrió” su directora, Margaret Cortese, que muestra una absoluta dedicación al teatro (en la mejor tradición de “por amor al arte”), llevando a escena obras en español (con subtítulos en inglés) como función esencial para preservar la identidad cultural dentro de la comunidad a que pertenece. En una búsqueda incesante de textos que se ajusten debidamente a los objetivos del grupo, hace un par de años se encontró con mi obra, que finalmente se estrenó este año.

UN ESTRENO MUNDIAL
 
No dejó de sorprenderle que se tratara de un estreno mundial, lo cual me produjo gran satisfacción ya que le daba a “Su cara mitad” un valor dramático implícito, indicando la alta estima en que tiene al texto, pero al mismo tiempo me resultaba difícil darle respuesta a su  “¿cómo era posible que no se hubiera estrenado antes?”. Creo que no la contesté debidamente. Las barreras que se oponen a un mejor conocimiento de la dramaturgia cubana de aquellos que escribimos en el exilio son descomunales y es muy difícil explicar el caso en pocas palabras, no había tiempo para tanto y aprovecho ahora para hacerlo.

Escribí la obra a fines de los ochenta. En 1991 fue traducida al inglés y publicada por Arte Público Press en “Cuban American Theater”, edición de Rodolfo Cortina.  Al año siguiente Carlos Espinosa Domínguez la incluye en la antología “Teatro Cubano Contemporáneo”, lo cual no dejó de ser paradójico porque, dada la naturaleza de esta edición, la lógica selección hubiera sido “Exilio”, que tiene parecida estructura dramática y había sido exitosamente estrenada. A la larga, la decisión de Espinosa Domínguez no pudo ser más afortunada, porque de otro modo, posiblemente, nunca hubiera llegado a manos de “Teatro de las Américas”, que como estamos viendo sería su lógico destinatario. No obstante ello, bien hubiera podido llamarle la atención a los productores cubanos de Miami, particularmente por el hecho de haber sido antologada; en su lugar prefirieron ignorarla en espera de que Margaret Cortese supiera evaluarla, de lejos y sin compromiso, casi quince años después de haber sido publicada, y por medio de un contacto electrónico establecido con “teatroenmiami.com”, que sirvió de intermediario. De paso, quedó constancia de la importancia que tiene la publicación del texto dramático, que puede subir a escena en cualquier momento y en cualquier parte.

UNA DRAMATURGIA SIN ESCENARIO

Valga este punto para algunas aclaraciones. En el año 1988 se estrena “Exilio”  y ese mismo año “Su cara mitad” queda finalista en el Concurso Letras de Oro de la Universidad de Miami. Con mi larga trayectoria como dramaturgo cubano, se desprendía lógicamente que alguna de las agrupaciones teatrales en manos de directores de mi propia nacionalidad, se interesara en la obra, pero ni Teatro Avante ni Prometeo en Miami, ni Repertorio Español en Nueva York se dieron por enterados. Como apareció traducida al inglés esto abría nuevas opciones y también se la propuse a “New Theater”, con su repertorio de obras en inglés, que no me hizo ni gota de caso. De esta manera la consigna de una dramaturgia sin escenario seguía vigente. A pesar de ser uno de mis textos más radicales, casi de izquierda, en Cuba, naturalmente, no se iba a estrenar.
 
Tengo que reconocer que quizás Miami no fuera el lugar idóneo para su puesta en escena, porque en su entraña es una obra independiente que no acepta componendas ni de un lado ni del otro. Pudiera no parecerlo, porque siendo un texto que se comenta a sí mismo, en una conversación telefónica, Raúl, el protagonista, dice: “Sí, yo creo que esta vez he dado en el blanco... ¡Figúrate! Trabajo me ha costado. Sexo, violencia, mariconerías. Lo que está de moda, ¿no?” Aunque la obra parte de un primer acto escabroso (Raúl, el dramaturgo, se acuesta con Bob, co-autor de “Su cara mitad”, y con la mujer de este, que dirige la obra, así como con Judy, la primera actriz y Sam, el que la produce), no deja de ser un comentario irónico sobre la sexualidad, que funciona como “gancho” que se desmiente ulteriormente. Tal es así, que en conversaciones con el director cubano Alberto Sarraín, que por lo menos leyó la obra, este, de haberla puesto en escena (cosa que afortunadamente no ocurrió) proponía sacarlo desnudo y hablando por teléfono, lo que hubiera, naturalmente, desviado la atención de lo que estaba diciendo. Advierto, de paso, para evitar malentendidos, que “ese” dramaturgo no soy yo, y no lo digo para hacerme el interesante, y que todo parecido con persona viva o muerta es pura coincidencia.

RECONOCIMIENTOS

La puesta en escena de “Teatro de las Américas” tuvo el acierto de reconocer que más allá de la “carnada” sexual del primer acto con su pentágono de la sexualidad había un choque de mayor monta. Como señala su directora, Christina Aerenlund, en la nota al programa, “la aculturación puede ser un proceso interno violento para aquel que, para sobrevivir y triunfar en otra cultura, tiene que adaptarse a formas de vida que le son totalmente ajenas. Requiere un ajuste interno en el que no sólo se integran las bondades de la nueva cultura, pero también se requiere negar mucho de aquello que nos define y nos hace quienes somos. Para quienes no han tenido la necesidad de ese reajuste, el proceso parece lógico y fácil. No obstante, la lucha interna que sucede cuando vamos contra todo lo que somos, para convertirnos en lo que creemos que queremos ser, es tan fuerte que nos perdemos entre la fantasía y la realidad”. El comentario no puede ser más preciso y equilibrado. Esto explica que el elenco optara por el final trágico que propone el texto y no favoreciera un “happy ending” en el cual Raúl, en lugar de meterse en tiro en la sien al encontrarse en un callejón sin salida, hiciera un comentario irónico ante todo lo ocurrido y se fuera a la cama con María, en la tradición de la década de los sesenta donde “hacer el amor” era la “solución” a todos los problemas.  Quizás hoy en día las cosas se tomen más en serio de lo que parece.

El trabajo actoral fue excelente y quizás se debiera a un pleno entendimiento del texto. Los actores, decididamente entusiasmados, lo conocen tanto o mejor que yo, como muestra una entrevista aparecida en el “Ventura County Star” donde Lourdes Solórzano, que hizo de Sara, observó: “I like this play because of the author’s writing style with all the characters. He gave each essential truth, what people are harboring internally… The climax of the story is our own self/discovery. A good play always leaves you asking questions and may even shock you. I feel this play has it all”. Este resentimiento que se va gestando parece ser la clave de la obra y el secreto de la actuación.

Hoy en día en que los autores no sabemos que harán los directores con las criaturas que hemos engendrado, tengo que agradecerle a “Teatro de las Américas” la fidelidad al original, que me permitió ver a mis personajes en escena del modo que yo los hice, a pesar de que cada actor también estaba dándole su propia vida, que se le iba en el papel y es el secreto de la actuación. En esta interacción entre el autor y los intérpretes no hay contradicciones. El texto pudo resistir con éxito un montaje de dos horas y media, sin hacerse de corre-corre para que todos se fueran a casita lo más rápido posible. Todo lo contrario. El monólogo de Raúl en el tercer acto requiere una técnica de desdoblamientos que es un reto interpretativo desgarrador y que Armando Rey llevó a cabo de forma impecable, sin contar el desarrollo previo que lo condujo a este punto. Lourdes Solórzano hizo una Sara que supo destilar hiel y enterrar el puñal de malas palabras con un refinamiento que daba gusto, sin faltar la estética gestual, con una saña que me hizo reconocer la altura de mi personaje. Ambos le dieron niveles trágicos, entremezclando violencia y sexualidad de alto voltaje. Por contraste,  Iríani Pellican tenía que restablecer un equilibrio dramático con un tono de frivolidad, farsa y alta comedia tradicional que la propia situación contradecía, pero que ofrecía una ruptura de la tensión. A Roberto Sánchez le tocó representar el “americano feo” y toda su gestualidad iba dirigida a poner de manifiesto el carácter chocante del personaje, que se hacía más efectivo gracias al acento del actor, que en este caso lo afianzaba. A Oscar Franco no le faltaron muy buenos momentos, aunque le resultó algo más difícil darle forma total a Bob, que por ser propuestamente el personaje más incoloro del grupo, obligaba a otro plano de actuación.

Llevar adelante un texto dificilísimo fue la muestra decidida de un trabajo actoral de peso, que no permitía caídas, y la espera de una dramaturgia que encontró escenario gracias a la dedicación de Margaret Cortese y todos su colaboradores, ciertamente valió la espera. El trabajo que realiza “Teatro de las Américas” tiene el valor adicional de que quizás la corresponda a los “community theaters” a lo largo y lo ancho de este país la realización de una tarea colectiva y un servicio al género dramático que en otros centros teatrales más espectaculares (Broadway, por ejemplo) han perdido no sólo su función estética sino también su contacto con el pueblo.
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Foto - IRIANI PELLICAN y LOURDES SOLORZANO EN "SU CARA MITAD"



 
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Re: «Su cara mitad» Estreno mundial en Oxnard (Puntuación 0)
por Anónimo el Wednesday, 15 March a las 08:56:23
Estimado Don Matías:

Reciba un afectuoso saludo.

¿Sería tan amable de proporcionarme alguna dirección de correo en donde tuviera la oportunidad de conversar con usted acerca de alguna de mis obras?

Quedo en espera de su gentil respuesta.

Su servidor

Alex Sciavo

alex_sciavo@hotmail.com


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