Menu
RSS

Photo by Ricardo Aguila

Por Luis de la Paz
Publicado por La Revista del Diario

No son pocas las veces que encontramos en el difícil mundo teatral a una suerte de hombre con múltiples tentáculos, capaz de ser el ente totalizador de una puesta en escena. Lo que sí no es frecuente es que ese surtido de labores conduzcan a buenos resultados. Un buen ejemplo de éxito, de armonía creativa, lo es Ernesto García, al que no se le puede indicar un título específico, pues es el director, musicalizador, diseñador de luces, vestuario, escenógrafo, coreógrafo, y desde luego también escritor de El celador del desierto, una pieza que se presenta en el Teatro Abanico. Con esta obra, El Abanico cierra sus puertas mientras busca un nuevo espacio. Así lo anunció Lili Rentería al finalizar la premiere del El celador..., echando un jarro de agua helada sobre los espectadores que ya comenzaban a acostumbrarse al local de Coral Gables.

Ernesto García, según ha expresado, ha estado laborando en esta pieza desde 1996, lo que le ha permitido pulirla hasta en los más mínimos detalles, ofreciéndole al público un espectáculo plásticamente gozoso, donde todos los elementos teatrales se entrelazan brindando una pieza visualmente bella. Sin embargo, el hilo conducto, el texto, resulta lo más frágil. Quizás por pretender ser demasiado abarcador en sus planteamientos, se pierde en un aquelarre de símbolos trillados que no conducen a ninguna parte. Queda, eso sí, cierta poesía en el lenguaje y una atmósfera inquietante.

Sobre esta base, García estructura un montaje con matices futuristas. De la humanidad, tras una hecatombe, aparentemente no queda mucho. La obra abre con el estruendo de un bombardeo devastador, que da paso a una euforia sonora –tal vez demasiado larga- que brota al ritmo de una frenética danza. Luego se inicia una narración aparentemente convencional donde una mujer, Magdalena (Grettel Trujillo), huye tras asesinar a sus poderosos suegros, en un lugar no especificado. En su intento por escabullirse de los perseguidores se adentra en el desierto donde se encuentra con Senil Lengüita (Sandra García), una mujer que ha vivido más de dos mil años y que dice conocer de los tres símbolos de la vida: pasado, presente y futuro. En ese momento se pierde lo anecdótico de la narración y se pasa a un plano onírico, desatando un frenesí de emociones en la relación entre estas dos mujeres.

Este cambio estructural presupone una razón que este comentarista no alcanza a distinguir. ¿Por qué abrir con lo tradicional –con claras referencias a piezas clásicas-, para luego adentrarse por un laberinto casi mágico? Modestamente, creo que la secuencia explicando el asesinato y sus razones sobra. Tan es así, que no se vuelve a retomar en el resto del espectáculo.


Pero si el gran aliento de El celador del desierto lo es Ernesto García, el alma que la conduce a su mayor esplendor son Sandra García y Grettel Trujillo, dos grandes actrices, que ejecutan con maestría un difícil y exigente trabajo en el escenario.

Ellas se acompañan de Christian Ocón, Luz Beatriz Ewing y Abel Cruz –Las Auras-, quienes forman parte de la coreografía y de la magia visual de este excelente montaje.

Si me viera precisado a definir de una manera concisa esta obra, diría que es un tour de force a dos voces, un angustioso mano a mano entre dos brillantes actrices, en una alegoría futurista, exquisitamente iluminada y animada por una música inquietante.
El celador del desierto, es una de esas obras que pocas veces tenemos la oportunidad de ver en Miami. Vale la pena adentrarse en ese desierto.
_______________
Apunte: El celador del desierto es una producción de Abanico Productions y Teatroenmiami.com, Teatro Abanico, 22 Giralda Avenue, Coral Gables, 305 448 1100

Julio - 2003

Culturales

Locales

TEMS en la Web