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Photo by Ricardo Aguila

NORMA NIURKA

Especial/El Nuevo Herald


Ernesto García es un músico que ama el teatro y a quien encontramos a menudo aportando su talento multifacético en puestas en escena de distintos grupos. También es el creador de una estupenda revista teatral en Internet, que publica por amor al arte con información local e internacional y un diseño impecable.

Ahora, con El celador del desierto, presentada en el Teatro Abanico, realiza su primera incursión aquí como autor y director; además de componer la música y diseñar las luces de la puesta en escena.

La pieza es una exploración filosófica, un poema lírico que pasa revista a la humanidad con un lenguaje que nos remite en ocasiones al teatro clásico. Ante una aparente hecatombe universal dos personajes desarrapados quedan a solas y se confrontan mediante metáforas que buscan un significado de los errores cometidos. El autor juega con la fórmula del maestro y el discípulo y los enigmas por resolver, para tener oportunidad de ofrecer ciertas respuestas, hasta que llega al clímax deseado, la trasmisión de conocimiento, el relevo.

La puesta en escena de García tiene un fuerte aspecto visual que la hace cinematográfica. A cámara negra, los personajes se funden con la negrura del escenario y parecen almas en pena que vagan por el desierto en busca de la ciudad perdida. Algunas imágenes recuerdan Fando y Lis, de Fernando Arrabal y alguna cinta de Alexander Jodorowsky. La iluminación, el sonido y, sobre todo, la música, juegan un papel muy importante en el montaje de García, y éste hace gala de sus conocimientos técnicos. Desde el mismo instante en que una gran explosión anuncia la catástrofe que inicia la obra, estos elementos se hacen dueños del escenario. Por una parte resulta grandioso y, por otra, puede ser abrumador.

Sin dos actrices de la talla de Sandra García y Grettel Trujillo, la puesta en escena tendería a ser una exposición de efectos demasiado fuerte. Pero el director cuenta con ellas para bajar los humos del espectáculo y compartir la atención con la esmerada interpretación.

La confrontación constante entre estas dos trashumantes es intensa y la relación entre las actrices, envolvente. El singular maquillaje de Jorge Freire dota a los personajes de una intemporalidad adecuada al texto. Este montaje es teatro de arte hecho por artistas (en el verdadero sentido de la palabra: creadores).

García confiere autoridad al personaje que interpreta Sandra, una anciana andrajosa que habla en clave mientras arrastra un carromato (que es una obra artesanal) por el desierto. El trabajo corporal de la actriz nos hace sentir el peso de los años de la anciana, así como el de su sabiduría; su repetido gesto de pedir monedas para revelar sus secretos sacando desmesuradamente la lengua es un toque sorprendentemente humorístico del personaje.

Grettel Trujillo, a quien admiramos en El enano en la botella, vuelve a vestir harapos y desfigurar su rostro y cuerpo como en esa obra (la única en que la hemos visto aquí), en pro de una Magdalena en apuros que se encuentra a la anciana en el desierto.

Este encuentro, nada fortuito según la especulación del autor, la transformará, de una horrorizada mujer que huye de la muerte, en la prolongación de la anciana, en la búsqueda de su destino.

El monólogo final de Trujillo es lo más bello del texto. La actriz lo entrega con excelente equilibrio entre la sensibilidad y la vehemencia. Christian Ocón, Luz Beatriz Ewing y Abel Cruz participan como las ''auras'' y apoyan la producción con sus apariciones. La abrupta escena de los cuerpos desnudos paseándose largamente no resulta coherente con el resto del montaje, como si le faltara ensayo.

La producción está a cargo de Sandra García y Lili Rentería y si uno lee lo adjudicado a cada cual en el programa de mano se da cuenta de que el matrimonio formado por Sandra y Ernesto García ha trabajado sin descanso. Ha sido provechoso, pues con esta pieza nace para nuestro público un teatrista completo.

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''El celador del desierto'' se presenta de viernes a domingos en el Teatro Abanico, 22 Giralda Ave., Coral Gables. Información: (305) 448-1100.

Fuente: El Nuevo Herald

Julio - 2003

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