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Photo by Ernesto Garcia

Por Jesús Hernández – El Diario Las Américas

La marcha inevitable del tiempo, la soledad, el egoísmo e incluso la frustración, son temas recurrentes en el teatro. Elementos que Ernesto García hilvana con sutil naturalidad para escribir El reloj dodecafónico. Pieza que lleva a escena, dirige y concibe hasta el más mínimo detalle en la sala Teatro en Miami Studio en estos días.

 

Doce son las horas que anteceden al cumpleaños 65 de una mujer que fue excepcional en sus días. Doce desesperantes horas que el autor plantea como el ocaso final que sólo la conduce a esperar la muerte. Caracterización que el autor combina con la de una madre soltera que no sabía qué hacer con el hijo que accidentalmente había engendrado. Doce horas que van resonando una tras otra, como los doce tonos de la música atonal. Referencia que explica el significado del título de la obra.


Ernesto, de quien hemos visto El celador del desierto, Sangre y Aromas de un viaje, recurre a la metáfora, el diálogo recurrente y algún que otro guiño a la poesía, que siempre aplica en sus textos, para contarnos la historia de esta mujer que se aisló del mundo, al mismo tiempo que obligó al hijo a encerrarse con ella por los 20 años que anticipaban el fatídico cumpleaños 65. Un presunto escritor de teatro, minusválido e incapaz, que disfruta el éxito de su obra sin verlo.

Un tercer personaje, nombrado Puta, resulta ser el único punto de contacto con el exterior. Un personaje igualmente dudoso, que sospechosamente admira a Madre y se relaciona con su vida y final, e incluso recibe retribución monetaria para entretener a Hijo.

Combinación de situaciones que va en ascenso y enfrenta a unos contra otros, hasta desentrañar secretos y verdades que reafirman lo que ya sabemos sobre la marcha inevitable del tiempo, la soledad, el egoísmo y la frustración. Representación que corre paralela a la de otras tres figuras aparentemente ocultas. Son Átropos, Cloto y Láquesis, los tres clásicos moiras de la mitología griega, o parcas en la romana; que asignan el destino, deparan suerte y desgracia.

Ernesto concibe la escenografía en medio de la oscuridad que sugiere las ventanas y puertas tapiadas. Una máquina de escribir descansa sobre un escritorio. A un lado está el diván, el típico sofá sin respaldo, que Madre usa como lecho de descanso. Un tablado, ingeniosamente concebido con cajones, corre sobre la parte posterior del escenario y se extiende como pasarela escalonada sobre el lado derecho. El primero sirve para resaltar el dramatismo de algunas escenas importantes, como la genial delineación de la circunferencia de un reloj y la aparición momentánea de Madre joven, interpretada por Mercy Jiménez. El segundo tablado representa la dimensión dada por las traviesas parcas, a donde Madre debería “entrar” al cumplir 65 años y esperar la inevitable muerte.

Ernesto además concibe el concepto de las luces, maquillaje, peluquería, vestuario música y fotografía. Un prácticamente todo que lleva su firma absoluta y que también responde a la necesidad de convertirse en hombre orquesta para aliviar gastos.

Ernesto cuenta con un elenco que se nutre de la escuela taller que imparte su esposa y actriz Sandra García. Un elenco de actores que son asimismo ayudantes incansables. Sandra García es Madre. La implacable madre y temerosa mujer. Interpretación que domina con sentido dramatismo e inyecta con patetismo en algunas ocasiones. Hijo, que es interpretado indistintamente por Carlos Bueno o Javier Cruz, lleva la cruz a cuestas. Una cruz que tiene forma de muletas y le ayuda a llevar su pie derecho a rastras. Interpretación muy bien defendida por Javier, quien actuó la noche del sábado.

Photo by Ernesto GarciaDe igual modo, la interpretación de Puta es alternada por Lis Nicot o Marcia Stadler. Otra complicada tarea de sucesión que resalta la labor del director. Caracterización que debe proyectar sensualidad, arrogancia e inestabilidad, y que, teniendo en cuenta la aún ascendente carrera actoral de la intérprete, es satisfactoriamente personificada por Marcia.

Christian Ocón, Anniamary Martínez e Ivette Kellems llevan muy bien al trío de Átropos, Cloto y Láquesis respectivamente. Valor agregado que no solo trae la ocurrencia que contrapesa con el dramatismo que exhibe el texto, sino, además, denota una atractiva representación respaldada por la fluidez de las escenas, el maquillaje y la vestimenta.

Un inesperado y dramático desenlace, importante y previo al muy esperado final, parece menoscabar el efecto demoledor de la hora 12. Efecto que, en mi opinión, debiera recaer en el muy buen uso de las luces que Ernesto García nos tiene acostumbrado.

Hay escritores, dramaturgos y directores, y Ernesto es un director sobresaliente. Alguien que sabe llevar a escena sus textos y engrandecerlos con un lenguaje visual muy atractivo.

El reloj dodecafónico
Teatro en Miami Studio
2500 SW Calle 8, 2do. piso, Miami
Viernes y sábado 8:30 p.m.
Telef. 305 551 7473
No apta para menores.
www.teatroenmiami.org

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QUE: EL RELOJ DODECAFÓNICO (Estreno Mundial)
VER VIDEO - http://www.youtube.com/watch?v=yloIfjO6GQs
Más información – www.teatroenmiami.org
CUANDO:  Viernes y Sábados – 8:30 pm
DONDE: Teatro en Miami Studio – 2500 SW 8 St (2do Piso)
Aforo Limitado para reservaciones llamar al 305. 551. 7473

 

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